·20·

1 0 0
                                        



El silencio del refugio contrastaba con el rugido del mundo exterior. Lucifer había volado durante horas sin detenerse, cruzando ciudades envueltas en fuego, mares que hervían y cielos partidos por la desesperación. Sólo cuando el cuerpo de Leal comenzó a temblar entre sus brazos, descendió.

El lugar era una antigua construcción de piedra, medio destruida, cubierta de enredaderas secas. La depositó con cuidado sobre un rincón donde aún quedaba sombra y calor. Onyx, el pequeño gato que Leal había salvado tiempo atrás, se acurrucó junto a ella, ronroneando débilmente. Lucifer había vuelto por él al lugar en el que lo habían dejado a salvo, antes de que esos seres llegaran para torturarlos.

Lucifer se quedó allí, de pie, observándolos con cansancio. La luz rojiza de los incendios del horizonte se filtraba por los huecos del techo, proyectando sombras largas sobre su rostro.

En su mente, las voces de la humanidad no callaban. Eran cómo cuchillos que no dejaban de girar.

"—¡El demonio ha despertado!

—¡Lucifer está entre nosotros!

—Por su culpa la tierra sangra…—

— El ángel caído ha vuelto, y el fin ha comenzado gracias a él…—"

Eran miles. Voces humanas, mezcladas en un clamor de miedo, rabia y condena. Podía oírlas todas, sintiendo cómo si cada pensamiento lo atravesaba.

Y cuanto más las escuchaba..., más se hundía.

<<Así que esto es lo que soy para ustedes…

El origen de todo lo malo... ¡¿Y ustedes qué son?! ¡¿Ustedes no tienen culpa de nada?! ¡¿Cuando van a hacerse responsables de sus errores?! ¡¿Cuándo van a admitirlos?! ¡¿Acaso todos ustedes son la misma mierda?!>>

Miró a Leal, quien aún dormía profundamente, con la respiración suave y las manos aún manchadas de polvo. Una de ellas descansaba sobre el lomo de Onyx, cómo si su instinto aún protegiera incluso en sueños.

Al contemplarla, al comprender que era la que estaba ante él... se dió cuenta de una verdad, y esta le decía que no...

No todos los humanos eran malos, no todos merecían ese mismo destino. Había algunos que sabían ver la verdad, que podían apiadarse de criaturas indefensas cómo lo era el pequeño Onyx. No todos estaban cegados por su propia oscuridad, no todos culpaban a alguien más de sus errores...

Lo sabía por Leal...

Si ella era así, siendo una humana cómo ellos, entonces debía haber otros iguales por ahí. Tenía que ser así, aunque la idea también le parecía un poco imposible, pues para él... Leal era única.

Era... verdadera luz.

Su Luz torpe.

Lucifer se arrodilló junto a ella. No sabía por qué lo hacía. No sabía por qué su corazón, si es que aún tenía uno, latía con ese dolor tan nuevo, tan insoportable.

<< ¿Qué me has hecho, Leal? ¿Qué clase de maldición es esta que me hace temer perderte más que perder al cielo?>>

El eco de los humanos volvió a su cabeza.

"Maldición eterna sobre él…

Que arda junto al caos que sembró…"

Apretó los puños, tratando de acallar las voces. Pero no podía. Ellas lo conocían, lo nombraban, lo maldecían… y eso lo desgarraba más de lo que el fuego de su propio infierno alguna vez lo había hecho.

Luzbel. (En Curso)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora