~ Capítulo 2 ~

62 5 0
                                        

Al final, me quedé solo a mis veintitantos años, solo en un mundo donde todo puede ser.

Seguí siendo el hombre que siempre fui, hasta que lo trágico de no encontrarme con nadie me tomó por sorpresa y me dejó vacío por dentro.

"Cada cosa en cada día simplemente perdía brillo en mis manos."

Hasta que llegaron ellas, mis gemelas...

Un ocho de septiembre de dos mil uno, a pesar de tener un día específicamente lleno de lluvia, el barrio estaba más alborotado que de costumbre.

Bajé a la entrada principal, no sin antes sentir ese frío tan intenso que acostumbraba la casa, como si las almas en pena corrieran en todas las direcciones.

Caminé cabizbajo en dirección a la esquina de mi barrio, entré a la tienda y, como costumbre, me recibió el olor a despensa de años, ni tan desagradable ni tan gustoso.

Quedé en una estantería escuchando, mientras fingía buscar algo. La mujer grande, de pelos cortos y llenos de canas, hablaba con otra colega del barrio, también una anciana de pelos cortos, aunque estaba pintada de coqueta y abrigada con un saco de algún exótico animal.

Ambas hablaban de nuevos vecinos, de una pareja rica en dólares que planeaba comprar una de las tan exquisitas casas abandonadas.
¿Cómo sabía ella?
Simplemente era la vocera nacional de todos; cada cosa de cada casa de este lugar se sabía por ella. Ansioso por escuchar de dónde venía todo el alboroto, olvidé el bolso de mis tarjetas. —Mierda— susurré, mientras ellas, con curiosidad y enjuiciosa mirada, observaron cómo mi cuerpo apenado solo se retiraba. Quién sabe qué cosas pasaron entre sus mentes, desde mirar con desconfianza por un robo o creer que el más codiciado de los vecinos simplemente se ha quedado escaso.

"Conociendo a las víboras, solo fingiremos demencia."

— Vecinos, vecinos... —dije al azar, caminando en dirección a casa.

Sé que desde mi ventana podré ver de quiénes se está hablando; la única casa abandonada de este gran barrio estaba justo enfrente, podía observar todo, desde el patio hasta la entrada.

Y ahí fue cuando corrí dentro de casa por ver estacionar un lujoso auto de estos actuales años.

Un joven alto, con gafas, bajó del lado del conductor, con toques de poder en su semblante. -Muy refinado para mi gusto- dije entre dientes.
¿Tal vez un ápice de envidia?

Abrió la puerta del acompañante y salió una mujer de porte alto y figura envidiable, una más del montón que tuve a mi poder. Pelo largo y ondulado, también de estatus distinguido. -Qué insoportable- repetí; las personas que caminan demostrando poder por el dinero solo logran esquivar mis pensamientos de atracción.

Es ahí cuando logré verlas a ellas. Dos mujeres hermosas que insisten, luego de tanto, en alimentar lo que soy. Mi lengua recorre mis labios por lo excitante que es su andar; eso me desborda. Ambas perfectas; una obra de arte no podría ser pintada con tal precisión.
Mi corazón bombea fuerte y siento cómo puede salirse de mi pecho. Ambas caminan con vestido corto, mostrando todo lo que me desarma. Jamás había sentido tanto por unas pelirrojas, menos con vestidos turquesa.

Empiezo a sudar y aparto la mirada. Mi cabeza golpetea y siento la necesidad de sentar mi cuerpo en aquel viejo sofá. Todo me da vueltas; observo cómo, poco a poco, el sonido de la calle comienza a cesar. El pitido de electricidad bombea cada segundo más fuerte y todo se vuelve negro...

Desperté, un tanto abombado. Miro mi reloj de mano. -Han pasado dos horas- digo por dentro. Siento una sensación de pesadez, miro a mi alrededor y estaba todo más impecable que nunca. -No de nuevo- pensé.

"Sé por dónde va la mano."

Ahora no pararé hasta que sean solo para mí. Creo verme enamorado por primera vez en años; siento como si me estuviera volviendo loco por conocerlas.

Pero poco a poco, lo primordial será armar el plan perfecto, y el plan ya había comenzado...

Moví mi cuerpo con pesadumbre hasta llegar al ventanal. Miré alrededor y solo vi oscuridad. Volteé y los papeles estaban ya en orden; me tomé el tiempo de completar lo escrito.

Puntos.
Concentración.
Fortalezas.
Oportunidades.
Desventajas.

Hilos rojos conectados a la perfección, ahora sí, que comience el juego...

Alcé la mirada a mi ya ingenioso esquema. Mi fortaleza se encontraba en mirar desde la altura: los horarios, las visitas, quién sale, quién entra.

Mis oportunidades estaban a mi alcance y al codo de una anciana chismosa; mi elegancia e inteligencia resolverán lo demás.

Mis desventajas: saber que solo las vi un segundo hasta colapsar. Aún faltan días, falta cruzar miradas a la distancia y faltan ellos, sus tan desconocidos acompañantes.

Un punzante y familiar dolor de cabeza movió mi cuerpo hasta caer rendido a los pies de mi cama, y desde ahí, solo en la noche quedé pensando, sabiendo que lo más tenebroso y sombrío había vuelto a mí, y ahora más que nunca.

Con la sed hirviente de un coyote sin cenar y con el objetivo postrado detrás de un árbol seco de invierno. Solo faltaba acechar lentamente, entre los arbustos, calculando distancias y ¡bum! Cazar a la presa.
Es de los procesos más estimulantes para este ser.

Voy a por ustedes...
mis pequeñas y delicadas conejitas.

Bienvenidos y gracias por leer.

Recuerden:
Nada de esta historia es real y no debe de tomarse como referencia, disfruten de la magia mental para vivir historias a través de nuestra mente🖤

Espero con ansias en los comentarios sus críticas constructivas.

~ Almas Gemelas ~ Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora