Narra Alexander
_____________________El reloj colgado en la pared marcaba las cuatro de la tarde. Desde la ventana podía ver cómo el sol comenzaba a bajar, bañando los campos con una luz cálida, casi dorada. El día seguía avanzando, y aunque los momentos de calma eran pocos, estos eran los únicos que nos mantenían cuerdos.
Miré hacia la habitación donde Mia dormía. Había insistido en que descansara, pero sabía que no podía dejarla ahí todo el día. Con todo lo que estaba pasando, no me gustaba la idea de que estuviera sola, ni siquiera en este lugar que, a primera vista, parecía seguro.
Caminé hasta la puerta y la empujé suavemente. Ella estaba acurrucada bajo una manta, con el cabello cayendo sobre su rostro. Por un momento, me quedé quieto observándola. Tan tranquila, tan diferente al caos que nos rodea. Era mi hermana pequeña, pero la verdad era que a veces parecía mucho más fuerte que yo.
—Mia... —dije en voz baja mientras tocaba su hombro, intentando despertarla sin sobresaltarla.
Ella murmuró algo incomprensible y se dio la vuelta, aun con los ojos cerrados. Me agaché un poco, apoyando las manos en las rodillas, y sonreí.
—Vamos, perezosa. Ya son las cuatro. ¿Cuánto más piensas dormir?--
Su ceño se frunció ligeramente antes de abrir un ojo.
—¿Cuatro? ¿Qué tan cansada estaba? —respondió con voz ronca y algo adormilada, frotándose los ojos.
—Suficientemente cansada como para no oírme llamarte tres veces. —Me crucé de brazos, fingiendo molestia.
—¿Qué pasa? —preguntó, sentándose lentamente en la cama mientras se estiraba.
—Nada grave, pero pensé que sería buena idea que salieras a tomar aire. Rick está con Carl, y los demás están revisando las provisiones. Además, te guardé un trozo de pan con mantequilla y un poco de café. --
Ella me lanzó una sonrisa débil, agradecida.
—Gracias, Alex. Te juro que a veces pareces más mi niñera que mi hermano. --
—Eso es porque no te puedo dejar sola sin preocuparme. Anda, levántate. Necesito que estés lista por si las cosas se complican, ves a darte una ducha, arriba está el baño, y te traje ropa limpia. --
Su expresión cambió al escuchar mis palabras, y asentó con seriedad.
—Dame un minuto. --
Al recargarme contra el marco de la puerta, no pude evitar pensar en cómo la situación nos estaba transformando. Antes éramos hermanos normales, ahora somos soldados en un campo de batalla constante. Pero sin importar lo que pasara, me juré que haría todo lo posible para que Mia tuviera una oportunidad de vivir, aunque yo no la tuviera.
Narra Mia
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Cuando Alex me dijo eso, hice a un lado las sabanas, y salí de la cama, cogí la ropa que me dejo a los pies de la cama, y busque las escaleras en dirección al baño, subí y una vez dentro del baño cerré la puerta poniendo también el seguro.
Dejé una toalla preparada que había sacado del armario y me deshice de la ropa. Al entrar en la ducha, el contacto del agua fría con mi piel me arrancó un leve quejido, mientras un escalofrío recorría mi espalda. A pesar de ello, no me aparté del agua. Me enjaboné a conciencia el cabello y también lavé con esmero todo mi cuerpo. Finalmente, aclaré bien todo con abundante agua.
Escuche que picaron a la puerta -- ¿Quién hay dentro? -- preguntaron. Era una voz de hombre, pero no logré identificar de quién se trataba.
—Mía, ¿quién pregunta? —respondí mientras salía de la ducha y me envolvía en la toalla.
—Ah... —fue todo lo que dijo antes de alejarse. El eco de sus pasos pronto se desvaneció, y quien había preguntado desapareció sin más explicación.
-- Pues bueno. -- pensé.
Seque mi cuerpo y me vestí, pero mi mente estaba en otro lugar, no podía parar de pensar en Carl, en como se sentirá, en sí se va a recuperar, en sí todo saldrá bien básicamente.
Recogí la ropa sucia, y salí, volviendo a hacer el mismo recorrido que hice al venir, al bajar, Beth, la hija del señor que me atendió, me estaba esperando.
