Golden Dinasty || «En donde la estudiante, Jeon Ha-na, la más prestigiosa y llena de secretos, es la perfección misma en los ojos de todos los estudiantes del instituto Jooshin.»
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Era temprano, y el cielo apenas comenzaba a iluminarse cuando el padre de Ha-na le pidió, más bien, le ordenó que se encontrara con él en el bosque.
El aire fresco del amanecer le provocaba un ligero escalofrío, mientras sostenía la pesada escopeta en sus manos. A pesar de los años de entrenamiento y presión, la caza nunca había sido algo que realmente le agradara.
—¿Por qué estás tan tensa? —le preguntó su padre, con el ceño fruncido, mientras examinaba cada movimiento de ella. —es una tarea sencilla, nada más. No entiendo por qué siempre haces esto mas difícil de lo que es.
Ha-na lo observó de reojo, conteniendo las palabras que realmente quería decir.
—Tal vez para ti sea sencillo, pero para mí... no lo es. —respondió la joven, con un tono firme pero a la vez controlado. Claro que no era sencillo para ella. ¿Con qué fin uno le arrebataba la vida a un inocente animal? —no veo la necesidad de cazar.
El más alto soltó una pequeña risa sec y fría, sacudiendo la cabeza con exasperación.
—Ese es el problema contigo. —le replicó, sin molestarse en ocultar su irritación —. Siempre cuestionando, siempre debatiendo. Estás demasiado mimada. No tienes idea de lo que significa ser fuerte.
La pelinegra sintió una punzada de rabia y dolor, pero no dejó que se viera en su expresión. Trató de suspirar, sin embargo, eso ocasionó que la escopeta en sus manos se tambaleara a los lados.
—Ser fuerte no significa hacer todo lo que tú dices sin cuestionarlo. Ser fuerte es tener principios y mantenerlos. —contestó ella, con voz fría. Cómo si sus palabras fueran una estocada.
El mayor se giró, mirándola directamente a los ojos, con una intensidad en la mirada que casi la hizo retroceder.
—¿Principios? —repitió con burla —. Tienes principios porque tienes el lujo de tenerlos. Este es un mundo donde sólo los fuertes sobreviven, y si no aprendes eso, no durarás ni un segundo.
La joven apretó los labios y miró hacia el animal que su padre señalaba, ya casi listo para disparar.
—¿Quieres que te demuestre cuán fuerte soy? —Ha-na preguntó, con un tono cortante que dejó a su padre sorprendido por unos segundos.
Antes de que él pudiera responder, levantó la escopeta con precisión, fijando la mirada en el animal.
El silencio era absoluto, solo interrumpido por el sonido de su respiración controlada. Sin un parpadeo de duda en sus ojos, apretó el gatillo.
El sonido del disparo rompió la calma del bosque, y el animal cayó al suelo. Ha-na pudo ver cómo el ciervo cerraba los ojos con lentitud, y daba su último suspiro. Eso le ocasionó un malestar horrible.
Ella bajó la escopeta con calma, tratando de no derramar una lágrima en el proceso. Luego, observó a su padre con la frialdad que tanto la caracterizaba.
—¿Eso es lo que querías ver? —preguntó, con un tono gélido —. ¿Contento ahora?
El no respondió de inmediato, pero en sus ojos había una chispa de respeto que no se encontraba allí antes.
—Así se hace. —fue todo lo que dijo, aunque su voz sonaba un poco menos segura de lo normal.
Ella apartó la vista, sintiendo un vacío en su pecho. No estaba satisfecha con lo que acababa de hacer, pero si ésta era la manera de demostrarle a su padre que era “fuerte”, entonces estaba dispuesta a pagar el precio.
•••
Luego del tenso enfrentamiento en el bosque, la pelinegra dejó atrás a su padre y se dirigió a su instituto, seguido de cambiarse de atuendo.
Su expresión como de costumbre se encontraba impenetrable y cada paso que la joven daba, hacia éco por el lugar.
Notó que ninguno de sus amigos se encontraban en los pasillos y es ahí cuando supo lo tarde que había llegado al lugar. Unos dos pasos solamente pudo dar ya que una mano en su cintura detuvo su andar.
Ella se giró al instante y se encontró con el pecho fornido de Woo-jin, el la observó con una sonrisa y la escaneó de arriba hacia abajo.
—¿Hay algo que te está molestando? —el chico inquirió, con una ceja alzada.
Ella no lo sabía pero él se encontraba observándola desde el momento en que pisó el vacío pasillo. Y claramente notó que se encontraba distraída, algo que no era habitual en ella.
Ha-na negó.
—No es nada, tranquilo. —la joven aunque intenta mostrarse imperturbable, es captura por la mirada de Woo-jin, que la sigue con intensidad.
El más alto chasquea la lengua y suspira.
—No te creo en lo absoluto, muñeca. Ahora dime qué te tiene tan distraída.
Ha-na frunce ligeramente el ceño, sin soltar su postura fría. Aunque por dentro sentía que se derretía cada segundo que pasaba al sentir cómo las grandes manos del chico apretaban su cintura.
—Te digo que no es nada, ¿por qué insistes tanto? —trata de alejarse pero Woo-jin afirma más su agarre.
Él sonríe de lado, sin ceder espacio.
—Porque te conozco, y sé que no te distraes tan facil... a menos que haya ocurrido algo con tu padre. —Woo-jin frunce su ceño y suspira al ver el silencio de ella. —es eso, ¿verdad?
La jeon menor desvía la mirada. Odia que el chico la conozca demasiado bien. La susodicha intenta recuperar su postura, pero el calor de sus mejillas la delata.
—No es algo que puedas entender... —ella susurra, con frustración. El más alto al ver su estado suaviza su expresión, sin querer soltarla.
—Quizas me sorprendas. Ahora, dime, bonita. ¿Qué es lo que ocurrió? —él con una mano desocupada, acaricia suavemente con su pulgar la mejilla de ésta.
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