—Tú me evitas porque te gusto. ¿Me equivoco? —La voz de Naruto, baja pero cargada de firmeza, cortó el silencio como una hoja afilada.
Las palabras resonaron con un peso casi insoportable, un eco que se repetía en la mente de Hinata, desnudando cada emoción que había intentado enterrar. Sus ojos azules, penetrantes y llenos de una determinación inquietante, parecían ver a través de ella, arrancándole cualquier defensa que pudiera haber construido.
La Hyuga quiso responder, pero su garganta se cerró, incapaz de emitir un solo sonido. Su mirada cayó al suelo, buscando un refugio en el que esconderse, pero no encontró más que la opresiva realidad de su cercanía. Dio un paso atrás con torpeza, tratando de poner distancia, de alejarse de esa verdad que Naruto parecía dispuesto a arrancarle. Pero entonces sintió su mano en su cintura.
El agarre de Naruto no era agresivo, pero sí firme. La calidez de su palma atravesó la delgada tela de su blusa, enviando una descarga eléctrica que la dejó inmóvil. No la lastimaba, pero tampoco le permitía escapar. Su toque era como una barrera, un recordatorio de que no podía huir de lo que ambos sabían que estaba ahí, latente y no dicho
—E-el alcohol te está n-nublando el juicio —logró decir por fin, tratando de conservar una calma que no sentía mientras sus manos presionaban contra su pecho en un intento inútil de poner distancia—. Estoy aquí por Sakura. Es mi amiga, ella te ama y está sufriendo mucho con todo esto.
Naruto no se inmutó. Sus ojos azules seguían fijos en los de ella, desafiantes, como si no existiera nada más en el mundo que esa confrontación.
—Y eso a quien carajos le importa —dijo con gravedad, ignorando sus esfuerzos por escapar—. Sigues evadiendo a la verdad que está justo frente a ti, pero te aterra admitir.
La Hyuga no cabía en su asombro. Tragó saliva, su garganta seca como el desierto. Intentó responder, pero su voz salió temblorosa, apenas un susurro:
—¿Q-qué v-verdad? —preguntó Hinata, su voz apenas un susurro, temblorosa bajo el peso de la mirada intensa de Naruto.
Naruto la acercó un poco más, con una calma que resultaba abrumadora. La distancia entre ellos se redujo hasta que el aire pareció cargarse con algo más que tensión. Sus ojos permanecían fijos en los de ella, penetrantes, como si estuvieran desnudando cada rincón de su alma.
—Sabes tan bien como yo que tu amistad con Sakura no es más que una mentira. —Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran profundo antes de continuar, su tono ahora más firme—. Y lo peor es que lo aceptas, sin siquiera intentar cambiarlo.
Hinata sintió un nudo apretarse en su estómago, una presión que le robaba el aliento. Las palabras de Naruto no eran solo duras, eran devastadoras. Cada una atravesaba la fachada que ella había construido con tanto esfuerzo, golpeando las inseguridades que había intentado ignorar durante años. Porque, aunque le doliera admitirlo, sabía que era verdad. No podía rebatirlo, ni con excusas ni con mentiras; lo que él decía era el reflejo de algo que siempre había sabido en el fondo de su corazón.
El silencio que siguió fue sofocante, una barrera invisible que se levantó entre ellos mientras Naruto esperaba algo. Una palabra, una confesión, cualquier cosa que demostrara que ella tenía el valor de responder. Pero Hinata solo pudo bajar la mirada, incapaz de sostener el peso de la suya.
—E-estás borracho, Naruto —murmuró al fin, su voz quebrada, aunque intentaba mantenerse firme—. N-no sabes lo que dices.
La frase salió débil, como una defensa sin convicción, y en el momento en que las palabras abandonaron sus labios, supo que no iban a convencer a nadie, ni siquiera a sí misma.
ESTÁS LEYENDO
Maldita
RomanceDesde que lo conoció, supo que sería una tentación peligrosa. En sus ojos azules habían secretos profundos y en su sonrisa seducción. Quiero aclarar que los personajes que encontrarán en esta historia son propiedad de Masashi Kishimoto, el creador...
