Ya en el hospital, los paramédicos llevaron a Martina rápidamente a una habitación restringida para las demás personas.
―¡Martina, mi amor! ―Jorge trató de ir tras ellos, pero unos enfermeros lo de tuvieron.― ¡Es mi esposa, debo estar con ella! ―intentó zafarse, pero no lo logró.
―Tranquilícese. Ella estará bien. Pronto la podrá ver ―dijo una joven enfermera, tomando al desesperado Jorge por lo hombros.
―¡No puedo estar tranquilo! ―se soltó de los demás enfermeros, pero ya no intentó ir tras ella.― Es mi esposa.
―Lo sé, haremos lo posible por que se recupere, señor.
―Por favor, no quiero perderla ―el rudo Jorge desapareció para dar paso nuevamente al Jorge preocupado.
Los enfermeros le indicaron dónde debía esperar al doctor que atendería a Martina. Jorge fue directo a la sala de espera que le habían dicho. Se sentó en una de esas incómodas sillas, pero no le importaba, lo único que le importaba era ella, su princesa.
Las dos horas que estuvo esperando le parecieron dos siglos. Sin noticias ni nada. La angustia lo carcomía por dentro, esperando lo peor. Ya no había más lágrimas, pareciera que se le habían agotado de tanto llorar, pero el miedo y la preocupación seguían presentes.
Un hombre de mediana edad salió de una habitación, con una expresión que no dejaba muchas esperanzas, y quitándose el cubre bocas que llevaba puesto.
―Señor Blanco ―llamó, buscando con la mirada al hombre al que le debía dar las noticias.
―Soy yo, puede decirme Jorge ―se levantó bruscamente de su asiento y se dirigió hacia él, con el miedo a flor de piel y el corazón latiendo a mil por segundo.― Có...¿Cómo está ella? ―balbuceó por los nervios.El doctor suspiró, cosa que preocupó más a Jorge.
―Jorge, lamento decirle que la señorita Martina no sobrevivió.
El mundo de Jorge se vino abajo. No podía ser cierto. No.
―No... ―se limitó a decir. Y eso fue como una descarga eléctrica, que hizo que sus lágrimas, que parecían agotadas, volvieran a salir, y esta vez parecía que no cesarían.
―Hicimos todo lo posible por salvarla, pero fue en vano. Sufrió múltiples golpes en órganos vitales, lo que ocasionó una hemorragia interna y...
-No quiero detalles, por favor ―Jorge lo interrumpió, apretando los dientes en un intento por ahogar su llanto.
―Lo siento mucho, señor. Puede pasar a verla si quiere. Está en la habitación 213 ―El doctor le dio unas palmadas al hombro de Jorge y se fue, sin decir nada más.
Jorge asintió con un nudo en la garganta. Suspiró y se dirigió a la habitación indicada. Al llegar a ella, abrió la puerta y se le partió el corazón. Su amada estaba ahí, más bien, el cuerpo. Frío. Tapado con una sábana azul pálido. No tuvo el valor de destaparla, no podría vivir con esa imagen si lo hacía. Sin embargo, se acercó lo suficiente como para susurrarle algunas cosas, aunque sabía que ella ya no lo escucharía.
―Mi amor ―empezó, pero se le quebró la voz inmediatamente. Pese a eso, siguió hablando.― Lo siento tanto, desearía ser yo quien esté en tu lugar. No te merecías esto. Eras una mujer increíble, en ti no había maldad, ¿por qué te tuviste que ir, mi princesa? ―soltó el llanto.
No podía retenerlo.El dolor recorría cada centímetro de su cuerpo. No lo soportaba. Su Martina, su Tini, a quien tantas veces le había dicho "Te amo", a quien tantas veces se lo demostró. Su princesa, a quien tantas veces le hizo el amor, demostrándole cuánto la amaba. Y la seguiría amando, porque se lo prometió aquel día cuando le pidió que sea su mujer.
―Si tan solo pudiera regresar el tiempo. Iría a buscarte al trabajo, y regresaríamos juntos, felices. Te hubiera preparado la cena, tu comida favorita, milanesas y huevo frito ―soltó una risita amarga al imaginarlo―. Pero me duele admitir que el "hubiera" no existe ―suspiró pesadamente con los ojos acuosos―. Te amo, mi princesa. Siempre lo haré.
[20/07/2015]
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Amor mío
Fanfiction"Amor mío, ¿dónde estás?" Una pregunta que le fue respondida, sin embargo, no de la manera que él hubiese querido. Fanfic Jortini de mi autoría. Empezada: 04 / 07 / 2015 Terminada: 22 / 01 / 2016
