Cuando te conocí yo tenía dieciocho y tú tenías veinticinco.
Yo era la amiga de alguien y tú el futuro de Hollywood.
Tu eras uno de mis más grandes ídolos y yo solo una fan más tuya.
Cuando te conocí, estaba perdida en medio de la oscuridad y tú me...
Cuando dije, me quiero ir lo antes posible, el universo pensó que era para la próxima luna llena del 30 de febrero. Acababan de alargar la espera de mi vuelo por tercer vez, tráfico aéreo, que un accidente, que está lloviendo, que una tormenta llegaba por el Atlántico, puras excusas; estaba estresada pero al menos tenía una hamburguesa seca que casi terminaba y una cuba del área VIP del aeropuerto
El bartender había colocado una película de los noventa en la televisión y además de mí había un par de hombres en trajes estresados por no poder regresar a casa con sus familias; estaba mirando mi teléfono cuando lo sentí.
Tengo la teoría que había generado un sentido arácnido para esas cosas, podía oler su perfume a metros, mi piel se ponía chinita con solo tenerlo en la misma habitación y al menos las primeras dos horas de conocernos, me ponía demasiado nerviosa a su lado. Había creído que todo eso desaparecería con el tiempo pero en cuento hablo, supe que nunca fue así de fácil; supe que el festejo de haberlo olvidado había sido una vil farsa de mi mente.
—Linda chamarra, ¿bebiendo antes de un vuelo?, es algo irresponsable de tu parte —mencionó sentándose en el taburete de al lado, yo dejaba mi pedazo de hamburguesa y me estaba limpiando la boca. Había supuesto que nunca lo volvería a ver por lo que la chamarra había pasado a ser mía y no encontré mejor manera de cuidarla que llevándola puesta; claro que ahora analizando todo, pude dejarla olvidada en el cuarto del hotel.
—Mi vuelo no sale hasta nuevo aviso, puedo emborracharme si quiero —respondí tomando mi vaso y bebiendo de él; más para ocultar mi nerviosismo.
—Siempre hiciste lo que quisiste.
—Igual que tú.
Fue justo ahí que me gire a verlo, lucía distinto: cansado, sin vida en los ojos; un simple fantasma; llevaba un pantalón de mezclilla, playera y chamarra; tenía apenas el contorno de la barba. No había rastro de la imagen que había dado la noche anterior en el evento. Ni mucho menos la que se mostraban en las entrevistas y demás lugares donde salía, ni siquiera se parecía al mismo Jason Lawrence de todas esas revistas.
—¿Qué haces aquí? —pregunté con la mirada puesta en él.
—La versión corta, se canceló mi vuelo —dijo llamando al barista, este rápidamente llegó a nuestro encuentro —. Una cerveza, al aparecer todos los vuelos a Europa están cancelados por una tormenta en el Atlántico.
—Lo sé, pero, ¿Europa? ¿no viajas en dirección contraria? —había regresado mi mirada a mi hamburguesa, pero el hambre había desaparecido; por lo que terminé jugando con mi vaso.
—¿Por qué?
—Bueno, vas a ser padre.
—Gracias por recordármelo, cómo sí no lo hubiera visto ya unas mil veces en todos lados —siguió con un tono sarcástico.
—El sarcasmo no era necesario, vas a tener un bebé, ¿Por qué no volver a casa con tu esposa? La deben estar acosando los reporteros —mi tono había salido demasiado indignante, la tipa no me caía nada bien por muchas cosas que habían pasado en otra época pero no se me hacía correcto que él prácticamente huyera al otro lado del mundo; el bartender regresó con su bebida y eso le dio tiempo para responder.
—No lo entenderías —le dio un gran trago a la bebida, para después dejarla sobre la barra; no me miraba, se había sumergido en sus pensamientos. Hubiera dado todo por saber que pasaba en su mente en otra época, pero hoy no.
