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"Voy a protegerte Taemin, te lo prometo"
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El sonido de una gota cayendo hasta unirse junto con el resto hacían eco en el lugar, el pequeño pero notorio charco de sangre yacía bajo los pies de Taemin.
Dorada, no como la sangre humana común y corriente. Era más bien dorada y resplandeciente, siendo casi imposible imaginar que el ángel estuviera fuertemente lastimado.
De sus labios también goteaba de este líquido, escurriendo y bajando por su barbilla. Su rostro dibujaba mucho dolor, encorvado, pues la daga había atravesado órganos Importantes.
El filoso sonido de la daga sacada del cuerpo de su amado, dulce y afilada cortando por segunda vez la piel del ángel y la locura en el rostro de Naeun era algo que Minho no volvería a olvidar jamás.
En cuanto a tal acción, el cuerpo lastimado de Taemin cayó al suelo, sus rodillas golpearon con el pavimento, su mano libre abogó por él, evitando que cayera por completo; mientras que la otra sostenía con fuerza la herida hecha.
Todo eso pasó tan rápido que Minho apenas y pudo reaccionar, estaba en estado de shock, minutos antes Taemin estaba...él estaba...mierda. No podía recordar nada.
---¡Naeun!...
Gritó aquel nombre con gran desprecio.
---¡Minho, estas aquí! --- sonrió cínica, su expresión era de una loca desquiciada fuera de control.
---¿Acaso te volviste loca?
Minho la miraba con desprecio, la despreciaba a morir.
---Minho, él... ¡él! --- señalo con el dedo índice como si le echara la culpa de todo—Yo solo estaba protegiéndote, protegiéndonos—llevo una mano a su pecho y lo presionó con fuerza, señalándose y refiriéndose a sí misma---¡Estaba arruinando todo!
---¿Desde cuando lo sabes?
---Minho...--- susurro dulce.
--¿¡DESDE CUANDO!?
---Desde hace mucho, mucho antes de que tú lo encontraras....
Minho entendía cada vez menos y aun así no dijo nada, permitiendo que el precioso silencio se volviera abrumador, mientras su mente se hacia un mar de preguntas sin respuesta.
---Aléjate de él...
---Pero, Minho...
---¡QUE TE ALEJES DE ÉL! ---
Cuando volvió la mirada hacia ella, sus ojos resplandecieron de un morado brillante. Causando temor en la propia Naeun. No esperó, caminó a paso lento y cada vez que lo hacia esta retrocedía un poco más. Subió uno a uno los pequeños escalones antes de poder estar fijo dentro del quiosco, bajar y quedar a la altura de Taemin, acercándose a él. Buscando su herida para así poder tratarla.