Volvimos, mis queridos lectores. Volvimos al ruedo.
Levanto mi cuerpo del suelo y comienzo a alistarme con más profundidad, lavo mi rostro y perfecciono retocando algunas zonas oscuras con maquillaje.
Saco de abajo del cajón de la mesada del lavado un cuchillo afilado de hace algunos días, con alguno que otro rastro sucio de un ya mencionado homicidio. Lo limpio con un paño mojado y lo coloco detrás de mí.
Salgo del baño y, como de sorpresa, mi doncella ya estaba a medio desvestir, solo tapando su ser con aquellos trapos rojos. Mi erección es notable; soy hombre de pocos sentimientos, pero de muchos deseos carnosos.
Me acerco a ella y beso lentamente su cuello, acaricio su brazo y, poco a poquito, saco de encima de ella el vestido rojo que tanto le pedí para mí. Beso sus labios con lentitud y acaricio con delicadeza su zona baja, mientras ella gime apenas por el roce.
Beso su cuerpo mientras bajo para besar su zona; son más evidentes sus gemidos, más jadeante y más sensual. -No te enamores del cordero- me repite Miguel.
Saboreo con ganas y lamo cada parte mientras ella grita de placer; paro y observo cómo ella queda mirando en suplicio de más. Bajo mis pantalones y dejo notar mi ya erecto miembro; me acerco y me introduzco en su ser. En cada estocada sus gritos son más y más, tanto que debo parar para poder ir más lento y no terminar; me tiene loco, desenfrenado de querer más.
Salgo de ella y coloco mis dos rodillas encima del colchón, levanto su rostro y le ordeno sin hablar que se siente y me deje disfrutar por última vez sus labios en mí. Con deseo me mira y se relame los labios por lo bajo; me deja morder sus labios antes de posicionar mi erección en su boca. Da estocadas profundas y con su lengua acaricia con delicadeza mi corazón. -¡Que no te enamores, joder!- repite Miguel.
Las estocadas son más rápidas y profundas; ya no aguanto y termino dentro de ella. Traga sin pudor lo que podrían ser mis progenitores y me regala una pequeña sonrisa. Levanto su rostro y beso con escasez sus labios.
Saco detrás de mi remera el cuchillo y lamento el actuar, pero corto en un desliz su cuello, hasta ver derramar todo encima de mí.
-Lo lograste, lo lograste, Francisco-.
Observo la escena mientras, chorreante, cae la sangre sin parar, cayendo en todas las direcciones, inundando la habitación. Un dolor me invade y me dejo llevar; esto ya fue demasiado para mi tonto y enamorado corazón, que lamenta la pérdida de un posible amor.
Dejo que me invada el dolor de la tristeza perdida y el sonido se aleja, mientras la televisión se hace más fuerte, y me dejo desvanecer...
Y aquí estamos, no sin antes ver toda la escena que Francisco tuvo que manipular. Me siento cansado por tanto, pero listo para rescatar a mis niñas; las despego con cuidado de ella y me alisto para bañar. Las coloco junto a mí en la bañera y las acaricio con el anhelo que tanto guardé, al fin...
-¡AL FIN! Mis hermosas niñas, mis bellezas, ya son mías- gritó por la emoción.
Las toco y las retoco con jabón espumoso, las acicalo y las junto hacia mí. Comienzo a calentarme por lo excitante que es tenerlas y verlas; mi erección es notoria y decido al fin ponerlas encima de mí. Las ayudo a moverse de arriba a abajo y les enseño dónde tocar; las beso con profundidad y huelo cada centímetro de su ser. No aguanto y, en cuestión de segundos, solo termino en ellas, dentro de ellas, dentro de lo que alguna vez pueden ser nuestros hijos.
Y descanso ahí, en la bañera con agua caliente y junto a lo más preciado de mi vida.
"Aquellas dos hermosas niñas que tanto se hicieron desear..."
Luego de una hora y media puedo levantar mi entumecido y arrugado cuerpo; acerco una toalla para cubrir a mis pequeñas y camino desnudo junto a ellas hasta mi habitación, donde puedo colocar otra toalla para mí.
