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Las posiciones de la carrera dejaban a Max lejano al podio, sexto lugar. Se sentía insuficiente, tanto como para llegar y golpear el sillón frustrado, pero algo particular era que aún no se quitaba el casco. Parecía un niño tratando de que nadie viera que había llorado durante la carrera.

- ¿¡Que demonios fue eso Verstappen!?. - Daniel entró furioso aventando su casco contra el suelo y golpeando a Max en la cabeza. - ¡Dices que eres capaz y competente y mírate, quedaste en sexto lugar!

El holandés furioso por el golpe que le había dado se levantó y lo empujó mientras ahora sí se quitaba el casco. - ¡Cállate! ¡Tu ni siquiera has podido llegarme a los talones!

La pelea escaló a mayores haciendo que los mecánicos tuvieran que separarlos, Daniel con un ojo morado y el rubio con sangre escurriendo de su nariz, sabía que estaba desepcionando a Horner de todas las maneras posibles, sin embargo, él ya había desepcionando a Max desde el momento en el cual encontró un reemplazo inmediato por el mexicano.

La prensa quería entrevistar a Max pero él se negó rotundamente y fingió sentirse mal para poder irse del paddock, solo quería llegar al hotel y encerrarse a llorar lo que quedaba el día. Sabía que Pierre había organizado una fiesta de festejo al anochecer pero no tenía animos para salir y si quería tomar podía hacerlo con las botellas de tequila que tanto amaba Sergio.

Había notado que cuando corría la sensación era diferente a la de antes, pues ahora lo sentía como algo indiferente y antes amaba cada sensación de ir acelerando, rebasando y sobretodo la de ganar. Sentía que los besos que le daba Checo antes de cada carrera hacia que se sintiera aún más motivado para ganar y poder festejar con él, pues el mundo no importaba mientras ellos estuvietsn juntos. Cuando llegó a su habitación del hotel dejo el casco de su novio en la cama y se dirijo a ver una de las fotos que estaba en la mesita al lado de su cama.

— Hay pecas... ¿Crees que pueda seguir sin ti? Me haces mucha falta bonito, tú deberías estar aquí conmigo cuidándome como antes, deberíamos estar festejando juntos. Tu madre me dijo que sabía todo sobre nuestra relación y bueno, ahora toda tu familia lo sabe. No es justo que no estés aquí, daría mi vida con tal de volver a verte una vez más. — sus ojos comenzaron a picar— Y yo no sé que haré sin ti

Rápidamente seco sus lágrimas, ya no quería llorarle más al castaño pues su madre le había dicho que cuando lloramos y lloramos por ellos no los dejamos descansar en paz y Max se había creído eso completamente, tal vez era real o tal vez no, pero una mentira blanca para ver a su yerno un poco mas calmado le hacía bien a todos.

[...]

Carlos Sainz había organizado una comida en su casa, una forma de relajarse antes de la siguiente carrera. La casa, ubicada en Madrid, estaba llena de luz, con ventanas amplias que daban al jardín. Los pilotos comenzaron a llegar uno tras otro, saludándose con bromas y abrazos.

—¡Charles! — saludó Carlos al ver entrar a Leclerc—. Me alegra que llegaras, pensé que ya te habías perdido.

Charles Leclerc sonrió, dejando su abrigo en una silla cercana.—Tráfico, ya sabes. Pero no me perdería tu paella por nada del mundo.

En la mesa, George Russell y Lando Norris ya estaban charlando, riendo entre bocados de jamón ibérico.

—La última carrera fue un caos —decía George—. Casi pierdo el control en la curva 3, y Max estuvo a punto de salirse también.

—Ya lo sé —respondió Lando—. Pero el tipo siempre encuentra la manera de salvarse en el último segundo.

Max Verstappen, que acababa de llegar, se sentó en silencio en la mesa. Saludó con una ligera sonrisa a los demás, pero su mirada estaba distante. Todos sabían que aún le costaba aceptar lo que había pasado. Mientras tanto Carlos, desde la cocina, trajo una fuente de calamares fritos y la colocó en el centro de la mesa.

—Venga, dejemos de hablar de carreras por un rato —dejó la charola y se sentó —. ¡Hoy estamos aquí para comer bien y relajarnos!

—Estoy de acuerdo —dijo Charles, tomando una copa de vino—. Siempre es bueno desconectar un poco. Aunque con Max aquí, seguro que no nos salvamos de hablar de motores en algún momento.

Max soltó una risa suave, pero no dijo nada. Sus ojos, sin embargo, parecían perdidos en algún lugar lejano.

Mientras todos comían y charlaban, el ambiente en general era relajado, pero había un tema que ninguno de los presentes mencionaba. La ausencia de alguien que en otras circunstancias hubiera estado sentado a la mesa con ellos, riendo, compartiendo historias. Carlos intentaba mantener el ánimo alto, pero notaba cómo Max se iba apagando poco a poco.

Finalmente, Carlos levantó su copa.

—Gracias a todos por venir se que ha sido un año complicado pero es bueno tener estas reuniones. A por más victorias, chicos.

Todos levantaron sus copas, chocándolas entre sí, menos Max, que apenas esbozó una sonrisa antes de beber un sorbo de vino. Lando, intentando animar la situación, cambió de tema.

—Oye, Carlos, ¿y qué tal un partido de pádel después de comer? A ver si sigues siendo tan bueno como dices.

—¡Eso cuando quieras! Pero te advierto que no será fácil ganarme.— le advirtió para después beber de su copa.

Mientras las risas llenaban la sala de nuevo, Max se levantó de la mesa y salió al jardín. Carlos lo vio y lo siguió, dejando que los demás continuaran con la conversación. Encontró a Max mirando al horizonte, con las manos en los bolsillos.

—¿Estás bien? —preguntó Carlos suavemente.

Max asintió, pero sus ojos estaban vidriosos. —Es solo... —empezó a decir Max, pero la voz se le quebró—. Todavía no puedo creer que no esté aquí. Se suponía que íbamos a pasar nuestra vida juntos, y ahora... ya no está.

—Lo sé, Max. Todos lo extrañamos.— se acercó a darle un abrazo por los hombros.

Max respiró hondo, tratando de controlar las emociones. Habían pasado meses desde el accidente, desde la pérdida de Checo, su prometido. Pero la herida aún estaba fresca, y cada día era una lucha por aceptar su ausencia.

—A veces pienso que va a aparecer en cualquier momento, con esa sonrisa suya. Pero sé que eso no va a pasar. — Agachó la mirada para evitar que las lágrimas salieran de sus ojos

Carlos apretó su hombro con más fuerza. —No es fácil, pero aquí estamos para ti. Siempre.

Max asintió de nuevo, y juntos, volvieron a la mesa, donde los demás seguían charlando. Aunque el dolor seguía presente, poco a poco, con el apoyo de sus amigos, Max comenzaba a aceptar la realidad.

Always You | chestappen Donde viven las historias. Descúbrelo ahora