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Cuando escuché esa voz sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Miré a william buscando ayuda, pero solo men encontré con el tratando de esconder la risa.
Bufé y me giré a encararlo.
- ¿Qué haces acá?.
- Vengo de vez en cuando con la esperanza de encontrarte mi ninni - me guiñó un ojo.
- Seguis siendo igual de irritante por lo que veo.
- Ay ninni... por favor, ¿aún no me perdonaste? - dijo entre un tono cansado y un tanto suplicante.
Yo solo rodé los ojos, me crucé de brazos y di la vuelta para encarar la salida y alejarme lo más rápido posible de mi ex, que estaba resultando insoportable.
Sentí sus manos en mis hombros para impedir que me vaya, me dio media vuelta, haciendo que quedemos frente a frente.
- Ninni, amor..
- No me llames así- dije secamente, a lo que él suspiró mirando a mi hermano, como buscando ayuda, y yo lo miré al rubio en advertencia, aunque el me ignoró.
- Ninni, sabés porque vinimos acá.
- Me trajiste -corregí, con su mirada reprochandome por interrumpirlo.
- Lo que decia, es que sabes porque estás acá. Ninni, arreglarlo con el estadounidence este te va a hacer bien, y lo sabes. - negué, intentando evadir el revoltijo de sentimientos que sé que se forman en mi interior con tan solo escuchar su voz. - ¿alguna vez dejaste que te explicara?.
- No - murmuré.
- Ahí lo tenés, sientence a hablar. - Seguia sin estar del todo convencida.
- Escuchame, dejá que te lo explique, preguntá lo que quieras, y si después de eso todavía no me querés perdonar no voy a insistir más.- Habló esta vez el castaño, a lo que yo asentí, conforme con el trato. Caminamos hacia una mesa pero mi hermano nos frenó.
- Todo bien con que se conocieron acá y todo eso, hermoso, pero vamos a otro lugar a que charlen porque alguno de estos borrachos toma una gota más de alcohol y me vomita encima, y yo juro que los mato. - Reimos por su actitud de "princesita" pero a fin de cuentas tiene razón.
Caminamos a la puerta con william encabezando nuestra mini fila para salir, pero antes de poder poner una mano en la puerta esta se abrió sola, por un hombre que vomitó sobre la camisa y el saco de mi hermano.
Nate y yo nos reimos todo el camino, mientras el rubio solo se quejaba con miradas de asco por haber sido usado como bolsa de vomito.