Tome mi bebida, respire para después tomarme el sobrante de golpe; no entendía muchas cosas, casi al final de todo esas palabras fueron la tercera en discordia, no me apetecía volver a escucharlas en mi vida. Cómo sabía que no me iba a explicar, deje mi vaso y tome mi mochila para salir de aquella área. Pero podía sentirlo detrás de mí, yo solo quería descargar todo lo que había tomado por lo que fui al baño más cercano, termine mis necesidades y al estar frente al espejo del lavamanos vi un brillo raro en mis ojos.
No, volver a verlo no me ponía así, estaba así porque iría a México, gorditas, tacos y tamales; pasaría unos días con Hana y todo será como antes. Respiro profundo y al fin decido salir del baño, lo encuentro recargado en la pared de enfrente, observaba su teléfono con el ceño fruncido, se le salta una vena de la frente cada vez que se enoja.
—¿Sabes que cuando te enojas se te salta la vena de la frente? —pregunte sin moverme de la puerta y con una sonrisa burlona. levanto la mirada para verme, alzo su ceja derecha y luego sonrió.
—Londres —dijo de la nada, al ver mi cara de confusión siguió hablando —. Voy a Londres, debo terminar de grabar una película, después regresó a Los Ángeles con ella y el bebé.
Lo mire, buscaba algún indicio de felicidad o al menos el rastro de alguna emoción, pero no había nada, ¿no las personas que van a tener hijos lucen felices? Él se veía como si hubiera sido condenado a muerte.
—Bueno, al menos puedes aparentar felicidad, como cuando te preguntaban por tu boda en la televisión.
—¿Veías las entrevistas? —pregunto extrañado.
—No porque quisiera, te ponen en todo negocio para tener de fondo, al parecer a las mujeres las vuelves locas y no entiendo porque, además todos me abordan con tu vida a donde sea que vaya —me moví de la puerta comenzando a caminar por el pasillo del aeropuerto, ya era de noche y además de los que tenían vuelos cancelados ya no había gente.
—Son demasiado intensos, no pasaron ni veinticuatro horas y ya estábamos en periódicos y revistas.
—Como siempre ha sido.
—Sí.
Llegamos a una tienda de souvenirs a la cual entramos, dentro del espacio de cosas en descuento, encontré un micrófono con el que decidí molestarlo.
—En exclusiva para el New York Times —dije con el micrófono enfrente de él, me miraba divertido — Señor Lawrence, cuéntenos acerca del mejor día de su vida.
—Fue una noche común de primavera, la noche en que te conocí —bajé el micrófono extrañada.
—¿Qué?
—Conteste tu pregunta —dijo acercándose al área de lentes.
—Pero, siempre dices que el día de tu boda —seguí perpleja —. Planeaba molestarte con eso.
—Ya lo has dicho, solo finjo para que me dejen en paz, ¿tienes una idea de lo que pasaría si fuera honesto en todas las entrevistas? —solo lo mire, no sabía si quería que contestara —. Ya me hubiera divorciado —término de probarse algunos modelos de lentes.
—¿Cuando nazca tu bebé seguirás mintiendo?
—Sí mi boda no fue el mejor día de mi vida, dudo que el nacimiento de un ser cambie eso —contestó, me miró con uno de los modelos aun en su cara —. Esa noche te veías hermosa, tenías un vestido de dos piezas color negro, junto a unos tacones que se quedaron en mi auto; había glitter en tu maquillaje y llevabas el pelo suelto enchinado.
»Ya sabes que obligue a Sasha a hacer que te conociera —. Dejó los lentes en su lugar, hice lo mismo con el micrófono y salí de la tienda con Jason detrás.
—¿A dónde vas? —pregunto medio gritando.
—Por el trago que me querías invitar, estaremos aquí muchas horas y necesito alcohol para seguir aguantandote. De esa manera buscamos entre lo abierto algo de alcohol, sería una noche muy larga.
...
Feliz jueves, estoy rodeada de libros y chamba, pero me siento como Andy en El diablo viste a la moda
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Por cierto, voy a estar en una entrevista hablando de mi tesis de wattpad, la info esta en mi perfil de instagram por si quieren ir, besitos.