~ capítulo 12 ~

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Aunque la vida no es algo que pueda cobrar tan fácilmente.

"Yo no soy San La Muerte para hacerlo".

Pero hay un monstruo y dudo de mis actos espirituales en convenio con la luz de ese tal Dios...

Hoy el día estaba enfurecido de odio, las nubes negras que antecedían la lluvia proveniente nos declaraban el juicio ante nuestra casa, y jamás creí que sería fácil escapar, pero esta vez los aprietos se nos ataron a las manos firmemente.

Pude observar a la lejanía cómo los policías ya estaban en marcha dentro de toda nuestra cuadra, buscando información relevante en cada casa, lo mismo o peor que la situación de Isabel, y a quien más le temía en estos momentos era a su aquel entonces esposo, don Villarreal. Él sabía algo, él sí tenía información relevante, él nos había visto y estaba en busca de venganza.

Desde aquí podía ver cuánto odio emanaba de su ser mientras trataba de convencer a todo aquel que lo escuchara y estuviera presente, desde los vecinos hasta cada policía informado y agente encargado sobre la situación.

-¡MIERDA! Miguel, ¿qué hacemos?- repite en mi cabeza Francisco.

Aunque ustedes crean que él es el arma maestra, en realidad lo es, es el arma despiadada de la situación, pero yo soy la cabeza.

Primero que nada, tendremos que esconder la evidencia que dejé en sosiego de anoche, estará todo seco y probablemente la habitación ya esté inundada de olor, pero tenemos que actuar con urgencia.

Manejé mi cuerpo hasta aquel lugar y abrí sin pensar sus puertas, efectivamente, el olor ya era notorio y el desastre era digno de una masacre a sangre fría. Me dispuse a cargar el cuerpo encima de mí y tratar de meterlo en una zona alejada del patio, aquella bodega oculta que permanecía cerrada por obvias razones.

Saqué las hojas y el barro de encima, abrí la compuerta y me sumergí adentro, prendí la luz que, gracias a los cielos, seguía en funcionamiento, pasé con prisa sin importar las evidentes telarañas. Abrí una nevera vieja que conservaba viejos huesos de víctimas antiguas que padre había derrotado y metí el cuerpo dentro, coloqué el enchufe y la encendí.

"Santos cielos o santos demonios, libérenme de este repudiable desastre que creé".

-¿Ahora se te da por creer?-

Y así, sin más, me despedí para volver a cerrar la compuerta y ocultar todo bajo barro y hojas viejas. Corrí dentro para sacar todo lo que fuese tela y alfombras para poder quemarlo dentro del lavatorio de nuestra cocina. La evidencia ya estaba tapada, solo faltaba escapar y, lo peor, era decidirme en ir solo, escapar hasta volver y recuperarlas de alguna manera.

Agarré a mis niñas y las adentré a su zona de confort, aquella que había creado exclusivamente para ellas.

— Decido despedirme de ustedes con el corazón roto y con las manos llenas de pena —dije entre lágrimas, ambas lágrimas de ambos hombres dolidos por amores perdidos.— Recuerden que volveré a rescatarlas, sea cuando sea, solo esperen por mí, mis pequeñas y hermosas conejas blancas —y así, retiré mi cuerpo, escondiendo el altar detrás de unas cortinas gruesas y viejas que eran capaces de cubrir toda la pared.

Adolorido y entre sollozos, me alejé para poder cuidar de ellas más adelante, aunque me doliera la vida entera.

Corrí hasta abajo y con el abrigo que alcancé a la mano me dispuse a salir, cabizbajo y dentro de la lluvia caminé, no sin antes escuchar un murmullo acercarse.

— Joven, puede detenerse, necesitamos hablar con usted un segundo. —La voz femenina de una mujer se escuchó en la lejanía de mi persona, me detuve e hice caso omiso a su petición.

No es momento de pelear, solo sobrellevar la situación.

— Claro, ¿qué es lo que puedo ofrecerles? —dije un tanto temblante.
— ¿Puede decirnos a dónde se dirige en estos momentos? —La duda y la desconfianza los rodeaban de pies a cabeza.
— Solo necesitaba hacer unas cuantas compras de última hora, para unas ventas en el exterior de mis empresas. ¿Hay algún inconveniente? —Mentí, con la realidad de irme.

Hasta que percibo cómo el grupo entero hace un gesto de horror en mi persona, y sostienen con rapidez sus armas a un lado.

— Señor, necesito que se ponga contra la pared y no discuta o cualquier palabra será usada en su contra, está detenido. —

¿Qué?...

Observé con rapidez mis trapos y lo que lamentaba era la idiotez en mi persona de no retirar mi remera claramente manchada de sangre seca.

-Francisco lo arruine.-

En silencio hice caso omiso y no me negué a nada que fuese otorgado por cada uno de los miembros uniformados.

-Francisco ¿que hago?-

El choque contra la pared y las esposas frías me hacían replantearme la realidad de la existencia de miembros uniformados.

-Francisco ¿estás ahí?-

Las gotas que resonaban con furia me recordaban que de sangre Martínez, genuinamente nunca fui, padre no tenía margen de error, pero él no era mi verdadero progenitor.

-Francisco...-

Colocaron mi cuerpo dentro de un patrullero y me dejaron en silencio unos cuantos minutos.

— Señor Martínez, queremos informarle que lo detenemos por sospechoso en la desaparición de Cecilia Anabel Fernández. Haremos un seguimiento sobre su ropa y un allanamiento en su residencia. —

Me quedé boquiabierto, lo que tanto esperaba ha sido en vano, lo que tanto sufrí lo disfruté en los segundos de unas horas, lo que fui e hice no valió siquiera la pena.

Lamento con fuerza perder el ruedo de este camino tan destellante, ser tan ingenuo en mi persona y no controlar aún más lo que debía ser nuestra obra de arte.

Hoy, un vil villano con el corazón de un ave, se encuentra capturado eternamente en el desperdicio de su vida, no sé quién seré ni qué me espera, pero sí sé que a veces, como los malos de las películas, vuelven en una segunda parte....

Bienvenidos a y gracias por leer.

Recuerden:
Nada de esta historia es real y no debe de tomarse como referencia, disfruten de la magia mental para vivir historias a través de nuestra mente🖤

Espero con ansias en los comentarios sus críticas constructivas.🤍

~ Almas Gemelas ~ Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora