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El sol de la mañana se colaba a través de las cortinas de la casa en las colinas, llenando la habitación con una luz cálida. Pérez se despertaba poco a poco, estirando los brazos y sonriendo al recordar qué día era. Hoy se cumplían dos años desde que él y Max Verstappen comenzaron su relación, y estaba emocionado por el día.

La casa estaba decorada con detalles en dorado y plateado: luces, velas y pequeños adornos que recordaban sus momentos juntos. Todo estaba listo para celebrar su aniversario de una manera especial. Pérez había planeado varias sorpresas para el holandés, quien aún estaba dormido.

Se levantó con cuidado para no despertarlo y se fue a la cocina. Mientras preparaba el desayuno (panqueques, frutas frescas y café), pensaba en cómo había cambiado su vida desde que Max entró en ella. Recordaba la primera vez que se conocieron, en un evento de Fórmula 1, y cómo una conversación casual había llevado a una conexión profunda.

El aroma del café comenzó a llenar la casa, y pronto Max empezó a despertar. Cuando se estiró y abrió los ojos, vio a Pérez sonriéndole.

—¡Buenos días mi amor! —dijo Pérez, llevándole el desayuno a la cama—. ¡Feliz aniversario!

Max, todavía medio dormido, se sorprendió al ver el desayuno.

—Checo... ¡Esto está increíble! —Miró alrededor, notando la decoración—. No puedo creer que ya hayan pasado dos años.

Pérez se sentó a su lado, tomando su mano.

—Parece que fue ayer cuando empezamos a salir. Pero mira cuánto hemos vivido juntos. Cada día contigo es una aventura, y no puedo esperar a ver qué nos depara el futuro.

Después de un desayuno relajado y lleno de risas, Pérez tomó la mano de Max y lo llevó al jardín, donde había preparado un picnic al aire libre con una vista impresionante de las colinas. La mesa estaba llena de flores frescas, frutas, quesos y una botella de vino espumoso.

—¡Esto es precioso! —exclamó Max, admirando el entorno—. Nunca has dejado de sorprenderme.

Se acomodaron sobre una manta suave, disfrutando de la comida y la compañía. La conversación fluía naturalmente, llena de risas y miradas cariñosas. Pérez le mostró a Max un álbum de fotos que había preparado para el aniversario, con imágenes que capturaban momentos especiales de su relación: viajes, cenas románticas y eventos importantes.

—Nunca imaginé que un álbum de fotos pudiera ser tan emotivo —dijo Max, pasando las páginas con ternura—. Gracias por hacerme sentir tan amado, eres mi gran amor Chequito

Pérez le sonrió, sintiendo una profunda gratitud por los momentos que habían compartido. El sol seguía su curso en el cielo, y la tarde pasó rápidamente, llena de conversaciones y planes para el futuro.

Cuando el sol comenzó a ocultarse, Pérez tenía otra sorpresa lista. Lo llevó hasta un pequeño bote anclado en un lago cercano, decorado con luces y flores.

—¿Qué es esto? —preguntó Max, asombrado y emocionado.

—Te prometí una noche especial —dijo Sergio—. Quiero pasar esta velada contigo en el lago, bajo las estrellas.

Se embarcaron en el bote y, mientras navegaban por el agua tranquila, la luna se alzaba en el cielo, reflejándose en la superficie del lago. El mexicano sacó una pequeña caja de un compartimiento oculto en el bote. Dentro había un elegante anillo de plata con una piedra preciosa que brillaba suavemente a la luz de la luna.

—Max —dijo mirándolo a los ojos—. Estos dos años han sido los mejores de mi vida. Cada día contigo me recuerda lo afortunado que soy y quiero seguir compartiendo mi vida contigo, no solo hoy, siempre. ¿Aceptarías este anillo como símbolo de nuestro amor eterno?

Max miró el anillo, sus ojos llenos de emoción y lágrimas.

—Sí, amor yo lo acepto con todo mi corazón.

Se abrazaron y se besaron bajo las estrellas, mientras el lago permanecía en calma, reflejando el amor que compartían. La noche continuó con risas, conversaciones y planes para el futuro, mientras el bote navegaba suavemente por el lago.

Al regresar a casa, Pérez y Max se acomodaron juntos en el sofá, disfrutando de una película que ambos habían elegido para la ocasión. La noche terminó con una sensación de satisfacción y felicidad, sabiendo que habían celebrado su tercer aniversario de una manera que ambos siempre recordarían.

Con el corazón lleno de amor y gratitud, el mexicano miró a Max, sabiendo que, a pesar de los desafíos que podrían enfrentar en el futuro, su amor seguiría siendo la base de su vida juntos. Habían construido una relación sólida y hermosa, y el futuro prometía aún más aventuras y momentos especiales para compartir.

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