Las ocho de la noche. La casa en silencio, como siempre, pues lo único ruidoso era la mente de Jorge. Mil pensamientos y en todos la protagonista era Martina. Los minutos corrían. Todo era extremadamente confuso y extraño, muy difícil de entender.
Él sabía que la respuesta podría ser tan sencilla, pero que la estresante situación lo bloqueaba y no lo dejaba pensar claramente. Sentado nuevamente en el borde de la cama matrimonial, viendo hacia la puerta, preguntándose cómo podría terminar con esta pesadilla. Pero nada, no entendía absolutamente nada.
Despertar. ¿Cómo? ¿Por qué? No tenía ni la más mínima idea. Pero sabía que esa voz y todos esos mensajes significaban algo realmente y que no eran producto de su imaginación. Días anteriores se había convencido de ir a un psicólogo o algo parecido, pero ahora sentía que era él mismo quien debía resolver este enigma, y no se equivocaba.
Mientras pensaba, tuvo una especie de visión, de nuevo. Todo a su alrededor desapareció, dando paso al cuarto blanco que había visto anteriormente cuando se desmayó, solo que ahora Martina estaba despierta y ahora más cerca de él, pero no lo estaba mirando.
―Martina ―nuevamente trató de hablarle, pero parecía que ella no lo escuchaba.
Desesperado, Jorge trató de tocarla, pero otra vez, no pudo moverse.
―¿Qué es esto? ―se preguntó, pero ahora se dio cuenta de algo, ahora veía más claramente las cosas.
En ese momento, Martina se giró y lo miró a los ojos. Esos ojos marrones, que ahora estaban apagados, se posaron en los de él y sintió cómo le latía fuertemente el corazón. Esperó que ella notara que él estaba ahí, despierto y mirándola de igual forma. Pero nada.
―Martina, mi amor ―nada. Era como si ella lo ignorara, o peor, como si no se diese cuenta de que él la miraba y estaba ahí.
El corazón de Jorge se encogió. Había extrañado ver esos ojos, pero no entendía por qué ella no se daba cuenta de que él la miraba. De nuevo intentó moverse. Ahora pudo mover un dedo y ella, como por arte de magia, lo notó y una chispa de alegría iluminó sus ojos.
―¡Jorge! ―gritó eufórica, a lo que él sonrío, pero ella seguía sin poder verlo.
El corazón de Jorge se aceleró, pero de pronto todo se volvió oscuridad y apareció de nuevo en su habitación. Sudado, con el corazón acelerado y apretando fuertemente las sábanas con sus manos. Muy extraño todo.
―Martina ―fue lo único que logró decir. Aún se encontraba algo trastornado por aquella visión.
Se empezó a relajar. Martina le había hablado, indirectamente, pero le había hablado y lo había mirado a los ojos, y eso le llenaba el corazón de una felicidad inmensa.
Cuánto había extrañado tenerla así de cerca. Pero luego recordó que ella no se había dado cuenta o no veía que él también la miraba, tal vez no con los ojos la observaba, tal vez él la miraba con el corazón, sintiéndola cerca. Tal vez por eso ella no lo había notado. Fue entonces que él empezaba a comprenderlo. ¿Y si su "realidad" era esa? Aún no lograba descifrar aquel cuarto blanco, que seguía pareciéndole muy familiar, pero poco a poco su cerebro empezaba a unir las piezas de tan complicado rompecabezas. El problema era que le faltaban muchas piezas, y estaba consciente de ello. Suspiró. Se levantó de la cama y se dirigió a la cocina, tenía hambre. Al llegar, tomó el cereal y sacó de la nevera la leche, tomó un tazón y una cuchara y se sentó a comer. Su cabeza no dejaba de darle vueltas por lo sucedido.
La puerta sonó. Él se dirigió rápidamente a abrirla, aunque se le hacía raro que alguien se presentara a estas horas de la noche. Abrió.
―Ruggero ―dijo, algo sorprendido al ver parado ahí a su amigo. Parecía feliz.
―Hola, Jorge, ¿cómo estás? ¿Estabas ocupado?
―Bien, gracias. No, para nada, pasa, pasa.
Ambos hombres se adentraron a la sala de estar y se sentaron, cada uno en un sillón.
―¿Qué te trae por aquí? ―preguntó Jorge. Aún se le hacía raro que Ruggero asomara, pero le alegraba verlo también. Después de todo, es su mejor amigo.
―Oh, nada en especial, simplemente quise venir a saludarte, saber cómo estás. Hace tiempo que no sé nada de ti, hombre ―rieron.
―Ah, gracias, amigo ―sonrieron―. Pues, dentro de lo que cabe, estoy bien, aún me duele la partida de Martina, para qué mentir, pero han estado pasando cosas demasiado raras últimamente.
―¿Ah, sí? ¿Qué cosas? ―Ruggero parecía extrañado igual. Jorge suspiró.
―Cosas, voces cuando estoy solo, mensajes... Me han tocado la mano ―su amigo estaba sorprendido por tales situaciones.
―¿Es broma? ―exclamó incrédulo.
―Sabes que no bromearía con algo así, Rugg.
―Jorge, amigo, ¿tú crees que sea un...?
―¿Fantasma? No, estoy seguro que no lo es ―lo interrumpió―. No me preguntes cómo, simplemente estoy seguro de eso.
―Bueno, hermano, sólo digo. Pero... ―Ruggero suspiró y lo miró a los ojos.
―¿Pero?
―¿No has pensado en visitar un psicólogo a algo así? Mira que no te estoy diciendo loco ni mucho menos, es sólo que me preocupas, Jorge.
―La primera semana lo pensé, no te voy a mentir, pero han pasado tantas cosas que no creo que esté "loco" ―hizo comillas en la última palabra―. Siento que hay algo más, algo que no sé exactamente qué es. Martina me llama, Ruggero, y no sé cómo contestarle ―su amigo asintió, con un gesto serio.
―¿Qué te dice Martina?
―Que despierte, que esta no es mi realidad ―sostuvo su cara con sus manos―. Y no sólo ella me lo ha dicho, también la vecina y un policía del parque, ¡un policía! ¿Qué hace un policía diciéndome que despierte? ―dijo, exaltado―. He tenido vi...
―Calma. ¿Qué hacías tú en el parque? ―Ruggero lo interrumpió nuevamente. Parecía que hubiese hecho caso omiso a las anteriores afirmaciones de Jorge.
―Fui a tomar aire. Según yo a relajarme, pero me encontré con la señora Florencia y me dijo eso. Luego me desmayé y tuve una visión y desperté porque el policía me hablaba, y para colmo, me dijo que despertara ―estaba frustrado, confundido.
―¿Visión? ¿Qué visión?
[24/11/2015]
ESTÁS LEYENDO
Amor mío
Fanfiction"Amor mío, ¿dónde estás?" Una pregunta que le fue respondida, sin embargo, no de la manera que él hubiese querido. Fanfic Jortini de mi autoría. Empezada: 04 / 07 / 2015 Terminada: 22 / 01 / 2016
