VEINTITRES 🍀

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Los tres nos tensamos por la presencia y voz a mis espaldas. Era Marco.

Le pedí ayuda con la mirada a Kevin. Yo no quería hablar.

—¿Les comió la pinche lengua el ratón o qué verga?

Kevin por fin reaccionó y solo se rió para intentar disimular la incomodidad.

—No, no, carnal. Qué pasó pues.

—Entonces, ¿quién utiliza a quién?

Ana intervino.

—Estabamos hablando de una serie que estamos viendo los tres, cuñado. Ahí el tipo protagonista utiliza a muchas... mujeres, pues.

No vi que cara puso Marco, yo seguía dándole la espalda.

—¿Si, Isa?

¿Cómo se atreve a hablarme si quiera, y así cómo si nada pasara? Neta que este hombre no tiene remedio.

Pero yo no dejaré que sienta que tiene poder sobre mi.

—Sí.

Así. En seco.

Los cuatro nos quedamos callados. Y Ana como siempre que siente tensión e incomodidad, intenta cambiar de tema.

—Bueno, ¿ya hay que entrar, no? Nadamás estábamos esperando al cuñado y ya llegó.

Todos asentimos y comenzamos a caminar. Ana sujeta del brazo de Kevin, yo atrás de ellos, y Marco atrás de mi con el teléfono. No lo vi, pero lo supongo por como camina de lento.

Los tacones me dificultan un poco el caminar porque hay un pequeño camino de piedritas que llevaba a la entrada, y se me entierran ahí.

Para cuando acordé y por ir viendo mis pies, me fui un poco de lado porque un pendejo pasó por mi lado y ni cuenta se dio de que me empujó.

Si no fuera por la mano que me sostenía fuerte de la cintura me hubiera muy probablemente, caído.

Cuando me incorporé bien, intenté quitar esa mano de mi cintura, pero el agarre se hacía más fuerte. Sé muy bien a quien pertenece esa mano.

—¿No te lastimaste el tobillo?

—No. Y gracias por la ayuda, pero ya me puedes soltar.

Y por primera vez en la noche y en una semana, volteé a verlo. De arriba a abajo analizándolo.

Se miraba realmente guapo de traje y peinado de lado.

—Cierre la boca mija, se le van a meter las moscas.

Y así lo hice. Intenté hacer como si eso no hubiera pasado e ignorar el rubor en mis mejillas e intenté caminar de nuevo pero aún era complicado.

—Déjame ayudarte, no seas mula mujer chinga'.

Y se pone sus pinches moños el muy cabroncito. ¿Neta cómo le hace para hacer como si nada pasara?

—No es que sea mula, Eduardo. Es que tú y yo tenemos un trato que cumplir.

—No, María. Yo te dije que lo aceptaba, más no que estaba de acuerdo. Esta semana te dejé que pensaras las cosas, que procesaras las cosas como tu querías. Me alejé de ti en contra de mi voluntad, pero ya me cansé de esta puta ignoradera de parte de los dos, son mamadas ya.

Entramos al salón, yo agarrada de su brazo para el equilibrio según.

—Ya cállate, Marco. No quiero alegar aquí. Y ya hazte para allá a la roña.

Nomás miré como entrecerro los ojos mientras yo me alejaba de él y caminaba a la mesa donde ya estaban muy sentados Ana y Kevin. Eso sí, no estaban solos. En la misma mesa estaba Doña Vero, Don Baldo, Mayve y Paul, Gail y Brianda y quedaban dos asientos por un lado de Ana y Kevin.

𝙉𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙩𝙚 𝙙𝙚𝙟𝙖𝙧𝙚́《𝙈𝙏》Donde viven las historias. Descúbrelo ahora