La penumbra me reconcome. Día y noche. No logro evadirme de la perra. Cosiendo tapices de hilos mientras observo el enfrentamiento de Sir Nicholas y Sir Lionel en la justa dada en el almuerzo de hoy. No poder mirar es mi pesar, una dama fina no debe admirar tales cosas, pero me fascinan. La fuerza de sus piernas al compás con sus brazos mientras ejecutan la amistosa justa al mayor honor... -Impresionante- Susurré con media sonrisa.
Solo con mis actuales doce años ya se a lo que estoy dispuesta en la vida, quiero cabalgar a horcajadas sin rumbo fijo hacia las aventuras y embriagarme de dulce vino que prepare yo misma con uvas de la huerta. Sin depender y que nadie dependa de mí, siendo libre. Qué dura es la realidad que por desgracia, ese no es el futuro que me espera, o por lo menos en Minolia.
Cuanto menos podía tener algo, más me aferraba a esa idea, y no me he rendido nunca, pero esta ocasión es diferente. No se puede romper la sagrada ley por el capricho de una joven descentrada. Diariamente contemplo la idea de alejarme de la caballería y ser solo una noble de casa. Afortunada algunos me llaman, mas no comprenden mi deseo de empuñar una espada y surcar el prohibido mar Laer. Solo podemos navegar pequeña parte del mar Zar, dirección Maralta; seríamos unos insensatos si fuéramos hacia Ylissea, o eso dicen los escribas. Por lo que dicen las escrituras del Gran Cuervo Blanco, es un lugar donde los antiguos demonios habitan en forma de tentación, donde ni el juicio ni el sentido común son bienvenidos. Nunca hemos visto ese lugar, más que en ilustraciones según la descripción de los reyes fundadores. Resulta escalofriante la historia de como se asentó Ivthia, por suerte, a los menores de edad no es contada, solo conozco lo que he oído por las nodrizas. Cuentos de nanas resultan a mi gusto.
Dejé de reconcomer esta reflexión y seguí con el hilo en el tapiz. He de bordar una hazaña para poder tener la tarde sin quehaceres. Empuñé mi entonces arma, el dedal y la aguja, y comencé a hilar la bella danza de espadas a mi frente. Tras un largo rato y varios pinchazos, desencajé la obra y la entregué a la nodriza riendo mientras comenzaba a correr por todo el castillo mientras me dirigía detrás de los grandes patios, donde al comenzar a ver hierba, deshice el apretado moño de mi pelo, dejé caer los adornos de plata y zapatos al césped donde finalmente caí yo también embriagada por la felicidad. Di vueltas, saltos, me deslicé por toda la superficie tanto que mis brazos quedaron verdes. Estaba sencillamente contenta. En una aventura que mi mente inventó, yo era la capitana de un barco naufragado, y tenía que buscar agua y comida en una isla desolada. Para hacerlo más realista, emprendí un camino descalzo hacia la playa del castillo. Encontré un tronco en la orilla y simulé que era mi barco.
-Ogh, ¿quién soy?¿acaso este es un reino floral donde huele a mierda de caballo todo el día?-Actué de manera exagerada según mi propio juego.
Estuve creando escenas del falso naufragio durante unos minutos, cuando mi corazón dio un vuelco, oí un débil garraspeo.
Comencé a perder el aliento debido a la tensión de ese momento. No había nadie a mi alrededor, solo agua y arena; al decirme esto a mi misma, me arrodillé de golpe al suelo y comencé a escarbar mientras me costaba mantener mi propia respiración. No encontraba nada, pero estaba segura de lo que había oído. Fui hacia otra parte sin perder la cordura. Traté de abrir tantos hoyos como pude, pero estaba exhausta y me costaba demasiado inhalar por el pánico. Estaba convencida de que era una persona valiente, así que seguí escarbando, hasta que por fin di con algo duro en la arena. Aceleré la velocidad de mi cometido y desenterré una mano; comencé a tirar de ella, pesaba mucho para mis escuálidos brazos, solté un grito que me ayudó a sacar a la persona de la grava. Era una niña. No sabía que hacer, pero comencé a darle golpes en el pecho de manera agresiva mientras no paraba de jadear. Por fin comenzó a abrir los ojos mientras escupía agua.
-¿Está bien?, ¿cuál es su nombre?- Pregunté mientras respiraba, ya más tranquila.
-Lysandra, Lysandra Stone. Muchas gracias por haberme salvado, le debo la vida.- Decía mientras recuperaba el aliento.-¿Cuál es su nombre?.
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Ecos de magia y acero
FantasyValiente y con pasión profunda por la caballería. Desde temprana edad, es su deseo, pero se ve frustrado. Expediciones, descubrimientos, batallas, criaturas, reinos, traiciones, sacrificios, orgullo, honor, deshonra...