Golden Dinasty || «En donde la estudiante, Jeon Ha-na, la más prestigiosa y llena de secretos, es la perfección misma en los ojos de todos los estudiantes del instituto Jooshin.»
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No le bastó demasiado tiempo a la pelinegra en caminar hacia el gran estadio, en dónde jugadores y compañeros suyo, se encontraban practicando su deporte, y es ahí, cuando observó a su grupo de amigos, que se encontraban sentados, hablando entre ellos.
Ri-an, al levantar la mirada y verla caminar hacia ellos, se incorporó al instante de su asiento, dejando con la palabra en la boca a la pelirroja, y preocupado, le acunó ambas mejillas a Ha-na, al tenerla cerca.
—¿Me dirás qué es lo que te ocurrió en la sala? —inquirió, ansioso, sin dejar de observarla.
Ha-na relamió sus labios. Trató de apaciguar su pequeño enojo de antes, y suspiró. No quería ser grosera, no con él.
La pelinegra levantó una mano, colocándola sobre la de Ri-an en su mejilla, y le dedicó una ligera sonrisa para tranquilizarlo.
—Estoy bien —dijo, aunque la firmeza en su voz no era tan convincente.
El más alto no parecía satisfecho con su respuesta, pero antes de insistir, Woo-jin, que estaba recostado sobre la banca con aire despreocupado, alzó una ceja, interviniendo.
—¿"Bien"? No es la impresión que diste cuando prácticamente saliste corriendo de la sala —comentó, su tono cargado de ironía mientras sus ojos se encontraban con los de Ha-na.
—¿Y a ti quién pidió tu opinión? —replicó ella, cruzando los brazos frente a su pecho, como una barrera invisible.
He-ra suspiró desde su lugar, apoyando una mano en su mejilla al verlos discutir.
—Bonita, no necesito que me pregunten mi opinión cuando sé que él tema eres tú.
Ha-na apartó la mirada, sintiendo un nudo en la garganta, mientras un pequeño rubor cubría sus mejillas.
—De verdad, estoy bien. Solo necesito un momento para mí —replicó, retirándose suavemente del agarre de Ri-an.
Mientras sus amigos la observaban en silencio, la pelinegra se sentó delicadamente al lado de su amiga. Allí, sacó nuevamente su teléfono, mirando la pantalla como si las palabras del mensaje pudieran desvanecerse.
—¿"Fachada"…? —murmuró para sí misma, con la mandíbula tensa, notando de reojo que la pelirroja se encontraba distraídamente mirando a los jugadores.
Sin que lo notara, Ri-an la había seguido en silencio, y ahora estaba de pie a unos metros de distancia, observándola con preocupación.
—Ha-na… —comenzó, pero se detuvo al notar cómo ella guardaba el teléfono con rapidez, como si estuviera ocultando algo.
La joven lo observó con una ceja alzada.
—¿No puedes dejarme sola por cinco minutos, Ri-an? —espetó, su tono más cortante de lo que había planeado. Sin embargo, sus labios no pudieron callar.