Capitulo 28

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Macao estaba en su habitación, rodeado por el ligero desorden que siempre se creaba antes de un viaje. Su bolso de viaje, un modelo clásico de cuero marrón que su papá Porsche le había regalado en su cumpleaños, estaba abierto sobre la cama, ya casi lleno.

Con una sonrisa emocionada, Macao doblaba con cuidado una camiseta negra y la colocaba sobre el resto de la ropa.

Era su favorita, con un diseño minimalista que había elegido especialmente para las fotos que planeaba tomar en su viaje. 

Este no era un viaje cualquiera. Iba a pasar dos días enteros con su hermano mayor, en su lugar especial.  una cabaña rústica ubicada en un rincón tranquilo de las montañas y el bosque, lejos del bullicio de la ciudad.

Vegas la había comprado como un refugio para desconectarse del trabajo y del estrés. Y sobretodo para protegerse de su padre.

Mientras metía un par de pantalones en el bolso, recordó cómo había intentado convencer al Omega mayor y a Porschay de que los acompañara.

Pero el mayor le había dicho que era su tiempo con Vegas y que cuando regresará verían películas románticas.

Esa conversación había dejado a Macao aún más emocionado.

Sabía que el vínculo entre él y Vegas era especial y único. Aunque a veces podían discutir, especialmente por la naturaleza protectora de su hermano mayor, siempre encontraban la manera de reconectar. Y esta era una oportunidad perfecta para fortalecer ese lazo. 

Terminado con la ropa, Macao se giró hacia su escritorio, donde su cámara profesional descansaba en un estuche acolchado.

La tomó con cuidado, revisando que estuviera en perfecto estado. Le encantaba la fotografía, y Vegas lo sabía, razón por la cual había sugerido llevar la cámara.

"Quiero que captures el paisaje. Las montañas son increíbles al amanecer,” le había dicho. 

Macao sonrió mientras metía la cámara en el bolso, asegurándose de incluir varios rollos de película.

Sabía que habría muchos momentos que querría inmortalizar: la cabaña, las vistas desde las montañas, y, por supuesto, algunos retratos de su hermano mayor. 

Con todo listo, se detuvo un momento para admirar su trabajo. El bolso estaba perfectamente organizado, la cámara bien asegurada, y él tenía todo lo que necesitaba para el viaje. Su sonrisa se amplió; era un pequeño orgullo saber que estaba completamente preparado. Pero aún había algo que faltaba antes de salir tomar un baño relajante. 

Tomó una toalla suave, de un blanco impecable, y se dirigió al baño. Al entrar, respiró profundamente, dejando que el aroma de los aceites esenciales que siempre mantenía en su baño lo envolviera.

Encendió la ducha, ajustando el agua hasta que estuvo tibia, y dejó que el sonido del agua corriendo lo calmara aún más. 

Mientras esperaba a que el baño se llenara de vapor, colocó una vela aromática de lavanda en el borde del lavabo y la encendió. Era un pequeño ritual que siempre hacía cuando quería relajarse.

Se miró en el espejo por un momento, observando su expresión serena y la emoción brillando en sus ojos. Este viaje era más que una escapada; era un momento para conectar, para crear recuerdos que durarían toda la vida. 

Entró en la ducha, dejando que el agua cálida cayera sobre su piel, llevándose cualquier rastro de cansancio o preocupación.

Usó un jabón con aroma a sándalo, su favorito, y se tomó su tiempo para disfrutar del momento. Se lavó el cabello con cuidado, masajeando su cuero cabelludo mientras se perdía en pensamientos sobre el viaje y de todo lo que harían.  

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