Capitulo 9

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Ari .

-Ari, cariño, perdón -escuché la voz apenada de Tae a través de la puerta, con un tono que denotaba culpa.

Me había encerrado en la habitación en cuanto él llegó con los niños. Todo se arruinó en el momento más inoportuno. Jungkook y yo estábamos a punto de hacer el amor, y la interrupción nos dejó frustrados, especialmente a mí. Con las hormonas del embarazo, no podía controlar mi enojo ni mi deseo. Ahora estoy llorando, envuelta en las sábanas, completamente desbordada por las emociones.

Siento que necesito a Jungkook, pero no de cualquier forma. Necesito sentirlo como hace unos minutos, antes de que todo se interrumpiera. Es ridículo y desesperante al mismo tiempo.

-Tía Ri, traje dulces -la vocecita tierna de Ethan me llega desde el otro lado de la puerta. Sus pequeños golpes me derriten un poco, pero no tengo ánimo ni para eso.

-No quiero -murmuré con un tono seco, enterrándome más en la sábana para bloquear todo lo que ocurre afuera.

-Nena, la pasta se va a enfriar -escuché la voz grave de Jungkook.

La mención de la pasta me hizo apretar los dientes. Era justo la que le había pedido a Jungkook que me preparara, con carne, la misma que tanto había deseado comer desde hace días.

-No me importa -dije en un murmullo, aunque mi estómago protestaba.

Pasaron unos segundos de silencio, hasta que escuché el clic de la cerradura. La puerta se abrió, y supe que era él. Jungkook nunca me deja sola cuando me pongo así.

-Ari, mírame, por favor -dijo con suavidad mientras se acercaba. Sentí el colchón hundirse cuando se sentó a mi lado.

-Déjame sola, Jungkook -dije, todavía escondida bajo la sábana.

-No puedo, nena. No voy a dejarte sola cuando estás así -su tono era firme, pero no autoritario.

Respiré hondo, tratando de mantener mi enojo, pero no pude contenerlo más. Bajé la sábana de golpe, mirándolo directamente a los ojos con las lágrimas todavía corriendo por mi rostro.

-Entonces quédate, pero no te quejes si no me importa que Tae esté en la sala. Podemos terminar lo que él no dejó que termináramos -solté con la voz temblorosa, pero determinada.

Jungkook se quedó en silencio por unos segundos, como si estuviera procesando mis palabras. Luego sonrió de esa forma que siempre logra desarmarme, inclinándose un poco hacia mí.

-Eres increíble, ¿sabes? -murmuró mientras pasaba un dedo por mi mejilla para limpiar mis lágrimas-. Pero Tae y los niños están aquí. No podemos hacer eso ahora.

-¿Y crees que me importa? -pregunté, con el enojo todavía presente.

-Sé que no, pero a mí sí. No quiero que te sientas peor después -respondió, acercándose más hasta que su frente tocó la mía-. Ahora quiero que te calmes y comas, por favor. La pasta está caliente, con carne, justo como la pediste.

Mis ojos se desviaron hacia el plato que sostenía. El aroma era tentador, y aunque mi enojo seguía ahí, no pude resistirme más. Mi cuerpo estaba agotado, y mi estómago demandaba atención.

-Está bien, pero solo porque tengo hambre -dije, quitándole el plato de las manos.

Jungkook me sonrió, esperó pacientemente a que terminara de comer y luego me abrazó desde atrás mientras me recostaba en el colchón. Su tacto logró que me relajara un poco más.

No tardé mucho en girarme hacia él. Nuestros ojos se encontraron, y sentí cómo el deseo volvía a encenderse. Lo besé suavemente, y pronto el beso se volvió más intenso. Jungkook se dejó llevar, quedando debajo de mí mientras mis manos recorrían su torso.

Corazón de EstrellaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora