Emma
Bosque Encantado
XIII
Aún me sentía cansada y débil, y no sabía hacia donde Regina me dirigía. Después de esa conversación en el calabozo, me sacó de la celda y me llevó a su lado siendo custodiada por un par de caballeros.
“Que no me lleven a la horca… Por favor, que no me maten. No soy una bruja, solo soy una estúpida mujer que no sabe decir que no a tiempo” Eso era lo que rondaba mi mente mientras caminábamos.
Mis ojos contemplaban horrorizados y asombrados los cuadros y antorchas que adornaban las paredes. Hacia un momento estaba en Nueva York, midiéndome un vestido que ni en mis sueños más locos imaginé vérmelo puesto, y ahora avanzaba entre pasillos y rincones de un lujoso castillo. Ahora el sonido de las armaduras chirriando al caminar, la falta de luz eléctrica, el olor a suciedad y enfermedad, y el constante miedo de ser ejecutada me recordaban que me encontraba lejos de casa, de mi realidad. Para ser exacta, a setecientos setenta y cinco años de distancia.
Tenía unas pocas horas estando ahí, sin tener idea de cómo, y ya extrañaba a mi familia. Extrañaba a mi papá y a sus chistes malos, la lasaña y sidra casera de mamá, también extrañaba pelear por la televisión con Ruby y tener a Bigotes, mi gata, encima de mi regazo.
A quien no echaba de menos era a Killian y a nuestro matrimonio.
En ese sitio, caminando hacia la nada, con la luz de una antorcha alumbrando mis pasos y con caballeros medievales a mis espaldas, lo único que me resultaba conocido era mi ropa y la billetera con la foto de mi familia.
¡Lo que necesitaba era cancelar mi compromiso, no cambiar de realidad! ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Quién me mandó a esa época y por qué? ¿Con que objetivo? Joder, ¡era mil doscientos sesenta y siete! Un año donde sino te mataba una peste, lo hacía el pueblo y entre llamas. ¿Qué tendría que buscar allí, en medio de la mierda?
—No te quedes atrás —la voz de Regina me devolvió a la realidad.
Antes de siquiera responderle, una muchacha vestida con lo que pensé era un camisón de manta y un delantal vino corriendo para pararse frente a la princesa y hacer una reverencia. Luego, permaneció ahí, quieta y esperando.
—Belle, ella es mi invitada —Regina me señaló. ¿Bruja y luego invitada?—.Prepárale un baño y trae un vestido limpio. Informa a Su Alteza que los planes han sido retrasados.
La chica me miró de forma rara, pero no dijo nada y asintió con otra reverencia para desaparecer tan rápido como llegó.
Sin dirigirme su atención, Regina se adentró a una de las salas del castillo y por instinto la seguí. Mi boca se abrió ante la vista. Era un salón de baile o algo así, pero no se asemejaba a nada de lo que leí en los libros o vi en las películas de época. La madera no estaba gastada ni astillada, brillaba. Los muebles de un material similar a la madera y cubiertos por una fina capa de seda bordada. Ventanales enormes que daban una vista preciosa al bosque, tapices nuevos, coloridos y elegantes colgaban desde lo más alto del techo hasta el suelo que también era adornado por una alfombra que, si no llevara botas, estaba segura de que sería tan suave como el algodón. Había una mesa en el centro del salón y sobre ella una charola con tacitas de porcelana y una tetera bañada en oro.
Quise acercarme y ver todo a detalle, pero de nuevo la voz de la princesa me lo impidió.
—Siéntate, tenemos que hablar.
Me senté donde ella indicó.
—Voy a arriesgarme y a creerte que no eres una bruja. Que eres una especie de… viajera —murmuró y sentí como mi pecho se aligeraba—. Pero solo lo haré porque necesito ayuda. Y tú eres la indicada para eso.
—¿Yo?
—Sí —dijo sirviendo un par de tazas de té y pasándome una de ellas—. Escucha Em-ma, como ya lo sabes yo soy una princesa y mi deber es salvar a mi pueblo.
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Ciudades de hierro
FanfictionRegina Mills y Emma Swan son dos mujeres diferentes, con costumbres diferentes Y en vidas diferentes. Rodeada de lujos, magia y guerra, Regina es una princesa prisionera en el bosque encantado, cuyo objetivo es salvar la vida de su pueblo. Emma e...
