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Jisung ingresó al café. Sus ojos conectando de inmediato con los de Minho, quien le sonrió a la distancia. Por primera vez en mucho tiempo, el menor no se dirigió a la mesa trece, sino que fue directo a la barra, donde se acomodó en un taburete, apoyó sus brazos sobre la mesada y luego descansó su cabeza allí.

Había pasado un mes desde la última vez que puso un pie en ese lugar, y se sentía como una vida.

—Luces como la mierda —murmuró Leila desde la caja. —Con todo respeto.

—Si, también extrañaba tu presencia.

—¿Estás bien? —preguntó Minho, acercándose hasta el menor.

—Cansado. ¿Que tal has estado?

—Hay un chico, solía sentarse en la mesa trece, me hace falta su presencia. Pero fuera de eso he estado bien.

Jisung sonrió. —Lamento haber dejado de venir, realmente no he tenido tiempo.

—Te has disculpado más veces de las que puedo contar, Sung. No te preocupes.

Y era cierto. A pesar de no haberse podido reunir, Jisung se encargaba de escribirle mensajes cada día a Minho sin falta.

Minho apoyó los codos en la barra, inclinándose un poco hacia Jisung. Había una suavidad en su mirada, esa clase de tranquilidad que hacía que el mundo a su alrededor se detuviera. 

—¿Por qué no me cuentas qué te tiene tan cansado? —preguntó, su tono era lo suficientemente casual como para no presionar, pero lo bastante interesado como para invitar a la confianza. 

Jisung suspiró, alzando la cabeza solo un poco, lo justo para encontrarse con los ojos de Minho. 

—El trabajo más que nada. Siento que estoy en una cuenta regresiva y eso está matandome. Los nervios y la ansiedad no son de mucha ayuda tampoco.

Minho asintió, comprendiendo. Luego, con un pequeño gesto de su mano, señaló el menú detrás de él. 

—¿Sabes qué ayuda en estas situaciones? —preguntó, ladeando la cabeza con una sonrisa. 

—¿Qué? 

—Un buen café y algo dulce. Por mi cuenta, claro. 

Jisung intentó protestar, pero Minho ya estaba girando hacia Leila. 

—Hazle su favorito, ¿sí? Y ponle extra de lo que sea que le haga sonreír. 

Leila soltó una risita burlona mientras preparaba el pedido, pero no dijo nada. Jisung negó con la cabeza, sonriendo a pesar de sí mismo. 

—Sabes que no tienes que hacer eso, ¿verdad? —dijo, fijando su mirada en Minho. 

—Lo sé, pero quiero hacerlo. —Minho se encogió de hombros y luego añadió en un tono más bajo, casi para sí mismo—. Además, me gusta verte sonreír. 

La confesión, aunque pequeña, dejó a Jisung sin palabras. Minho lo miró de reojo, esperando alguna reacción, pero antes de que pudiera insistir, Leila dejó la taza humeante frente a Jisung. 

—Aquí tienes, drama queen —dijo, pero su sonrisa lo suavizó todo. 

Jisung tomó el vaso entre sus manos. Su típico ice americano se veía más apetecible que nunca. Dio un sorbo, dejando que el sabor le envolviera. Y, por un momento, la carga que llevaba parecía un poco más ligera. 

—Gracias, Min —murmuró, su voz suave pero genuina. 

—No hay problema —respondió Minho, con esa sonrisa que parecía prometer que no importaba cuántas veces cayera Jisung, él estaría ahí para ofrecerle un respiro. 

Coffee and Whispers || MinsungDonde viven las historias. Descúbrelo ahora