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La sensación en el pecho difícil de describir siguió creciendo. Aquel lunes por la tarde cuando vió a Quackity caminar al lado de Rubius por el pasillo, y también esa ocasión donde se sentaron juntos a desayunar, de repente todo era ver a ese par por todos lados.

Pero fue hasta unos días después que aquel sentimiento agobiante creció tanto que no pudo soportarlo más, mientras se dirigía a la cancha dispuesto a comenzar el entrenamiento, los vió de nuevo en los pasillos hablando de quién sabe qué mientras el alfa acariciaba el cabello negro de SU mejor amigo.

Fue tan doloroso de ver y mucho más doloroso saber que Quackity jamás deja que nadie, ni siquiera su familia toque su cabeza de esa manera.

Esa acción es exclusiva para él, solamente para su persona.

¿Cómo pudo llegar un don nadie así de la nada y robarle eso?

¿Robar a su mejor amigo?

No podía permitirlo ni podía soportarlo más.

Sentía celos, tantos que podría hacer cosas que no van con su personalidad desinteresada y pacifista. Quiso caminar hasta ellos, tomar del brazo a Quackity y darle un buen empujón al otro alfa, con la suficiente fuerza para que le tuviera miedo, para que entendiera que no podía robarle al pelinegro.

Sin embargo, se tragó todos sus sentimientos y en su lugar se dió la media vuelta para irse a su casa. Por primera vez en meses no fue a un entrenamiento.

Probablemente Vegetta esté furioso al siguiente día ya que se acerca un partido importante, pero que más podía importarle a Roier, su cabeza sólo podía pensar en Quackity y nada más.

Por su lado, Quackity había comenzado a amistar a aquel alfa albino, no quiso pensarlo pero en el fondo sabía que no era más que él buscando un reemplazo para el vacío que le dejó Roier.

Todos los días sólo podía pensar y pensar en el castaño, cuando llegaban las noches terminaba soñándolo.

A pesar del daño y rechazo, no entendía cómo deshacerse de él en sus pensamientos.

No es fácil dejar de amar a alguien tan rápido.

Quackity estaba frustrado, Rubius ya le había dicho claramente que sentía una atracción por él. Y aunque no fue desagradable, pues ya se hacía la idea, no fue tampoco grato saberlo.

No estaba interesado en él, sólo le agradaba de la misma manera en la que le agradaba Osvaldo o Vegetta. Una simple amistad.

Sin embargo, sentía el esfuerzo de Rubius por cortejarlo, el interés era más que notorio. Y aunque fuera un alfa bastante guapo y cotizado, la verdad es que carecía de esos ojos marrones y alegres que lo veían con cariño.

Quizá no un cariño romántico como el que quería, pero cariño al fin y al cabo. Extrañaba tanto a Roier, pero no podía tragarse su orgullo así sin más.

Menos cuando el tonto alfa no vino rogando por su perdón, mucho menos ahora que su bandeja de mensajes dejó de recibirlos y su teléfono dejó de vibrar en las mañanas.

Sólo tenía que rogarle un poco más, muy poco y de nuevo estaría ahí para él, para su alfa.

Para su mejor amigo.

—¿Estás bien, chiqui?

Quackity reconoció esa palabra de inmediato, la escuchaba en cada entrenamiento al que acompañó a Roier.

Pero estaba saliendo de la boca de Rubius y no de Vegetta.

Fue raro pero decidió no pensar mucho en ello.

—No lo sé, necesito que me hagas un favor.

Contestó con una idea tomando forma en su mente.

—Los que quieras.

¡Mírame! | SpiderduckHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora