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theodore subió las escaleras dirigiendose a su habitación, tiro sus cosas sobre la cama sacandose los zapatos y la camisa. saco un cigarro de su mochila prendiendolo, comenzó a fumar mirando todos los libros sobre su escritorio.

sus pensamientos comenzaron a divagar sobre aquella rubia que estaba en sus pensamientos constantemente desde que escucho hablar de ella.

solo había pasado una semana desde que la conoció y no podía sacarla de su cabeza, ni siquiera con aquellos encuentros casuales que tenía con las otras chicas.

adaline cupid había penetrado sus pensamientos, pero tenía que sacarla lo más rápido, tenía que cumplir con aquella apuesta y sacarla.

apagó el cigarro contra la madera frotando su nariz tirándose a la cama cayendo en los brazos de morfeo.

su mirada se encontraba perdida en aquellos ojos oceanicos tan hermosos bajo esas cejas.

no podía evitar perderse en sus pecas esparcidas por su rostro como las estrellas en el cielo.

sentir sus labios sobre los suyos, aunque fueran unos miserables segundos. sentir el calor de sus manos aunque sea cuando golpea su rostro.

sentirla a ella.

theodore se levantó gracias a los golpes imparables en la puerta. soltó un gruñido tallando su rostro.

—¡ya voy! —grito poniendose de pie caminando hacia la puerta abriéndola de golpe —¿que quieres mattheo?

—que genio —lo empujó entrando a la habitación caminando hacía la cama— solo quería saber cómo vas con la linda tejona.

—ni me la menciones —se acostó cruzando sus brazos sobre su cabeza.

—¿tan mal vas? —se burló.

—la bese.

—tan mal no vas.

—luego me golpeó.

mattheo soltó una carcajada burlándose de su amigo, theo lo pateo rodando sus ojos.

—lo siento —contuvo su risa— ¿que planeas hacer?

suspiro cansado. —no se.
































adaline caminaba hacía su siguiente clase cuando escucho unos grito o más bien súplicas.

—"¡no puedes hacerme esto!" "dijiste que me querías" "por favor"

—si y eso les dije a las otras.

—¡theo! —grito aquella voz.

adaline trato de dar la vuelta pero la figura de theodore se interpuso en su camino.

—hola —sonrió mirando a la rubia.

—vaya espectáculo que armas con tu novia.

—¿daphne? —señalo el pasillo— no, no es mi novia —dijo nervioso.

—no la rechaces nott —esquivo al chico bajando a las mazmorras.

—¿vas a pociones? —lo escucho detrás de ella.

—mhmm

—yo también.

adaline rodó sus ojos al escuchar que la seguía se acercó a la puerta pero el joven italiano se adelantó a ella abriendo la puerta llamando la atención de todos los alumnos.

—señor nott, señorita cupid —la voz de snape hizo que adaline bajara su cabeza apenada— ya que decidieron llegar tarde, que tal si se quedan hasta tarde en un castigo.

k ; theodore nott Donde viven las historias. Descúbrelo ahora