CAPÍTULO 11: La historia se repite

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_Buenos días, Suguru

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_Buenos días, Suguru.

Suguru parpadea. Sus ojos todavía están un poco tapados por el sueño. Sonríe y extiende una mano para tocar a Kagome.

_Buenos días_ responde en voz baja. ¿Cuánto tiempo lleva despierta?

Kagome se ríe y acerca su rostro al de él _Dime que me amas_ le susurra, pasando un dedo por su pecho.

Su corazón se detiene. ¿Ella cambiará de opinión? ¿Quiere su amor?

Suguru sonríe. Su corazón se acelera. Abre la boca.

_Esa no es Kagome_ dice Satoru.

Suguru frunce el ceño y se aleja.

Kagome suspira y chasquea los dedos. Una nube aparece frente a Kagome y tan rápido como aparece, desaparece, y lo único que queda es... Shippo.

Sus músculos se tensan como si lo hubieran sumergido en un balde de agua helada. El frío se apodera de sus huesos y aprieta los dientes para no castañetear.

_Casi lo tengo también_ se queja Shippo, chasqueando los dedos como si esto no fuera más que un juego para él.

Suguru se sienta. Por supuesto. Esto no es más que un juego para Shippo. Es un tramposo. Pero aun así, desearía que hubiera sido Kagome quien le rogara que la amara.

Esperar.

_¿Dónde está Kagome?

_Fue a lavar la ropa y debería estar de vuelta. He estado siguiendo su energía_ responde Satoru, su cuerpo se anima _Ahí viene.

_¿Qué estás...? ¿Por qué hay un montón de cabezas en medio del campamento?_ pregunta Kagome, cambiando la canasta a una mano y rascándose la cabeza con la otra.

Suguru se sienta y mira fijamente. Satoru no lo hizo... mira a Satoru, quien infla el pecho.

Pensándolo mejor, Satoru lo hizo.

_¿Te gustan?_ pregunta Satoru.

Kagome deja la cesta de ropa en el suelo y se cruza de brazos. Suguru inspira hondo. Ese atuendo de sacerdotisa es modesto, pero maldita sea, quiere agacharla. ¿Satoru la dejó ir a lavar la ropa vestida así sola? Alguien debería haberlo despertado. La habría ayudado.

_¿Si me gustan? ¿Son regalos?_ Kagome se inclina junto a la impresionante pila de cabezas de demonios y cabezas de animales.

Satoru asiente, pero su pecho se desinfla. Mira a Suguru, pero Suguru solo le devuelve la mirada.

¿Qué demonios quiere Satoru de él? No sabe cómo reaccionará Kagome ante un montón de cabezas en medio del campamento. ¿Qué pasó con lo de comprar flores o chocolates?

_Shippo, ¿fuiste tú quien les pidió que hicieran esto?

_Pensé que te gustarían_ dice Shippo, pasando sus garras por su cola esponjosa _Papá dijo que le había comprado a mamá muchas cabezas y otros regalos cuando la cortejaba. Y papá Satoru también me dejó ayudar.

Desearía poder maldecirte Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora