6: Evolución y retroceso (cuarta parte)

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Ahora se encontraban en el hospital para atender la herida en la cabeza del Uzumaki. En la sala de emergencias, el silencio entre ellos persistía, pero ya no había tensión en el ambiente. Habían vivido un episodio intenso juntos y eso, de alguna forma, había alterado su relación.

Finalmente, un médico atendió a Naruto y suturó su herida. Hinata por su parte esperaba con paciencia a su lado. Al terminar el médico les dejó por un momento para ir por algunas cosas que necesitaba. Naruto yacía en la camilla, su mirada perdida en el blanco techo del consultorio médico. Su mente, sin embargo, estaba lejos de estar en blanco. Después de unos segundos, giró su cabeza lentamente hacia Hinata, que estaba sentada a su lado. Ella parecía incómoda, casi como si estuviera luchando con un secreto que no quería compartir. Él recordó cómo ella solía jugar con sus dedos cuando estaba nerviosa, especialmente cuando estaba cerca de él. Era un pequeño gesto que había llegado a asociar con ella. Pero ahora, ¿sus manos estaban escondidas, en los bolsillos de su abrigo? El Uzumaki no pudo evitar sentir una punzada de preocupación. ¿Qué estaba ocultando Hinata? Y más importante aún, ¿por qué? decidió que necesitaba confirmar sus sospechas. Se levantó de la camilla, pero al hacerlo, sintió un mareo repentino. Su herida aún estaba fresca y el esfuerzo de levantarse tan rápido le pasó factura.

Hinata, notando su inestabilidad, se levantó rápidamente y fue a su lado para apoyarlo. Naruto, a pesar de su mareo, aprovechó la oportunidad para tomar suavemente una de las manos de Hinata que estaba usando para estabilizarlo.

Al ver los nudillos ensangrentados y rotos de Hinata, sintió una punzada de culpa

-Tus manos... -comenzó Naruto, su voz llena de preocupación. -¿Por qué no dijiste nada? -preguntó, mirándola a los ojos, su expresión de consternación

-Como si le importara -le reprochó Hinata, su voz cargada de frustración. Intentó apartarse, pero Naruto sujetó sus manos con firmeza, la suficiente para retenerla, sin causarle daño. Su preocupación por ella era evidente en su gesto.

-Hinata haré que el médico te revise -dijo Naruto haciendo caso omiso de las palabras de ella.

Hinata pareció sorprendida por su declaración.

-No, y-yo e-estoy bien. N-no necesito...-comenzó a decir pero el Uzumaki la interrumpió:

-No fue una pregunta. Tus manos necesitan atención médica.

-L-le dije q-que no... -insistió Hinata.

-Hinata, tú me obligaste venir aquí. Ahora es tu turno de recibir ayuda -la interrumpió Naruto.

Ambos continuaron discutiendo hasta que el médico regresó con las medicinas para Uzumaki. Al percatarse de la tensión entre los dos, el médico preguntó qué estaba ocurriendo. Aprovechando la oportunidad, Naruto señaló a Hinata y dijo:

-Doctor, Hinata se lastimó las manos y se niega a recibir tratamiento.

El médico, sorprendido, observó a Hinata y con un gesto de la mano le pidió que se acercara:

-Déjame revisarlas -habló el doctor con voz profesional.

Hinata, sin más remedio, extendió sus manos. El doctor las examinó y le aseguró que después de atender a Naruto, se encargaría de sus heridas. Tras un rato de espera, el doctor volvió con vendajes y pomadas para tratar las manos de Hinata. Una vez que terminó, les dio algunas recomendaciones y finalmente les permitió irse.

Al salir del hospital, Naruto se detuvo y observó a Hinata, quien continuó caminando sin darse cuenta de que él ya no estaba a su lado.

-Gracias -expresó Naruto, su voz reflejando gratitud y preocupación-. Aunque sigo pensando que no debiste arriesgarte tanto.

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