~ Capítulo 11 ~

24 4 0
                                    

Volvimos, mis queridos lectores. Volvimos al ruedo.

Levantó mi cuerpo del suelo y comienzo a listarme con más profundidad, lavo mi rostro y perfecciono retocando algunas zonas oscuras con maquillaje.

Saco de abajo del cajón de la mesada del lavado un cuchillo afilado de hace algunos días, con alguno que otro rastro sucio de un ya mencionado homicidio. Limpio con un paño mojado y lo coloco detrás de mí.

Salgo del baño y como de sorpresa mi doncella ya estaba a media desvestir, con solo tapando su ser con aquellos trapos rojos, mi ereccion es notable, soy hombre de pocos sentimientos pero de muchos deseos carnosos. Me acerco a ella y beso lentamente su cuello, acaricio su brazo y poco a poquito saco de encima de ella el vestido rojo que tanto le pedí para mí. Beso sus labios con lentitud y acaricio con delicadeza su zona baja, mientras ella gime apenas por el roce. Beso su cuerpo mientras bajo para besar su zona, son más evidentes sus gemidos, más gadeante y más sensual, -No te enamores del cordero- me repite Miguel. Saboreo con ganas y lamo cada parte mientras ella grita de placer, paro y observo cómo ella queda mirando en suplicio de más. Bajo mis pantalones y dejo notar mi ya erecto miembro, me acerco y me introduzco en su ser, en cada estocada sus gritos son más y más, tanto que debo de parar para poder ir más lento y no terminar, me tiene loco, desenfrenado de querer más. Salgo de ella y coloco mi dos rodillas encima del colchón, levantó su rostro y le ordeno sin hablar que se siente y me deje disfrutar por ultima ves sus labios en mí. Con deseo me mira y se relame los labios por lo bajo, me deja morder sus labios antes de posicionar mi ereccion en su boca, da estocadas profundas y con su lengua acaricia con delicadeza mi corazón, -¡Que no te enamores Joder!- repite Miguel. Las estocada son más rápidas y profundas, ya no aguanto y termino dentro de ella, traga sin pudor lo que podrían ser mis progenitores y me regala una pequeña sonrisa, levantó su rostro y beso con escasez sus labios. Saco detrás de mi remera el cuchillo y lamento el actuar, pero corto en un desliz su cuello, hasta ver derramar todo encima de mí.

- Lo lograste, lo lograste Francisco. -

Observo la escena mientras chorreante cae la sangre sin parar, cayendo en todas direcciones inundando la habitación, un dolor punzante me invade y me dejo llevar, esto ya fue demasiado para mi tonto y enamorado corazón, que lamenta la pérdida de un posible amor.
Dejo que me invada el dolor de la tristeza perdida y el sonido se aleja mientras la televisión se hace más fuerte, y me dejo desvanecer.

Volví al ruedo, no sin antes ver toda la escena que Francisco tuvo que manipular, me siento cansado por tanto, pero listo para rescatar a mis niñas, las despego de ella y me alisto para bañar, las coloco junto a mí en la bañera y las acaricio, al fin.

- ¡AL FIN! Mis hermosas niñas, mis bellezas, ya son mías. - gritó por la emoción.

Las toco y las retoco con jabón espumoso, las asícalo y las junto hacia mí, comienzo a calentarme por lo excitante que es tenerlas y verlas, mi ereccion es notoria y decido al fin ponerlas encima de mi, las ayudo a moverse de arriba a bajo y les enseño donde tocar, las beso con profundidad y huelo cada centímetro de su ser, no aguanto y en cuestión de segundos solo termino en ellas, dentro de ellas, dentro de lo que algunas ves pueden ser nuestros hijos.

Y descanso ahí, en la bañera con agua caliente y junto a lo más preciado de mi vida.

Luego de una hora y media puedo levantar mi entumecido y arrugado cuerpo, acerco una toalla para cubrir a mis niñas y camino desnudó junto a ellas hasta mi habitación, donde puedo colocar otra toalla para mí.

El día sigue resplandeciendo y decido bajar a nuestro almuerzo, ya vestido con otro traje y zapatos de charol, zapatos que con suerte no me fueron manchados. A mis niñas las decoré con un vestido pegado color rojo fuego y les acomode el cabello con su color pelirrojo, decore sus cuellos con argollas finas y agregué accesorios a sus manos.

Ya en la mesa principal, las coloco y les pido un momento para poder cocinar el plato principal.

Voy a la habitación y corto la cabeza del ciervo rubio, me acerco a la cocina y en una olla con agua hirviendo lo coloco, ya pasados unos veinte minutos me dispongo a despellejar y deshilachar los pelos, pinzas, cuchillos, todo para arrancar lo que no sirve.
Luego de ya cocinarlo, me encargo de pegarle una horneada con papás recién cortadas, busco en la nevera un sazón de asado y decido echarle para agregarle sabor.

Ya terminado de cocinar, me acerco a la mesa para poder agregar el plato principal, cortar unas rodajas para mis niñas y unas rodajas para mí.
-Los ojos son los más ricos.- él comentó, pero sus silencios siguen siendo notorios.
Agarro uno para mi y uno para ella, pongo un poco de ensalada rusa y cargo nuestras copas con más vino.
- Ahora si podremos disfrutar aún más de lo que tanto anhelábamos mis amores, ya somos parte de una hermosa y próximamente gran familia, ya somos parte de una liga de descendientes coronarios. - digo sin pudor y sigo comiendo nuestro sazón.

Hoy, por fin terminamos nuestra gran misión, nuestro plan, nuestro gran encuentro, nuestro más esperado anhelo.

Bienvenidos a y gracias por leer.
Recuerden:
Espero con ansias en los comentarios sus críticas constructivas.🤍

~ Almas Gemelas ~ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora