VEINTIDOS 🍀

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Narradora omnisciente

Por la cabeza de Isabella pasaban mil cosas. Mil recuerdos de cuando hizo esto mismo, pero esa vez casi y no vive para contarla...

Mientras los doctores detenían la pequeña hemorragia en el brazo de ella, Marco caminaba de un lado a otro sin saber que hacer. ¿Traicionar su palabra y avisarle a los papás de Isabella y a su cuñada, o serle fiel a su muñequita y quedarse con ella solo él? Él nunca traiciona sus promesas. Ya vería como le hacía él solo, aparte de que en su cabeza tenía la idea de que Isabella estaba donde estaba y como estaba por su culpa. Y en gran parte era cierto, pero no del todo.

Los doctores terminaron de vendar la muñeca de Isabella y de ponerle el suero en la intravenosa. Ya solo quedaba esperar a que despertara de su desmayo. Desmayo en el cual llevaba ya una hora sumergida.

Marco estaba sentado en la sala de espera con los brazos apoyados en sus rodillas y las manos restregando su rostro cuando escuchó pasos acercándose hacia él. Entonces levantó la cabeza y vió al mismo doctor que atendió a Isabella cuando llegó, llegar hasta donde él estaba. Rápidamente se paró de su lugar y dijo:

—Doctor, ¿cómo está mi mujer? —preguntó frotando sus manos sudorosas en sus pantalones. Estaba muy nervioso.— ¿ya despertó?, ¿puedo pasar a verla?

—Tranquilo, señor. Su esposa esta bien, solo perdió un poco de sangre pero ya se le introdujo lo que perdió —Marco asintió y una pequeña sonrisa apareció en su cara al escuchar como llamó a Isabella: su esposa. Y es que cuando la ingresaron, un rato después una enfermera vino a pedir sus datos y ahí preguntaba quien estaba con ella, y él puso que "su esposo". Salió de sus pensamientos cuando el doctor continúo hablando.— algo que se nos está haciendo extraño, es que no haya despertado ya del desmayo. ¿Sabe si sufre de alguna condición como ansiedad, depresión, ataques de pánico, insomnio, presión alta o anemia?

Marco frunció el ceño, ¿como iba a saber él todo eso? No lo sabía, así que contestó con honestidad.

—No sabría decirle doctor —el doctor lo miró raro.— llevamos poquito tiempo casados y conmigo nunca a padecido de eso. Ella no me a dicho que los tenga.

El doctor asintió.

—Bueno, cuando despierte se lo preguntaremos. Si gusta puede pasar a verla, aunque no creo que ella despierte hasta dentro de una hora más.

"¿Tanto?" Se preguntó Marco. Pero después asintió, y siguió al doctor hacia la habitación donde estaba ella.

Cuando entró a la habitación, Marco vio a su güerita recostada ahí, pálida y sin su sonrisa tan característica de ella.
Caminó hacia ella y tomó su mano sana.

—Ay muñequita, ¿por qué te hiciste esto...? —susurró para que solo él y ella escucharan. Aunque ella estaba aun desmayada.

—Bueno, señor. Lo dejo con la señorita, cualquier cosa le pica al botoncito ese —apuntó a un botón que estaba a un lado de la camilla. Marco asintió.— y nos encargaremos de venir en seguida. Compermiso.

—Gracias, doc.

El doctor salió de la habitación y Marco tomó asiento en un banquito que había ahí.

—No mames, Isa. ¿Cómo le haré para olvidar esa escena donde estabas a nada de desmayarte en mis brazos y ensangrentada? —preguntó recargando su cabeza en la panza de ella.

Él ya no habló, solo se quedó ahí pidiéndole a Dios y a los Santos que despertaran a su muñequita.

Se estaba quedando dormido por el cansancio físico y mental que estaba teniendo. Ya que se le juntó el ver a un amigo que fue muy importante en su vida casi ahogado. A otro de sus "amigos" ser un hijo de la verga egoísta, que prefiriendo ganar una mamada insignificante a ayudar a el que también llegó a ser su amigo. Luego los reclamos de su cuñada y luego lo que pasó con su muñequita, y el pensar que fue su culpa lo estaba carcomiendo por dentro, acabando con él así.

𝙉𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙩𝙚 𝙙𝙚𝙟𝙖𝙧𝙚́《𝙈𝙏》Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora