Lucifer y Leal caminaban por las calles de un pueblo destruido y desolado, rodeados de ruinas y escombros. El aire estaba cargado de polvo y humo, y el olor a muerte y devastación resultaba abrumador, casi insoportable.
Ella se cubrió la boca y la nariz con la mano, intentando no mirar demasiado la destrucción que los rodeaba. Parecía una niña queriendo esconderse de la realidad, aunque Lucifer sabía que ya no podía ignorar lo que tenía frente a los ojos.
—Vamos —dijo él, tomándola del brazo con suavidad—. Tenemos que seguir buscando.
Leal observó a su alrededor, visiblemente impactada.
—¿Ocurrió otro desastre natural? —preguntó, con la voz cargada de preocupación.
—Nos habríamos dado cuenta, Luz Torpe —respondió Lucifer, rodando los ojos—. Ahora sólo siento el dolor y la desesperación de quienes lo perdieron todo.
Leal lo miró con una mezcla de lástima y tristeza.
—Lo siento… No debe ser agradable.
Lucifer se detuvo y la observó fijamente.
—Preocúpate por ti misma. Debemos seguir adelante y encontrar la luz. Sé que está aquí… y sé que la encontraremos si no nos detenemos.
Reanudaron el paso, y esta vez la mano de Lucifer envolvió la de Leal con cuidado. Ella se sorprendió por aquel gesto; no estaba acostumbrada a que él fuese tan delicado. Era cómo si estuviera intentando protegerla de algo más que del entorno.
Alzó la vista y lo observó con atención. La mitad de su rostro estaba marcada, quemada, pero aun así conservaba una belleza inquietante. Sus rizos rojos se agitaban con el viento y su presencia tenía algo misterioso, atrayente. Leal no pudo evitar preguntarse cómo alguien con un pasado tan oscuro y una apariencia tan intimidante podía sentirse tan… humano.
—¿Puedo preguntar algo, señor?
—Depende —respondió él—. ¿Qué quieres saber?
—¿Te sientes incómodo? —preguntó ella, mirándolo con curiosidad.
— Sólo percibo el dolor y la desesperanza de muchas personas. Eso incrementa la energía negativa.
Leal asintió, comprensiva.
—¿Y los humanos pueden verte ahora? Padre me comentó una vez que los ángeles y los seres que no pertenecen a su plano no podían ser visibles para ellos… porque son de mundos distintos.
Lucifer asintió lentamente.
—Con mi apariencia natural pueden verme. Pero… dudo que me perciban cómo alguien normal. Estoy marcado. Parezco un fenómeno.
Leal sonrió.
— Claro que no. Estoy segura de que, si te vieran bien… se sorprenderían.
Lucifer bufó.
—Claro. Saldrían huyendo.
—Yo no lo haría al ver a un ser tan hermoso.
Él se tensó ante esas palabras. No estaba acostumbrado a que alguien lo mirara de esa manera.
Leal, al notar su reacción, sonrió con dulzura y lo detuvo, obligándolo a mirarla de frente.
—Eres hermoso, señor. No deberías dudarlo.
Lucifer dió un paso atrás.
—No digas eso. Ya no lo soy.
—La belleza no sólo está en el exterior. Aún la llevas dentro. Y lo que me has mostrado… te hace ver cómo el ser más bello que he conocido. Lo eres por tu alma buena y compasiva.
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Luzbel. (En Curso)
Khoa học viễn tưởngSoy Lucifer. Me pueden llamar como quieran; "Satanás", "El Diablo", "El Demonio"... La verdad es que me tiene sin cuidado el nombre que usen. Sabré que, si lo usan, es para nombrar al mal. Incluso a su propio mal. Mucho gusto, mi nombre es Lucifer...
