Anika.
Luego de que sonará tres veces conteste sin de decir absolutamente nada, solo oigo su respiración y él la mía.
Cuando creí que no iba a decir ninguna palabra, suspira.
—¿No me piensas saludar? —murmura con voz ronca.
—¿Hola? —le digo perdida.
No esperaba que me llamara. Escucho como ríe y su risa manda descargas eléctricas por todo mi cuerpo.
—Pareces sorprendida, pero no te juzgó. Yo estoy igual…— lo último lo dice casi en un susurro que logre escuchar.
—Admito que estoy un poco sorprendida por la llamada, la verdad no lo esperaba, no de ti.
—Bueno, tengo que admitir que es algo impropio de mí, pero siempre logras que haga cosas que no acostumbro a hacer— suspira cansado— Es uno de tus dones, diavolessa.
La verdad, si no estuviera despierta creería que esto es un sueño, no consigo creer que este sea el Damián Rinaldi con el que crecí, admito que siempre estuvo al pendiente de mí y cuidándome, pero desde lejos, siempre frío y distante, pero a la vez cercano.
Es raro de explicar, sí. Pero es así, no puedo acostumbrarme a esta nueva personalidad de él, en cualquier momento vuelve a ser el mismo idiota de siempre.
—No sé si ese es un alago, pero así lo tomaré— murmuro suspirando— ¿Para qué me llamabas?
Se queda en silencio por unos dos minutos y luego se aclara la garganta.
—Solo quería saber si despertaste bien, después de todo me vine sin avisar, pensé que debía por lo menos llamarte— dice como si todo lo que acaba de soltar le costará.
Definitivamente, creo que algo lo poseyó.
—No tenías que, no es de mi incumbencia si te ibas o no.
No, no puedo acostumbrarme a este nuevo modo de él, sé que no le durará mucho, así que mientras más rápido se acabe mejor.
—Lo sé, pero solo quería que supieras, tal vez no nos veamos por unos días.
No, otra vez no, sabía que algo así pasaría de nuevo. Damián es alguien en el que no se puedo confiar.
Se irá, otra vez se irá.
Me quedo callada sin decir palabra alguna, hasta que decido hablar.
—Ya te vas a largar de nuevo—digo seca.
—No, solo serán máximo tres días, surgieron algunos problemas con unas armas que debían ser entregadas ayer. Tengo que resolverlo.
Suspiro aliviada y él escucha por lo que ríe bajito.
—No te rías imbécil.
—Me causa mucha risa que por un momento pensaras que me iba, pero no te culpo— suelta el aire que no sabía que estaba reteniendo—, Bueno, tengo que irme, te llamaré luego. Adiós diavolessa.
—Adiós, Damián.
Ninguno de los dos cuelga el teléfono y solo oímos la respiración del otro, hasta que alguien toca la puerta de mi habitación.
—Ahora si, adiós.
No me deja responder y cuelga. Suspiro mientras me pongo de pie y me dirijo a la puerta a ver quién es.
Mamá y papá están de pie con una bandeja llena de postres mientras me ven son unas sonrisas gigantes.
Quien creería que estos dos son uno de los mayores asesinos de Rusia.
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Oscuro Deseo.
Action"Ella tenía un rostro angelical, pero no te dejes engañar, esa era su arma secreta".
