Aquél lunes había comenzado de manera diferente para Minho. Había tenido que posponer su día de trabajo puesto que uno de sus gatos se había enfermado, así que en el trascurso de la mañana su madre le había hecho el favor de dejarlo en el veterinario, pero ahora que debía recogerlo, teniendo su auto en el taller, las cosas se complicaban. Era por ese motivo que estaba rogándole, o más bien exigiéndole a su mejor amigo para que le dejara el coche y así poder ir en busca de su gato, o como a él le gustaba decirle, hijo mayor.
—Recuérdame, ¿por qué debo prestarte mi auto?
—Porque el mío se averió. —respondió Minho con obviedad.
—Si, pero, ¿por qué debo hacerlo?
—Porque eres mi amigo y debo recoger a Soonie del veterinario, ¿de verdad serás tan cruel como para dejar a tu sobrino abandonado?
Chan bufó, entregándole las llaves a su amigo.
—Lo quiero de regreso sano y salvo.
—Tranquilo, Soonie estará bien.
—No hablaba de...
—¡Adiós! —habló Minho cortándolo y riendo en el proceso al escuchar a su amigo maldecir por lo bajo.
Minho se acomodó en el asiento del auto de Chan, sintiendo una mezcla de ansiedad y alivio. Sabía que Soonie estaba en buenas manos, pero no podía evitar preocuparse por su gato. Mientras conducía hacia la clínica veterinaria, su mente divagaba entre recuerdos de momentos felices con Soonie: aquel día en el que lo encontró en la calle, el primer salto que dio para atrapar un rayo de sol.
Al llegar, se encontró con un lobby tranquilo, decorado con imágenes de mascotas felices. Se acercó al mostrador y la recepcionista, una mujer de cabello castaño claro, le sonrió.
—¿Eres Minho, verdad? Tu gato está listo para que lo recojas.
—¿Está bien? —preguntó, conteniendo el aliento.
—Sí, es solo un resfriado. Necesitará un poco de reposo y medicación, pero no hay de qué preocuparse.
El corazón de Minho se relajó un poco al escuchar eso. Agradeció a la recepcionista y siguió hacia la sala de recuperación. Allí, Soonie estaba acurrucado en una camita, con los ojos medio cerrados, como si estuviera disfrutando de un sueño profundo.
—Hey, pequeño —susurró Minho, agachándose para acariciar suavemente su cabeza. Soonie ronroneó débilmente y abrió un ojo, como si reconociera la voz de su dueño.
—¿Todo bien? —preguntó el Doctor Kim, apareciendo detrás de él con una sonrisa cálida.
—Sí, solo fue un pequeño susto —respondió Minho—. ¿Cuándo puedo llevármelo?
—Puedes llevarlo ahora. Solo recuerda seguir las instrucciones de la medicación. Y, por cierto, te recomendaría que mantengas las ventanas cerradas por un tiempo, el clima puede ser un poco traicionero.
Minho asintió, sintiendo una ola de gratitud hacia el veterinario. Alzó a Soonie con cuidado, sintiendo su pequeño cuerpo cálido en sus brazos.
—Gracias, Seungmin. Eres un ángel.
—Solo hago mi trabajo. Cuídalo bien, ¿sí? Los gatos son unos supervivientes, pero siempre necesitan un poco de ayuda.
Minho sonrió mientras salía de la clínica, sosteniendo a Soonie cerca de su pecho. La lluvia había comenzado a caer suavemente, pero no le importó; en ese momento, solo había lugar para la felicidad de tener a su gato de vuelta.
Condujo con cuidado de regreso a casa, donde su amigo lo esperaba.
—Tus hermanos estarán encantados de volver a recibirte Soon. —habló Minho hacia su pequeño amigo que ahora se encontraba descansando en su bolso de viaje. Al escuchar a su dueño sus ojos brillantes se posaron en él, soltando un pequeño y ronco maullido. —Claro que también estoy feliz de verte, pero guarda tu voz hasta que te recuperes por completo.
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Coffee and Whispers || Minsung
FanficEn el corazón de la ciudad, cada lunes y jueves, Jisung se refugiaba en una encantadora cafetería que parecía hecha a medida para inspirar su escritura. Allí, el aroma del café recién hecho se entrelazaba con las notas de música suave, creando un am...