Necesito sufrir. Lo siento en lo más profundo de mi ser, como una necesidad que arde y se retuerce en mi interior. No es un deseo pasajero, sino una urgencia que me consume, como un fuego voraz que no se apaga. Necesito llorar, pero no con lágrimas que se derraman suavemente; necesito un llanto que nazca desde lo más hondo de mi alma, que rasgue mis entrañas y me deje sin aliento. Un llanto tan intenso que las lágrimas no sean suficientes, que mi cuerpo se quede seco, vacío, extenuado. Quiero que mis ojos se tornen rojos, inyectados de dolor, hinchados por el llanto incesante. Que cada parpadeo sea una agonía, una punzada de fuego que me queme por dentro.
Quiero estar solo. En un cuarto oscuro, apenas iluminado por una luz tenue, una luz que apenas y logre penetrar la densa oscuridad que me rodea. Un cuarto pequeño, casi claustrofóbico, donde las paredes parezcan cerrarse sobre mí, pero que a la vez me otorgue la libertad que tanto anhelo: la libertad de desahogarme, de soltar todo lo que llevo dentro. Necesito un lugar donde el silencio sea absoluto, pero al mismo tiempo ensordecedor, donde el eco de mis gritos se pierda en la nada, donde cada susurro, cada gemido de dolor, quede atrapado en las sombras.
Quiero gritar. Gritar hasta que mi garganta se desgarre, hasta que mis cuerdas vocales se rompan y mis pulmones se vacíen por completo. Quiero sentir el dolor físico, el ardor en mi pecho que se mezcla con el dolor emocional, ese que se arrastra por mi ser, devorándolo todo a su paso. Necesito que la soledad me envuelva como un manto pesado, que se adhiera a mi piel y me oprima, que no me deje respirar, que me haga sentir su presencia en cada segundo, en cada latido.Quiero sentir el dolor verdadero. Ese dolor que no se disipa con palabras de consuelo, que no se desvanece con el tiempo, sino que permanece, constante, como una herida abierta que nunca sana. Un dolor que me recuerde que estoy vivo, que aún puedo sentir, aunque sea el sufrimiento. Necesito que la tristeza se infiltre en cada rincón de mi ser, que sea como una neblina densa que nubla mis pensamientos, que apague cualquier destello de alegría, cualquier rayo de esperanza. Quiero que la tristeza me consuma desde dentro, que se arraigue en mi corazón y no lo suelte.
Quiero ser consumido. Como un árbol en medio de un incendio, quiero sentir cómo el fuego se esparce por mi cuerpo, cómo las llamas lamen mi piel, cómo el calor me sofoca y me quema desde adentro. Quiero que ese fuego, ese dolor, se propague sin control, que no deje nada a su paso, solo cenizas, solo restos de lo que alguna vez fui. Que cada chispa de alegría se extinga, que cada hoja de esperanza se consuma en un instante, hasta que no quede nada más que la oscuridad, el vacío, el silencio absoluto.
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PENSAMIENTOS...
SpiritualEn este libro se abordan pensamientos y emociones que muchas personas experimentan a lo largo de sus vidas. Se exploran desde los sentimientos más hermosos y edificantes, como la felicidad y el amor, hasta los miedos y ansiedades más oscuros, aquell...
