Un mes y medio había transcurrido en este lugar abandonado por la gracia de cualquier titan.
El tiempo ciertamente no había sido misericordioso con nosotros, usurpó nuestra fe de que Papá volvería en algún momento y todo mejorase. Creo firmemente que siempre fui un niño triste y arisco, pero ésta situación simplemente me había mantenido anonadado. Podían pasar un par de días antes de sentir alguna emoción que no fuera un contundente vacío en mis entrañas, al menos al principio de todo ésto. Papá era una figura no sólo de autoridad para nosotros, sino que fue nuestro mentor y guía desde que tenemos memoria, el solo hecho de pensar que él pudo fallar a pesar de su inteligencia, fuerza y experiencia solo me hacía titubear al contemplar lo incompletos e indefensos que nos encontrábamos, a la deriva en un mundo que no comprendemos y con nulas posibilidades de hacer frente a peligros mayores. Yo era un cobarde, durante todo este tiempo había huido a leer sus diarios y darme cuenta del profundo pozo de mierda que era nuestra vida realmente, incluso llegué a pensar que éramos solo marionetas de algo más, pero al final no encontraba el valor para comprobarlo.
Era imperativo para mí hallar una forma de distraer mi cabeza para no sucumbir a tontos fatalismos, y así fue que encontré un pequeño refugio mental en el búnker. Trabajar ahí hacía todo esto más digerible, me daba un propósito y una recompensa personal que sostenía por momentos mi lamentable estado psicológico.
Pasaba las horas leyendo abajo con Ken, y otras más entrenando arriba con él, a veces lo hacía en solitario. Nuestra relación era ciertamente lejana, nos queríamos, pero jamás fuimos del tipo de hermanos que permanecen mucho tiempo juntos o conversan todo el tiempo. Me preguntaba si siempre fue así, o fue mi aislamiento y sus viajes al pueblo lo que acabó por distanciar nuestra relación.
Dentro del laboratorio mis ansias de conocimiento crecían mientras nutría con los libros todo lo que sabía acerca de crear armas. Honestamente los enanos eran increíbles forjadores de cualquier cosa, no solo utensilios bélicos, pero por alguna razón la balística y la creación de instrumentos para el combate eran lo que me fascinaba, ¿será cosa de humanos?
Era cierto que el sótano no era una fragua, pero me contentaba con la libertad de hacer ciertas cosas. Pese a todo lo que pasaba por mi mente, intentaba no recaer, ciertamente creo que había adelgazado un poco.Pero bueno, siguiendo con la idea de ser un ratón de laboratorio como mi hermano, recientemente había realizado esquemas y prototipos de algunas cosas. Incluso había adquirido la fórmula de un químico reactivo que era sumamente inflamable, era increíble pensar que el agua solo reaviva sus llamas, ¿cómo podía existir algo tan poderoso? Y encima en manos de un adolescente.
Sin embargo, muy para mí vergüenza como inventor, la mayoría de los prototipos y artilugios que imaginaba se quedaban en mi cabeza. Tal parecía que no era capaz de concentrarme en concluir algo sin empezar otra idea de la nada, lo cual si me lo preguntas, era decepcionante si me comparaba con mi hermano.¿Me frustraba eso? Realmente no, mi objetivo al final lejos de cualquier otra cosa era ocupar mi cabeza.
Mi último prototipo que salió del papel respondía a algo similar a los planos de mi hermano sobre su "navaja escondida". Podía ver con claridad que tener un cuchillo oculto resultaba poco práctico para un combate frente a frente, así que decidí realizar una especie de arpón dirigido por mecanismos de señas. Este innovador cachivache podría ser eyectado a propulsión para apuñalar cosas a distancia y atraerlas, o caer como un arma cortopunzante a corta distancia.
Por ahora solo había podido lograr un látigo oculto básicamente, pues se me había hecho una tarea titánica el maquinar un mecanismo de disparo lo suficientemente eficaz y ergonómico. Creo que ahora podía entender mejor a mi hermano cuando se veía estancado. Solté un pesado suspiro y comí los duraznos que había bajado del refugio como pasabocas, finalmente tomando la decisión de irme a la superficie a descansar.
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Athreia
FantasyEn los rincones más profundos de Athreia, donde los árboles susurran secretos y las estrellas guardan memorias ancestrales, dos hermanos, Robert y Ken, se embarcan en una travesía que los sumergirá en las sombras olvidadas. Aislados de su hogar, a l...