𝐄𝐏𝐇𝐄𝐌𝐄𝐑𝐀𝐋 - 𝘔𝘢𝘵𝘵𝘩𝘦𝘰 𝘙𝘪𝘥𝘥𝘭𝘦 𝘧𝘢𝘯𝘧𝘪𝘤𝘵𝘪𝘰𝘯
❝ El amor es efímero, cuando menos te des cuenta, todo aquello habrá desaparecido. ❞
Draco y Hayley tienen una relación abierta, en la cual existen estrictas reglas, una de ellas:...
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"No es una maldición, es amor." ___________________ MATTHEO RIDDLE.
Las risas de las serpientes era lo único que hacía eco entre los árboles, además de la música que decidieron reproducir. Miré el vaso con alcohol entre mis manos y lo moví en círculos, siendo el líquido mi única fuente de entretenimiento.
Algunas serpientes se encontraban bebiendo las botellas que Zabini había traído con mucho esfuerzo. La música resonaba en un alto volumen pero no lo suficiente para que algún profesor pudiera escuchar.
Nos encontrábamos en las afueras de Hogwarts, en el Lago negro, siendo más específicos. Sin embargo, que los profesores estuvieran en junta, y que el guardabosques no estuviera nos daba una gran ventaja, el problema desataría si a algún profesor se le ocurría la grandiosa idea de tomar aire fresco o una mierda similar.
—¿Ven a ese chico de ahí? —Parkinson señaló con la botella en manos. La bruja estaba ebria. —¿Lo ven?
—No, no lo veo —negué sin ánimos.
El rubio que señalaba, estaba fumando un cigarrillo frente a la chimenea, era más que claro que podíamos verlo, era el único al que la luz de la fogata le daba en el rostro.
De alguna manera u otra, Parkinson, sin ser invitada, lograba entrar a cualquier tipo de fiesta. ¿Qué podía decir? Lograba salirse con la suya y nadie le reprochaba por ello.
—Creo que comienzas a alucinar —Blaise se burló mientras se llevaba el vaso a los labios, dándole un sorbo.
—Voy a escabullirme con el en la oscuridad de por allá —señaló—. No importa si lo creé con mi imaginación o si es un hurón.
—Adelante, nadie piensa detenerte.
Parkinson le dio un trago a su bebida y la lanzó al suelo, mientras se acercaba decidida al mago, que parecía ser un Ravenclaw.
—Y así señoras y señores, es como estamos por presenciar una gran tragicomedia —comentó Zabini, entretenido.
Nyx rió, disfrutando del caos como si fuese una obra de teatro escrita para su entretenimiento personal. Parkinson tenía el talento nato de joderlo todo con una sonrisa coqueta, y el Ravenclaw al frente parecía demasiado idiotizado como para notarlo, dispuesto a entregarle su virginidad, si es que le quedaba.
Yo, en cambio, no podía concentrarme en nada de eso.
No en la forma en la que la falda de Parkinson subía más de lo permitido, ni en los murmullos lascivos que serpenteaban como un veneno dulce. No. Mis pensamientos, maldita sea, estaban con ella.