En ocasiones, tal vez más seguido de lo normal, Tom añoraba aquellos cálidos momentos de su niñez, cuando nadie tenía el derecho de juzgarlo, pues apenas era crío que empezaba a aprender que era sentir, era normal equivocarse. Ahora todo era tan diferente. Ya no tenía aquellos brazos que, cuando lo estrechaban, provocaba en Tom esa serenidad de la cual tanto carecía ahora.
Porque si se equivocaba, Tom tenía la certeza de que ella estaría ahí para apoyarlo.
Conforme fue creciendo la vida empezó a ponerse aún más difícil, iniciando desde el momento en el que aquellos brazos dejaron de estar para él, seguido a lo difícil que era arriesgarse por algo a lo que amabas, pero era tan peligroso.
—Cuanta falta me haces, mamá.
—¿Decías algo? —preguntó Erik, su compañero, que llegaba con una taza de café en la mano.
—N-No, no es nada, solo estoy hablando solo. —Tom observó a su colega algo dubitativo mientras este tomaba un sorbo de su taza—. ¿De dónde sacaste café?
—Mmh. —Dió un sorbo—. Ya por fin arreglaron la máquina de café, ¿no es genial?
—Oh, mierda.
—¿Todo bien, colega?
—¿Qué? —Tom reaccionó inmediatamente—. Quiero decir que me hace muy feliz, ya no tenemos que turnarnos por ir a por café. Je, je.
—¿De verdad estás bien?
—Sí, no te preocupes, todo está bien.
Todo estaba mal.
La única excusa que tenía para ver a Jake se había ido por completo. Pues al menos verlo y escuchar su voz lo hacía tan feliz. Verlo en esa faceta de mesero superaba cualquier fantasía que podría haber imaginado nunca, claro que no diría eso en voz alta.
Se sentía tan absurdo, pues la única manera de poder acercarse a Jake ya no era posible.
No quería ser paranoico, pero estaba seguro que sí arriba había un Dios, a Dios le caía muy mal.
Aunque si lo pensaba bien, aún le quedaban un par de cosas de Jake en si departamento, quizás podría llevárselas de una en una para así poder verlo.
Dios le dió una pequeña sonrisa, ahora veía con más claridad.
Se tentó bastante a quedarse horas extras, muy tarde, probablemente cuando nadie más estuviera, solo él y esa cafetera. Cuando estuviera seguro de actuar, Tom se aseguraría de que a la cafetera le pasaran cositas feas. Aunque el miedo a ser descubierto y perder su empleo detuvieron sus fantasías por completo. Solo le quedaba resignarse a vivir de esta forma.
Quizás solo debía aceptarlo.
***
Llegó a casa exhausto y devastado, justo como lo hacía últimamente, pero esta vez mucho más devastado y miserable que otras veces. Empezando con la estúpida máquina, la cuál había provocado en él sentimientos anormales al tratarse de una simple máquina cafetera. Seguido de esto estaba la puerta, pues desde la vez que Jake se había ido furioso del lugar azotó con una fuerza inmensa la puerta que ahora no cerraba bien. Vivía con el miedo constante de que un ladrón llegará a su casa, pero eso no ha pasado, al menos no ahora.
Quizás una persona normal estaría enojada por la situación de la puerta, pero con Tom era lo contrario, no era normal las horas que había pasado llorando a causa de una puerta. Cada vez que veía esa puerta no podía evitar recordar aquel día en el que había dejado ir al amor de su vida, esto en palabras de Tom.
Lo más extraño de la situación y lo que lo inquietaba sin manera era que, a pesar de extrañarlo tanto, no se dignaba a ir a buscarlo, no después de aquella humillación en la pastelería. Quizás algo dentro de el sabía que lo había perdido para siempre, y que razón tenía, pero parecía que nadie le había notificado a su corazón, pues muy en el fondo aún sentía un poco de esperanza.
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Mi Lugar Correcto [Pausada]
Fiksi PenggemarLa vida le jugaba mal a Jake desde que el campamento terminó. Todo fue a peor cuando se vió obligado a dejar la casa de sus padres. Cuando menos lo esperaba la vida decidió darle aquella oportunidad que tanto anhelaba. ¿Pero lograría no echarlo a p...
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