39

1.5K 107 12
                                        

la lluvia aún golpeaba los cristales cuando adaline entró en el salón vacío. el ambiente olía a silencio y a cenizas de cigarro. lo encontró sentado en el suelo, la espalda contra la pared, con la mirada perdida.

—viniste... —dijo theodore al verla con un hilo de voz rota.

—tú llamaste —dijo cerrando la puerta lentamente.

intentó sonreír, pero solo consiguió que sus labios temblaran. adaline avanzó despacio, sin saber si debía acercarse o no.

—¿qué pasó?

apretó los ojos, como si solo con pensarlo le doliera más. la voz le salió rota.

—daphne... ella... perdió al bebé —adaline contuvo la respiración. no dijo nada. lo miró bajar el rostro, ocultándolo entre sus manos, como un niño vencido— se fue en la mañana, iba a dar a luz. pero... él bebé no sobrevivió. no sé en qué momento destruí todo lo que toqué. perdí a mi hijo, un bebé que no deseaba, pero aun así le tome cariño... casi te pierdo a ti... y me odio por cada error. —dijo quebrado, con lágrimas cayendo.

adaline tragó saliva, dando un paso hacia él. —no tienes que decirlo ahora... estás destrozado.

—no, tengo que hacerlo ahora —alzó el rostro humedo, con los ojos rojos—perdóname. por todo. por no haberte dicho la verdad cuando debía, por lastimarte, por dejar que te alejaras. perdóname, porque si no lo digo ahora, no sé si volveré a tener la fuerza de hacerlo.

theodore rompió en un sollozo, ocultando otra vez el rostro entre las manos. adaline lo observó, conmovida por primera vez al verlo desnudo de orgullo, derrotado, humano.

—nunca te había visto llorar así —dijo en voz baja, casi un susurro.

—porque siempre fui un cobarde... y solo me atreví a llorar cuando ya lo había perdido todo —murmuró entre lágrimas.

el silencio se extendió entre ellos, denso y frágil, como si bastara un movimiento para romperlo. adaline no sabía si abrazarlo o huir, pero sus pies no se movían.

adaline se quedó en pie frente a él, tan cerca que podía sentir el calor de su respiración entrecortada, pero sin atreverse a acortar la última distancia.

—no puedo ser quien te cure cada herida que tú mismo abriste... —dijo con voz suave, casi quebrándose.

theodore levantó la cabeza, con los ojos aún enrojecidos, buscando un resquicio de ternura en los suyos.

—no te pido que me cures... solo que no me dejes morir con este vacío.

bajó la mirada, apretando las manos contra su propio cuerpo como si con ese gesto pudiera evitar que el corazón se le rompiera de nuevo.

—no sabes lo que me pides. me hiciste tanto daño... y ahora quieres que me quede aquí, mirándote así, roto, cuando lo único que aprendí fue a mantenerme lejos para sobrevivir.

él cerró los ojos, respirando hondo, y su voz salió más temblorosa que antes.

—lo sé... y aún así, lo único que me queda es suplicarte. no porque lo merezca, sino porque te necesito.

adaline retrocedió un paso, apenas, como si esa confesión hubiera sido un golpe directo en el pecho.

—siempre supe que un día ibas a necesitarme... pero nunca imaginé que sería en tus ruinas —su voz sonaba apenas audible.

él hundió la frente contra sus rodillas, sin fuerzas ya para sostener su mirada. el silencio volvió, tenso, insoportable, cargado de todo lo no dicho. permaneció inmóvil, luchando entre el impulso de correr hacia sus brazos y la necesidad de mantenerse firme en su resistencia.

k ; theodore nott Donde viven las historias. Descúbrelo ahora