Capítulo 5

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-Pero yo puedo, es mi fiesta.

-Entonces con más razón -dije, obviando lo que acababa de decir.

En su propia fiesta, y él estaba aquí fuera. Hay que ser gilipollas -yo soy un caso aparte, llevaba un mal día-. Había supuesto que sería uno de los que bailaban sobre la mesita de té como si les fuera la vida en ello, o incluso el chico del móvil, pero no que estaría en el jardín, ajeno a todo eso. Aunque eso explicaría por qué la fiesta estaba tan descontrolada.

-¿Y por qué estás aquí? -pregunté curiosa.

Él dio una calada a su cigarro y se apoyó contra la pared.

-¿Por qué debería decírtelo?

-Porque tu puto perro me ha mordido la puta pierna -argumenté con la abundante paciencia que me caracterizaba.

-¿Y?

Lo encaré. Busqué sus ojos, pero no me fue posible. Llevaba gafas de sol.

-Porque estoy segura de que tú también quieres saber por qué yo no estoy en tu apoteósica fiesta.

-No tenía ganas de bailar -dio otra calada.

-Bienvenido al club -ironicé yo.

Él no contestó. Acabó su cigarrillo, lo tiró y lo pisó. Eso debió de ser lo que había escuchado antes. A continuación se deslizó por la pared hasta quedar sentado. Me quedé mirándolo, extrañada.

-Puedes sentarte, yo no muerdo --sonrió.

-Qué gracioso -dije mientras le imitaba. Eso sí, a regañadientes.

-¿Cómo te llamas? -peguntó. Yo vacilé un momento.

-Jamie. Jamie Adams.

-Jamie... Bonito nombre. Yo soy Axel. Jones. Y en realidad no he montado la fiesta. Han sido mis amigos, que se han adueñado de mi casa.

-Pues se la han currado. Está llena -comenté con aire distraído. Él rio amargamente.

-A la mitad seguro que ni siquiera los conozco. Llevo escuchando entrar a gente desde hace horas.

-Todos creen que la has organizado tú.

-Normal. Eso es lo que dijeron ellos -Entonces cogió una botella que estaba apoyada en el suelo-. Es ron del bueno. Hoy no es mi día. ¿Quieres?

-Por qué no.

Me la pasó vacilante y le di un trago. No estaba mal.

-El alcohol es malo, pero el agua es aun peor -dijo mirando al frente.

Fruncí el ceño.

-Te mata si no bebes. ¿Mark Twain?

-Mark Twain -afirmó.

La razón por la que yo conocía esa cita no era por interés, intriga ni mucho menos porque me gustase Mark Twain. Hacía dos años nos habían mandado en literatura hacer un trabajo sobre un autor de los siglos XIX-XX, y pensé "¿Por qué no? Ya me he leído 'Las aventuras de Tom Sawyer', no será muy difícil". Y una mierda. Lo único interesante eran varias citas del escritor, entre las que se encontraba esta. Resulta que el amigo Samuel Langhorne Clemens tuvo una vida muy productiva que da para muchas líneas en Wikipedia. Quizás él también había hecho un trabajo sobre Twain. Casi se lo pregunto. Pero entonces Axel cogió la botella de mi mano y le dio un trago. Tras la pausa, volvió a hablar, dándole vueltas al vidrio.

-Y es cierto. Puedes ser alcohólico y necesitar beberlo por vicio, pero no lo necesitas para vivir. En cambio, si no tienes agua, mueres.

-Visto así... -cavilé-. Pero yo no soy partidaria de beber.

-Ni yo. En realidad no me gusta.

-Entonces, ¿por qué lo haces? -pregunté, dando otro trago.

-¿Por qué lo haces tú?

-Te gusta contestar con la misma pregunta.

-Es que ya he tenido que dar demasiadas respuestas a lo largo de mi vida.

-Hablas como si tuvieras ochenta años -me burlé.

-Quizás los tenga pero me conservo muy bien -hizo una mueca con la mano, como si se sacudiera el pelo largo que no tenía, tal y como lo haría una tía en modo exagerado.

Solté una carcajada.

Y nos quedamos en silencio. Pensé en algo que contestar, algo inteligente, o por lo menos que viniese a cuento. Pero lo que vino a mi mente no fue ni algo que decir, ni que me acababa de morder un perro -lo cual me preocupaba bastante-, ni siquiera que mi amiga me había dado plantón. Lo que recordé fue que hacía mucho tiempo que no estaba tan agusto con nadie. No necesitas estar en lo alto de la torre Eiffel, ni en Nueva York, ni en un coche de viaje a través del país para ser feliz por un instante. También puedes estarlo sentada en el césped de una casa de ricos, apoyada en la pared de la casa de ricos hablando con el hijo de los propietarios de la casa de ricos cuando en la casa de ricos se celebra la fiesta del año. Sí, llegados a este punto si me decían que podía andar sobre el agua me lo creería y además iría directa al Atlántico para comprobarlo.

Estaba tan ocupada divagando que apenas me di cuenta de que Axel había comenzado a palpar el suelo a su lado.

-Entonces, ¿por qué lo haces?

Se levantó y extendió un bastón encartable que acababa de coger.

-Por nada en especial. Supongo que entretenimiento -pausa para rascarse la cabeza-. Nos vemos, Jamie.

Me quedé callada. Lo había intuido cuando me percaté de las gafas, pero con eso último lo confirmé. Axel era ciego.

N/A:

Hey hey hey

¿Bueeeeno, qué os ha parecido? Es uno de los capítulos clave en la historia, así que lo he hecho lo mejor que he podido.

Ya de paso, aunque ya lo he explicado en mi perfil, lo digo también aquí. Voy a tardar en actualizar esta historia porque estoy dedicándome mucho a Scintillae, mi nueva novela, que he empezado hace unos días. Tengo muchas ideas para ella -si os gustan las historias cortas me encantaría que os pasarais-, aunque de todas formas no tardare mucho, simplemente si actualizaba cada, pongamos, 10 días, ahora será cada 13, por poner una cifra. Pero no pienso dejar de escribir esta nove ni nada por el estilo.

Gracias por leer :)

NY

Aunque no me puedas ver (PAUSADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora