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En otro lado, una señorita rubia, de tez clara caminaba por las calles de Londres, algo perdoda y distraida de lo que pasaba a su al rededor, centrando toda su atención tan solo en un papel.
Por lo que no fue sorpresa que chocara y callera al piso.
- ¡Ey! - reclamó.
- Ten más cuidado niña. - masculló un señor que aparentaba unos cuarenti tantos, con bigote, un gran saco, y un gorro negro, al igual que su maletín.
Ella solo refunfuñó y se levantó dispuesta a retomar su camino. Pero su sorpresa fue grande al darse cuenta que al caer, aquel papel dejo sus manos, y ahora se encontraba flotando al compás del viento.
- ¡No!. - gritó y extendió el brazo tratando de alcanzar el objeto. Corrió siguiendolo.
Sin duda, cualquiera que la viera pensaría que estaba desquiciada. Pero a Nadia no le importaba, lo único importante en ese momento para la rubia era alcanzar aquel papel que contenía todas sus esperanzas de encontrar a su hermano.
Pero cuando creyó que lo lograría alguien más lo tomó. Alzó la mirada para ver de quien se trataba.
"Oh oh"
Definitivamente eso es lo que ella pensó. Estaba en problemas.
- Señorita Tewksbury, ¿qué la tiene tan alterada?.
- Nada - dijo nerviosa.- solo.. deme el papel por favor.
- ¿Qué es tan importante para que la hermana del vizconde desaparecido este así? - curoseo el hombre.
- Alfred, solo.. dame la carta, por favor.
- ¿Así que es una carta? - más bien afirmó el hombre.
- Alfred. - pedí ya un poco desesperada por que lea aunque sea algun fragmento de ella. - es importante, él la interrumpió abruptamente.
- Así que es un chico.. - sonrió socarrón y le entregó la carta. - Que tenga buen día señorita Tewksbury. - ella asintió tomando la carta y se fueron ambos para distintos lugares.
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Bueno, mucho drama Londinense por hoy, ¿por qué no mejor no nos centramos en nuestra protagonista?, que aún seguía en la habitación con el bebé en brazos y su enamorado (aunque se niegue a admitirlo en voz alta), el cual seguia esperando una respuesta de su parte.
- ¿Y bien?.
- Salimos con Enola, ¿lo recuerdas?, en la tarde, cuando Microsoft se volvió loco. - dije- aunque ya lo está. - murmuré-. Entre otras cosas fuimos a la libreria de la Sra. Nancy, yo ya la conocía, desde pequeña. - Sherlock escuchaba pacientemente.- estuvimos casi toda la tarde ahí, y cuando salimos.. bueno, encontramos a este pequeñín. Estaba solo, y no sabemos su nombre.
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- ¿Le explicaste?
Enola la interseptó cuando Nini caminaba por el pasillo, y no dudo en taladrarla a preguntas en menos de dos segundos.
- Sí, le dij- la detective la interrumpió.
- ¿Y qué te dijo?, ¿él lo entendió?
- Sisi, no te preocupes. Es más, hasta creo que no le pareció tan mala la idea. Y es que miralo - alcé al niño. - es un terroncito de azúcar. - le apreté los mofletes. Y en seguida Enola se unió.
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Mientras aqulla escena se desarrollaba en el living, Sherlock quien pasaba por ahí de "casualidad", se acercó a la pequeña apertura que tenia la puerta y vió todo. Le pareció super tierno. Quedó pasmado viendo la escena sin poder evitar imaginar a Ari y él jugando con el pequeño.
Y si está autora tiene algo que decir, es que definitivamente la belleza del niño dejaba a todos embobados.
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Les gustan los fics de descendientes?? Porque pienso hacer uno, pero no estoy segura.