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"El nuevo sugar daddy de Hogwarts"____________________________MATTHEO RIDDLE

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"El nuevo sugar daddy de Hogwarts"
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MATTHEO RIDDLE.

—¿Entonces la zorrita es la culpable de esto? —Señalé mi rostro, y al no obtener respuestas, exhalé—. Esa hija de perra me las va a pagar.

Nott intentó detenerme, pero fui más rápido y salí de las mazmorras de Slytherin con un solo objetivo: Vengarme de la pequeña Wildhart, aquella chica que en cada oportunidad que tiene me jode la vida.

Salí de las Mazmorras de Slytherin a paso apresurado, y al cruzar por la puerta pude escuchar a Theodore ir detrás de mi, con intenciones de detenerme, pero aceleré el paso y las puertas se cerraron frente a su cara.

La pequeña Wildhart iba a acabar con mi paciencia en cualquier momento, ¿Qué se creía? ¿Qué podía plantar un hechizo en una de las galletas y hacerme envejecer?

Cuando la vi por primera vez fue en el Gran Comedor, recuerdo perfectamente esos ojos color avellana tan preciosos que tiene, por no decir que pareció valerle tres kilos de mierda mi llegada, porque al hacer contacto visual, se centró en su desayuno y no prestó atención en nada, todo lo contrario al resto de las chicas en Hogwarts.

Aún recuerdo la primera vez que apareció en mis sueños. Tenía cinco años y eran esos días en los que mi padre solía entrar a la oficina de la mansión desesperado, intentando escapar lo antes posible. Para ese entonces Tom solo lo miraba en uno de los oscuros rincones de los pasillos, esos que tenían el suelo de madera, y telarañas cubriendo cada esquina de las paredes.

Tom me miraba de reojo mientras apretaba sus labios, intentando disimular la preocupación que sentía por nuestro padre. Ninguno de los dos sabía que cruzaba por su cabeza en esos momentos, mucho menos las razones que tenía para desaparecer repentinamente sin dejar rastro. Después de la muerte de mi madre, su actitud con nosotros cambió por completo.

Eran brujas desconocidas las que tomaban el cargo de cuidar de nosotros, y aunque Tom fuera solo un año mayor, trataba de ocuparse de mi en todo momento, no quería que sus delgadas y frías manos de ellas se acercaran a mi.

Todos los días era lo mismo: mi padre llegando a casa desesperado, rebuscando entre su montón de libros en los estantes de la biblioteca, esos libros que tenían las hojas desgastadas, rotas y agujeradas por los gusanos come libros.

Un día, un señor decidió aparecer a su lado, mi padre parecía desesperado. Mientras aquel hombre le explicaba situaciones incomprensibles para nosotros, mi padre le reprochaba miles de veces sobre su mal desempeño, incluso, los golpes secos que le daba resonaban por los
pasillos.

Julio, 1986. Little
Hangleton, Mansión Riddle.

—Te dije que te quedaras en tu habitación—. Tom me tomó del brazo para después cerrar la puerta detrás de nosotros. Fruncí los labios mientras miraba a mi hermano recargarse sobre la puerta de madera, la misma que estaba desgastada.

EPHEMERAL | Mattheo Riddle Donde viven las historias. Descúbrelo ahora