El día sigue resplandeciendo y decido bajar a nuestro almuerzo, ya vestido con otro traje y zapatos de charol, zapatos que con suerte no me fueron manchados.
A mis niñas las decoré con un vestido pegado color rojo fuego y les acomodé el cabello con su color pelirrojo; decoré sus cuellos con argollas finas y agregué accesorios a sus manos.
Ya en la mesa principal, las coloco y les pido un momento para poder cocinar el plato principal.
Voy a la habitación y corto la cabeza del ciervo rubio; me acerco a la cocina y en una olla con agua hirviendo la coloco. Ya pasados unos veinte minutos, me dispongo a despellejar y deshilachar los pelos: pinzas, cuchillos, todo para arrancar lo que no sirve.
Luego de ya cocinarlo, me encargo de darle una horneada con papas recién cortadas; busco en la nevera un sazón de asado y decido echarle para agregarle sabor.
"AL FIN..."
Ya terminado de cocinar, me acerco a la mesa para poder agregar el plato principal, cortar unas rodajas para mis niñas y unas rodajas para mí.
— Los ojos son los más ricos —comentó, pero sus silencios siguen siendo notorios.
Agarro uno para mí y uno para ella, pongo un poco de ensalada rusa y cargo nuestras copas con más vino.
— Ahora sí podremos disfrutar aún más de lo que tanto anhelábamos, mis amores. Ya somos parte de una hermosa y, próximamente, gran familia; ya somos parte de una liga de descendientes coronarios —digo sin pudor y sigo comiendo nuestro sazón.
— Acá la vida es un tanto tranquila por demás, pero ahora que estamos juntos, nada de eso seguirá pasando. Pondremos melodías que resonarán constantemente, remodelaremos cortinas y trataremos de que entre más luz sin que nadie vea desde afuera, pero nosotros sí, desde adentro —. El silencio sigue siendo algo que destacar.
¿Será que es mucho o simplemente siguen avergonzadas?
— Está bien, si para ustedes es mucho, podemos acomodarnos y dejar que sea un tanto más liviano: tonos más delicados, algo más tranquilo, lo que ustedes gusten... —aún había silencio y mi ser se estaba descontrolando—. ¿No lo creen? —
Con furia y descaro comienzo a tirar y estampillar todo por todos lados; grito de la angustia y la exaltación del momento. Cubiertos y platos resuenan contra el piso y las paredes...
— ¡Qué sucede! ¡Qué hice mal! Las vi cómo me miraban todo este tiempo. ¿Acaso no es suficiente? —gritó en reclamo, pero sigue siendo el silencio una respuesta contundente.
Con más euforia y dolor sigo revoleando, cual niño pequeño, todo lo que encuentro a mi paso. Se escucha cómo todo se rompe y todo queda manchado; en un desliz y en la rapidez del momento, termino golpeando a una de mis mellizas. Quedo en shock...
— Perdón, lo lamento, ¡no fue mi intención! —entre sollozos la recojo y la poso sobre mi pecho.
-¿Nos hemos convertido en padre o somos peores que él?- avisa sin descaro Francisco.
Aunque hoy por fin terminamos nuestra gran misión, nuestro plan, nuestro gran encuentro, nuestro más esperado deseo de amor eterno.
La sensación del dolor y los dolores de años son como agujas que perforan cada centímetro de mi corazón, intentando que este quede vacío...
Bienvenidos a y gracias por leer.
Recuerden:
Nada de esta historia es real y no debe de tomarse como referencia, disfruten de la magia mental para vivir historias a través de nuestra mente🖤
Espero con ansias en los comentarios sus críticas constructivas.🤍
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~ Almas Gemelas ~
ActionSINOPSIS ¿Qué ocurre cuando el amor se mezcla con la obsesión... y la mente deja de ser un lugar seguro? A lo largo de una historia cruda, inquietante y profundamente psicológica, seguimos la voz de un protagonista que no solo enfrenta sus propios a...
