La primera impresión
A la mañana siguiente, mientras desayunaba con mis padres, la conversación inevitablemente volvió al entrenamiento.
-Sara, ¿qué tal te cayeron los chicos? -preguntó mi padre, como si no se hubiera dado cuenta de lo incómoda que estuve.
-Bien... supongo -respondí, evitando mirarlo a los ojos.
Mi madre soltó una risa ligera, pero no dijo nada. Por suerte, mi padre no insistió y cambió de tema, pero en mi mente seguía rondando la imagen de Lamine. Había algo en su actitud que no podía descifrar, y por más que intentara ignorarlo, mi curiosidad iba en aumento.
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En la ciudad deportiva
Ese día mi padre tuvo que volver al entrenamiento, pero esta vez me dejó en casa. Por alguna razón, sentí una pequeña decepción al no ir, aunque no estaba segura de por qué. Las chicas, Sira, Ana y Berta, me habían escrito por la tarde preguntando si iría, y aunque les dije que no, seguían insistiendo en que debía volver pronto.
-Tienes que conocer mejor a los chicos, te caerán genial -me había dicho Sira en un mensaje.
"Genial" no era la palabra que usaría para describir la experiencia, pero aun así, no podía negar que la idea no me molestaba tanto como antes.
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En el vestuario
Mientras tanto, en el vestuario del equipo, el ambiente era más relajado. El entrenamiento había terminado, y los chicos estaban bromeando como siempre.
-¿Hoy no vino tu hija, míster? -preguntó Pedri, con un tono divertido.
-No, Sara se quedó en casa -respondió mi padre con una sonrisa-. Creo que fue demasiado para ella ayer.
-Es normal, no está acostumbrada a este ambiente -comentó Ferran, encogiéndose de hombros.
Lamine, que estaba amarrándose las botas, levantó la vista con curiosidad al escuchar mi nombre. Aunque intentó no mostrar interés, no pudo evitar preguntar:
-¿Vendrá otra vez?
-Quizá -respondió mi padre, sin darle mucha importancia-. Pero Sara no es fanática del fútbol, así que no creo que sea muy frecuente.
Los demás intercambiaron miradas cómplices.
-Ya veo... -murmuró Lamine, volviendo a centrarse en lo que hacía, aunque en su mente no podía evitar pensar en mí.
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En casa
Esa tarde, mientras estaba en mi habitación leyendo, escuché el sonido de mi teléfono vibrar. Era un mensaje de Sira.
Sira: "Sarita, ¿vienes mañana al entrenamiento? Dicen que los chicos estarán más tranquilos, así que será más divertido."
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La hija del mister
RandomPara Sara Hernández, ser la hija del entrenador de un club de elite significa vivir en las sombras de los reflectores, en un mundo donde cada paso que da puede convertirse en noticia. Cuando su padre firma con el FC Barcelona, Sofía intenta pasar de...