Cap 25 (Parte 5 y Última)

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Descargo de responsabilidad: Halo corresponde a 343 Industries

El 2 de agosto de 2558, tras meses de caos y reconstrucción, las cosas por fin comenzaban a estabilizarse después de la devastadora Gran Batalla. Las pérdidas humanas y materiales habían sido catastróficas: la destrucción completa de un planeta entero había dejado cicatrices imborrables tanto en los sobrevivientes como en las maltrechas estructuras políticas y militares de las Colonias de Kobol.

Sin embargo, el Gobierno Civil y Militar de las Colonias había logrado reorganizarse lo suficiente como para sentarse, por primera vez, a la mesa de negociaciones con el UNSC (United Nations Space Command). Aquel encuentro marcaría un punto de inflexión histórico: las Colonias de Kobol terminarían integrándose al UNSC como nación miembro, conservando su autonomía civil mientras cedían el control total de sus asuntos militares al mando unificado, bajo acuerdos que aún estaban por definirse con precisión.

Inicio del Flashback

UNSC Infinity — Órbita de Canceron — Sala de Conferencias #2

La sala era un perfecto ejemplo de la sobriedad militar del UNSC: paredes de acero pulido, una mesa ovalada con terminales holográficos integrados y una iluminación tenue, casi clínica, que confería un aire de autoridad fría e impersonal. En el centro de la mesa, un proyector holográfico emitía un suave resplandor azul, esperando a ser activado.

El Contraalmirante Thomas Lasky y el Almirante Preston Cole aguardaban de pie, flanqueados por cuatro Spartans IV. Los supersoldados permanecían inmóviles en sus armaduras Mjolnir de última generación, como estatuas vivientes de titanio y músculo. Sus visores dorados reflejaban la luz de la sala, ocultando cualquier rastro de expresión. Lasky y Cole hablaban en voz baja, los rostros serios pero relajados, acostumbrados a reuniones de alta tensión.

De pronto, la voz serena y profesional de Aine, la IA de la Infinity, resonó en la sala:

—Señores, los representantes de las Colonias llegarán en diez segundos.

El Almirante Cole, imponente y de mirada severa, asintió una sola vez.

—Gracias, Aine. Por ahora, mantente al margen.

La puerta se abrió con un suave siseo hidráulico. Entraron los enviados de las Colonias de Kobol. Al frente marchaban dos figuras inconfundibles: un hombre de mediana edad, porte militar y mirada cansada pero firme, y una mujer de expresión aguda y determinación inquebrantable. Detrás de ellos, dos guardias coloniales los seguían a corta distancia, con las manos cerca de sus armas pero sin hostilidad abierta. Aun en territorio aliado, no bajaban la guardia.

Lasky fue el primero en hablar. Una leve sonrisa cruzó su rostro al reconocer al líder de la delegación.

—Es un placer volver a verlo, Almirante Adama.

William Adama inclinó ligeramente la cabeza, respetuoso pero sin exagerar.

—El placer es mío, Contraalmirante. Para ser sincero, pensé que después de lo ocurrido aquel día ya no querrían tratar con nosotros.

Lasky negó con la cabeza. Su expresión se volvió seria.

—No se preocupe por eso, Almirante. Aunque, si soy franco, con quien sí tengo cuentas pendientes es con la Almirante Cain.

El nombre de Helena Cain tensó el ambiente al instante. Adama mantuvo el rostro neutral, pero era evidente que el tema le resultaba incómodo. Lasky continuó, ahora con tono más frío:

—En este preciso momento, varias de mis naves la están rastreando. Esperamos que pueda presentarse pronto para responder por sus acciones.

Adama se limitó a asentir lentamente. No dijo una palabra más. Lasky, percibiendo la incomodidad, cambió de tema y dirigió su mirada hacia la mujer que acompañaba a Adama.

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