¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Después de hablar, volvimos al hotel, y yo no podia parar de pensar en lo que estaba pasando, Enola perdida, o más bien fugitiva, me reencontre con Nate, y Sherlock.. ni si quiera sé que pensar sobre lo que pasó. ¿Debería ignorarlo y seguir con él?, o escapar y huír de todo como siempre hago.
Se supone que soy fuerte, y tengo que afrontar la situación, encararlo y si me convence darle otra oportunidad. Pero.. no, no son opciones, no para mí. Es decir, siempre fui fácil de convencer, pero se supone que esto es lo que aguanta una esposa, aunque yo aún no me habia casado. ¿Seria buena idea hacerlo?, no lo sé, pero lo más importante, ¿yo queria hacerlo?, tampoco estoy segura, de todas formas nunca lo estuve, pero, ahora.. era diferente, Nate volvió, y Sherlock se comporta como idiota.
Decidí dejar de pensar en eso, ya que mis pensamientos eran tan confusos como un laberinto. Similar un libro que lei hace poco, de ciencia ficción, era sobre un chico que llegaba a un laberinto en una caja que emerje del suelo.
Lo reciben varios chicos, algunos más grandes y otros un poco menores, en lo que se hace llamar "el area" o "el claro". Lo peculiar es que estaba rodeado por grandes y fornidos muros de piedra, que se abrian al amanecer, y al anochecer cerraban, dejando a todo aquel que este en el laberinto allí.
Bueno, la cuestión es que me siento como el protagonista, Thomas, que cuando llegó a aquel extraño lugar se sintió desorientado y comenzó a correr, en busca de una salida, un escape, algo como el laberinto.
Pero esta vez no voy a huír de mis problemas, ya no más.
Me dormí, y al otro día solo me cambié, me peine lo justo y necesario para no parecer un león. Abri la puerta y sali de mi habitación rumbo a la del detective.
Dejandole una nota a mi hermano para que cuando despierte y no me vea no se preocupe.
Me paré frente a la puerta, indesiza, ya me estaba arrepintiendo, pero me decidí, me puse firme y llamé a la puerta con dos golpecitos.
Pero al instante me arrepentí, por lo que cuando vi que se empezaba a mover la perilla empujé hacia la puerta un carro con comida de alguien que trabaja acá y corri hacia el lobby.
- ¡Joshua!- le grité acercandome al australiano. - necesito tu ayuda- dije una vez estaba junto a mi.
- ¿Qué pasó?
- Tuve un conflicto con Sherlock, pero no sé como hacer para reconsiliarnos.
- Tranquila, a ver, decile... que queres hablar. Pero dejalo que diga algo.
- Yo no interrumpo.
- Te conozco - rio y yo junto a él- andá.
- ¡Gracias! - lo abracé y corri hacia la habitación. Entrando sin tocar la puerta.
- Sherlock, ya lo pensé, y creo que deberiamos hablar, lamento no habrte escuchado.