Cap. 10: El Diez.

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Va quedando piola la historia, no? Ah se halagaba sola (? Bueno, no sé qué decir ya, me gusta escribir. Me gussssta el arrrrrrte. Me gussssta la literatura. Me gussssta Linierrrrsss. ahre, no, madre. Bueno, qué se yo, que les guste c:


Una vez afuera, estallamos en carcajadas los dos. Era gracioso que el pobre Mascherano estuviese muy concentrado en vigilar la puerta de entrada pero no las otras tres puertas de servicio. Como era Messi el que salía, ningún empleado le decía nada ni se interponía en su camino, tuvimos prácticamente vía libre.

-Bueno, ¿y a dónde querés ir? –preguntó el diez, después de un rato.

-Ehh... No sé, esperaba que vos eligieras algo... -respondí, dudando.

-Bueno, qué sé yo, por ahora caminemos –dijo, después de pensar un rato.

Empezamos a caminar por la ciudad, primero rápido, para alejarnos del hotel (para que no lo vieran a él afuera); pero después aminoramos el paso para poder hablar. Era increíble la situación, y más increíble era aún que ninguna persona lo frenaba para pedirle autógrafos, parecía que realmente nadie lo reconocía. Me pregunté si yo lo hubiera reconocido al verlo así en la calle, o si me hubiera animado a hablarle.

-Parece que realmente, nadie te reconoce... -comenté.

-Sí, hoy está tranquilo. Hay veces que tengo fanáticos tan desesperados... No sé qué son capaces de hacer para conocerme –dijo, bastante serio.

Me di vuelta a mirarlo con cara de horror y noté que me estaba mirando seriamente. Al instante, mi horror se transformó en vergüenza infinita, y miré para otro lado.

-¿Lucas te dijo...? –pregunté, sin mirarlo.

-Sí, me contó –Lío seguía igual de serio-. Igual –agregó, después de un rato- no sé, digo... Hasta ahora ninguno se había animado a hacer algo así –su expresión seria había dado paso a una cara más de "persona comprensiva".

-No sé si eso es bueno o malo para mí –dije, todavía nerviosa.

-Depende –volvió a hablar serio.

-¿De qué? –inquirí, un tanto asustada.

Empezó a reírse de repente. No supe bien cómo reaccionar ante eso, así que reí también, aunque no con tanto entusiasmo como él. En cuanto se hubo calmado, me miró sonriendo sin decir nada, para volver a mirar hacia adelante. Realmente no entendía qué había querido decirme, y en cuanto abrí la boca para preguntarle, habló él.

-Tiene que haber algo interesante para ver por acá ¿no? Ah, mirá esto –señaló un letrero en la puerta de lo que parecía una casa- ¿Te parece entrar acá?

Asentí, levantando los hombros en señal de indiferencia, para después seguirlo a través de la puerta.

Salimos a la media hora, con varios folletos del "Museo de la Moneda" en mano. ¿Esto realmente le gustaba a Lionel? "Qué tipo raro..." pensé.

-Está bien, no son muy interesantes las monedas... -comentó, despejando mis dudas- Pero bueno, la próxima va a ser mejor, vamos a intentar –empezó a caminar mientras hablaba.

Estuvimos casi todo el día dando vueltas por la ciudad, caminando. Al principio era extraño, pero después empezó a ser gracioso el hecho de que Lionel no lograr encontrar nada interesante para hacer. Cerca del mediodía comimos algo, para volver a salir y seguir andando sin rumbo fijo. Hasta fuimos al cine, a ver una película que tampoco era de lo mejor. Sin embargo, eso sirvió para que Leo pudiera sacarse su "camuflaje" y hablar normalmente conmigo, ya que nadie lo veía. En general, el día en sí estuvo bueno, pese a esos intentos fallidos de buscar actividades. Hiciera lo que hiciera, iba a ser glorioso, porque Messi estaba ahí al lado mío.

¿El vegano o el mejor?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora