Cuando llegamos a su hotel me guío hasta su habitación, caminé al baño con la excusa de querer bañarme. Abrí la regadera pero no me metí al agua, en cuanto escuché la puerta del cuarto cerrarse salí del baño, tomé mis converses que había dejado en la puerta y salí de la habitación tan rápido como pude.
Me dirigí al elevador, pulse la planta baja y en cuestión de segundos ya estaba caminando por el lobby del hotel. El problema llegó cuando vi a la seguridad del lugar tratando de evitar que personas con cámaras entrarán, por lo que mi salida silenciosa no se podría completar y al no recordar el número de habitación decidí buscar algo que hacer. En los hoteles hay albercas, ¿no?
Fui con uno de los recepcionistas a preguntar y aunque me miró como si fuera tonta al creer que no había una me mando al último piso del hotel. ¿Quién pone la alberca en el último piso? No repliqué e hice lo que me dijo, volví al elevador y apreté el botón del último piso.
Me sentía cansada, derrotada, me dolía la cabeza y solo quería ir a casa. Pero sobre todo la necesidad de nadar me invadió, era una extraña sensación que me invadía y tan solo necesitaba sentir el agua abrazando mi cuerpo. Me sentía drogada y eso que no había probado nada esa noche.
Al llegar al piso las puertas se abrieron a lo que parecía ser todo un gimnasio, seguí los señalamientos hasta la piscina y una vez ahí, me quedé en bragas ya que no me había usado sostén esa noche. Deje la ropa en el piso a un lado de los Convers y ya sin importarme el maquillaje o el peinado me lance al agua.
Le di un par de vueltas a la piscina, no era olímpica pero tampoco de las típicas en las casas, simplemente era demasiado promedio. Luego de un rato me hundí, de niña me gustaba ver todo sentada en el fondo de la piscina; aunque, está vez deje que el agua me levantará, quedando en posición de muertito hacia abajo.
Aunque mi calma duró poco ya que un rato despues senti un par de manos tomándome de la cintura y sacandome del agua. El susto provocó que abriera la boca y un par de litros entrarán por esta. Espero que los ricos no se orinen en estas cosas; una vez que sentí mi cuerpo sentado en la orilla de la alberca con mis manos me limpie la cara para ver al culpable de mi casi muerte, el cual oh sorpresa, era Jason.
—¡¿Querías matarme o qué?! —le grité levantándome de golpe.
—¡Tú eras la que estaba boca abajo en la piscina! —grito viendo hacia abajo.
—¡Pudiste haber gritado o algo, casí haces que me ahogue! —Mi respiración seguía agitada y el hecho de que no me mirara me ponía cada vez más tensa.
—Lo hice pero no hiciste caso, además, se supone que te deje bañándote y al volver no estas, luego voy por todo el hotel hasta que el botones me dice que estas aqui, ¿que haces aqui? —en su voz había preocupación y por primera vez en la noche cedió.
—Planeaba escapar, pero hay demasiados reporteros fuera y recordé que el agua me relaja, los ricos si que saben hacer cosa —cruce los brazos y fue ahí cuando recordé que no usaba sostén por lo que rápidamente me giré —¡¿Por qué no me dices que me estas viendo los senos?!
—En teoría no te los estoy viendo, el agua se ve demasiado interesante y estás tan entretenida gritándome que no lo notaste.
—Pero me pudiste haber dicho —dije aun de espaldas, no podía ver su expresión pero por alguna extraña razón sabía que estaba sonriendo.
Escuche cuando salió del agua, podía sentirlo detrás de mí y de pronto tenía sobre mis hombros su saco, sus dedos apenas me rozaron; me quedaba lo suficientemente largo para cubrir las bragas. Su aroma me invadió, olía a suavizante de telas y colonia cara. Tal vez podría acostumbrarme a esto. No. No debía acostumbrarme.
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Los caballos de mar
Ficção AdolescenteCuando te conocí yo tenía dieciocho y tú tenías veinticinco. Yo era la amiga de alguien y tú el futuro de Hollywood. Tu eras uno de mis más grandes ídolos y yo solo una fan más tuya. Cuando te conocí, estaba perdida en medio de la oscuridad y tú me...
