Golden Dinasty || «En donde la estudiante, Jeon Ha-na, la más prestigiosa y llena de secretos, es la perfección misma en los ojos de todos los estudiantes del instituto Jooshin.»
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Lo primero que captó la atención del joven conductor de Ha-na, mientras estacionaba a las afueras del lugar, fue una imponente mansión blanca. La fachada reluciente estaba enmarcada por un amplio y cuidado jardín lleno de flores de diferentes colores y especies.
Sin embargo, su mirada no tardó en desviarse hacia el bullicioso grupo de jóvenes que se divertían en el patio trasero. Varios de ellos, en traje de baño, sostenían botellas de licor fuerte mientras reían y se besaban apasionadamente.
Una mueca de disgusto cruzó el rostro del conductor. Bajó del automóvil con lentitud, intentando no dejarse llevar por sus juicios, y caminó con pasos firmes hacia la puerta trasera del vehículo. Al abrirla, se encontró con la mirada expectante de Ha-na.
Una ligera risa escapó de los labios de la pelinegra al notar su expresión.
—Tranquilo —dijo, posicionándose frente a él con una sonrisa divertida aún pintada en su rostro —. No planeo quedarme mucho tiempo aquí.
El conductor, aunque intentó mantenerse serio, no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.
—De igual manera, le deseo una buena noche, señorita.
—Gracias —respondió Ha-na, girándose para avanzar hacia la entrada. Sin embargo, se detuvo unos segundos y volvió a mirar al joven, quien seguía observándola atentamente. —Quiero que le digas a mi padre que estaré con Ri-an —indicó, con un tono firme pero despreocupado.
El conductor asintió sin cuestionarla. Sabía que las últimas órdenes del padre de Ha-na habían sido claras: debía informarle de todos los movimientos de la joven. Pero traicionar la confianza de la jóven estaba fuera de consideración.
Desde el vehículo, observó cómo una pelirroja con una sonrisa radiante la recibía en las imponentes puertas de la mansión. Apenas Ha-na desapareció dentro, el joven dió media vuelta y se retiró en silencio.
—¡Sabía que vendrías! —exclamó emocionada la pelirroja, acercándose a Ha-na con los brazos abiertos.
La pelinegra, sin dejar de sonreír, ladeó la cabeza ligeramente, encontrando el entusiasmo de su amiga casi contagioso.
»—¿Cómo estás? ¿Descansaste bien? Por cierto —la pelirroja escaneó el atuendo de su amiga —, te vez preciosa, Hanna.
La joven asintió con la cabeza, aún sin dejar se sonreír levemente. Sabía lo emociónada que se encontraba la pelirroja por haber hecho la fiesta.
—Tu también te vez muy bien, cariño. —la pelinegra observó todo, con ojos curiosos.
—Gracias. Ahora ven, —la tomó de su mano. —déjame llevarte hasta donde están los demás. —ambas caminaron por el largo y angosto pasillo, adentrándose aún más a la gran casa.
—¿Ri-an? ¿Dónde está?
La pelirroja la observó de reojo, suspirando. —está esperando en una habitación privada a Jae-i.