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—Se puede saber por qué quieres ayudar a Hefesto? Desde cuándo eres tan caritativa?– pregunta confundido Eros

—Digamos que es una caridad intencionada– comenta la pelirrosa observando como el Dios de la Forja iba a reunirse con esa Ninfa de la cual no recordaba el nombre –Ahora– le indica

El rubio suelta un suspiro y dispara dos de sus flechas de Oro tanto al Dios como a la Ninfa logrando que ambos caigan perdidamente enamorados el uno del otro

Viendo esto la pelirrosa siente su poder ir en aumento, por lo que sonreí levemente divertida antes de envolverlos tanto a ella como a Eros en un tornado de arena dorada apareciendo en su templo en el Olimpo

—Ahora si me explicas por qué ayudaste a Hefesto a enamorar a la Ninfa?– le pregunta viendo cómo ella se tira en uno de sus sofás

—Eros. Cómo es que tú aumentas tu poder?– le pregunta

—Enamorando gente– le responde

—Mi poder aumenta cuando cumplo los deseos más profundos de las almas. Sabes cuál era el de Hefesto?– le cuestiona dando un bostezo

—Estar enamorado– reflexiona el menor

—Casi. Su deseo es ser amado– le corrige logrando que el rubio entienda

—Entonces al flecharlo con aquella Ninfa que tenía interés por él conseguiste cumplir tu deseo y aumentar tú poder y el mío de pasó– reflexiona

—ding, ding, ding. Al parecer tu cabeza todavía sirve– le felicita – Los deseos de los dioses dan mucho más poder que él de los humanos. Pero aún así no puedo ir cumpliendo los deseos de todos los Dioses porque en su mayoría son imposibles o desataría el caos. Es por ello que hago lo posible por cumplir los que encuentro más fáciles– le explica

—Eso es inteligente– murmura pensativo

—Lo sé– le responde aburrida antes de quedarse dormida

Entrando a un sueño que logro hacer doler su corazón. Después de todo, que bonito es que cada vez que te duermas sueñes con ella persona a la que estás tratando de olvidar

.  .  .

La Diosa de los sueños había Sido mandada a llamar por su padre para tomar una merienda juntos. Esta traía leves ojeras bajo los ojos de no poder dormir bien, debido a los constantes sueños con cierto Dios. Muchas veces cuando se despertaba estaba llorando, por lo que decidió intentar no dormir para no tener que verlo. Incluso había tenido que sacar de su habitación aquel peluche del can infernal ya que le recordaba al Inframundo

Al llegar al lugar en donde el Rey de los Dioses la esperaba pudo ver una mesa de té con cientos de dulces y frutas

—Hera me dijo que te gustaban los dulces así que te pedí algunos. Ven, siéntate– habla el mayor desde una de las sillas de la mesa

—con permiso– habla la menor tomando asiento en la mesa junto a él

—come lo que quieras. Hay alguno que te guste en especial?– le pregunta

—Los de chocolate con vainilla– le responde y por el rabillo del ojo puede ver cómo los ojos del soberano de los cielos se vuelven melancólicos

—es una buena combinación de sabor– murmura de forma baja antes de servirle una rebanada de pastel con dichos sabores

En eso la puerta se abre y por allí ingresa la Diosa de la Sabiduría. Por lo que la Pelirrosa aprovecha está distracción para utilizar su poder con tal de ver cuál es el sueño más profundo de Zeus. Solo para encontrarse con una imagen algo triste

Su mayor sueño era formar una familia, pero no una familia como lo que tiene ahora, para nada. Su familia estaba confirmada solamente por cuatro personas. Él, Athena, ella misma y una mujer de cabellos rosas muy parecidos a los suyos. La misma mujer que estaba en el sueño de Athena, Metis

Quizás de ahí venía el especial cariño que Zeus le tenía, de su parecido con su antigua esposa de la cual solo había oído hablar a través de los sirvientes del Inframundo que alegaban el parecido entre ambas. Quizás de allí también venía el odio que la diosa de la sabiduría le profesaba. Del parecido con su madre sin ser hija de esta

.  .  .

La diosa menor entró al templó de la Diosa del amor con un obvio cansancio. Había tenido que soportar a Athena durante toda la merienda. Mientras que Zeus trataba sus discusiones como simples peleas infantiles entre dos pequeñas niñas. Sin duda estresante

—Por favor, Afrodita. Ayúdame a sacarla del Inframundo, ya no se que más hacer– le pide aquella voz a la diosa del amor quitándole el aliento

Ella abrió las puertas del templo y vista se dirigió a él de forma inmediata. Sus vistas chocaron de forma inmediata y sintieron una punzada en su corazón al ver la apariencia del otro. Un reencuentro sin duda deseado, pero a su vez nada solicitado

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