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"Regla número tres

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"Regla número tres."
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DRACO MALFOY.

El ruido seco proveniente de los objetos, resonó en toda la habitación. Algunos de ellos se quebraron, otros solo se agrietaron.

Solté una maldición y pasé mis manos por mi cabello. No tengo ni la menor idea de si el grito que di a continuación despertó al resto de estudiantes en Slytherin, pero, ¿la verdad? me importaba un carajo.

Rebusqué entre los objetos que tenía sobre el mueble de madera frente a mi cama, esperando a encontrarme con aquel frasco de pastillas. Las pequeñas píldoras cayeron en mi mano en montones; el resto solo cayó en el suelo.

Mascullé e intenté recogerlas, pero el frasco entero cayó, quebrándose en pequeños pedazos.

—¡Joder! —solté entre dientes, con la mandíbula apretada.

El cristal roto crujió bajo mis dedos cuando intenté recoger lo que quedaba de las pastillas. Algunas estaban enteras, otras trituradas entre los pedazos del frasco. Un puto desastre.

Me levanté de golpe, la respiración agitada, sintiendo cómo la rabia me carcomía por dentro. No era solo por esto. No era solo por el estúpido frasco ni por la falta de pastillas. Era por ella.

Adhara.

El nombre me supo amargo en la boca. Solo tenía que haberme quedado quieto. Hacer como si no me importara. Fingir que no me jodía verla con él. Pero no, tenía que abrir la boca, tenía que decir algo, y ahora todo estaba peor.

¿Por qué me afectaba tanto que se viera con otros, cuando yo di la jodida idea?

Mi puño se estrelló contra el mueble, haciéndolo tambalear. Una lámpara cayó al suelo en un golpe seco, pero no me importó. Sentí el ardor en mis nudillos.

La jodida idea de ver su cintura siendo rodeada por los brazos de Mattheo, o su sonrisa al reír por los estúpidos chistes de Berkshire. Tensé mi mandíbula e intenté relajarme, pero nada lograba hacer efecto, las jodidas pastillas estaban en el suelo, trituradas al igual que el único frasco que me quedaba.

No podía verme afectado por ella. Si se supone que ella no me importa, ¿por qué me afectó tanto imaginarla con otros? Es mi novia, no tiene porqué sonreírle a alguien más, porqué pensar en tener sexo con otros, pero joder, la puta relación abierta. ¿En qué estaba pensando?

Me puse de pie y caminé en dirección a las botellas que tenía en una de las vitrinas, agarré uno de los vasos y me serví. Le di un gran sorbo. Sentí el líquido desgarrar mi garganta.

—Mierda, Adhara. ¿Por qué no puedo verte con alguien más? —me serví un poco más del contenido de la botella. El líquido se deslizó fácilmente por mi garganta esta vez.

Me prometí no enamorarme de ella, no debía de enamorarme de ella. ¿Entonces qué es la mierda que estoy sintiendo?

Estaba jodido, completamente jodido al dejar que la persona de la que menos debía de enamorarme comenzara a meterse en mi cabeza, y no de la manera en la que quisiera.

EPHEMERAL | Mattheo Riddle Donde viven las historias. Descúbrelo ahora