--¡Hola! Soy Beth, aunque creo que ya sabes mi nombre de antes, dame tu ropa sucia, la lavaré.-
-- ¿En serio? Muchas gracias de verdad. -- dije dándole una sonrisa, le di la ropa y me dirigí a la cocina, bebí el café que Alexander me guardo y agarre el trozo del pan con mantequilla y salí a fuera a tomar el aire.
Me senté en un tronco que había en medio de dos árboles, el sol todavía estaba bastante alto, aún faltaban unas 4 o 5 horas para que oscureciese.
Oí unos pasos detrás de mí, y luego un poco de peso al lado mío. Alguien se había sentado. Me giré y vi de quien se trataba, Daryl había oído que se llamaba.
-- Hola. -- dije, aun mirándole.
--Hola, Mia ¿verdad? -- dijo él.
--Mhm.-- solté un sonido de aprobación. -- Y tú ¿Daryl? --
No contestó verbalmente, solo asintió.
--Carl se pondrá bien, ya verás que sí. -- murmuró como si le diese ¿vergüenza? Decir eso.
-- Gracias, no es por meterme donde no me llaman, pero, ¿al final que pasó con tu hermano?--
Segundos después contestó -- Nada, no estaba en Atlanta.--
-- Vaya, lo siento mucho, seguro que se las apaña solo. Estará bien, entiendo que estés preocupado porque yo también soy la hermana menor, pero, confía en él. --
Como él volteó a mirarme, yo le sonreí.
--¿Qué edad tienes?-- Me preguntó.
-- Quince, pero este año cumplo dieciséis. --
-- Joder. -- soltó.
--¿Qué pasa?-- Reí.
-- Aparentas como diecinueve. --
-- ¿Me estás...-- no me dejo acabar.
-- No, no por vieja, por cuerpo
-- Aaah -- reí divertida -- ¿Y tú cuantos tienes? --
-- Veinte. --
-- Pensaba que tendrías como cuarenta. Dije bromeando mientras reía.
-- Qué graciosa, niña. -- dijo él soltando un par de carcajadas.
-- Has visto. -- dije y sonreí.
-- Y... Última pregunta, ¿con lo de Thomas como vas? --
Sabía que me preguntaría.
-- Bueno, más o menos, no me esperaba que esto, o sea este apocalipsis fuera a afectar así a mi padre, o al menos no de esta manera. Aunque, para mí, él ya no es mi padre, un padre no le dice esas osas así a su hija, y menos en esta situación. -- expliqué.
-- Ya... --
-- En fin, al menos tengo a Alexander. --
--¿Tus padres están separados?--
Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante.
-- Ojalá estuvieran separados, con ta de que mi madre siguiera con vida. --
Él se sorprendió y se mordió el labio de abajo pensativo. Arrepentido por haber preguntado, supongo.
-- Lo siento, no quería...-- dijo pero le interrumpí.
--No te preocupes, no podrías saberlo. -- le di una sonrisa amable aún con los ojos llenos de lágrimas.
-- Podría haber tenido más tacto.
--Tranquilo. --
Se escucharon voces por detrás, nos volteamos y vimos que era Alexander y Shane. Cuando Alex y él terminaron de hablar, Alex me busco con la, mirada y cuando vio donde estaba fue hacía ahí.
-- Bueno, me voy, nos iremos viendo por aquí. -- dijo él y después se fue.
Parecía que no quería que Alex me viera con él. Bueno, no le di más importancia. Me levanté y caminé hacía Alex para que la distancia se cortará antes.
-- Hola, fea. -- me dijo bromeando.
-- Hola, feo. -- dije sonriéndole y en un tono más amable.
-- Ya han operado a Carl, está reposando. --
-- ¿En serio? Mejor, menos mal, ¿cuándo podre pasar a verlo? --
--Espérate un rato a que descanse, o ya mañana. --
Le di un abrazo y me fui a dar una vuelta.
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𝘕𝘦𝘸 𝘗𝘦𝘰𝘱𝘭𝘦
Science FictionUn mundo apocalíptico donde todo es posible. Seguirá habiendo amores imposibles. Y la vida cambiará completamente. Mía deberá adaptarse a esta nueva versión del planeta y sobrevivir a él. - Todos los derechos reservados -