Capítulo 8

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• La historia está a tres capítulos de terminar.

• Recuerden leer con atención los tags y las notas al principio y final de cada capítulo. Presenten especial atención a los detalles.

Sin más, pueden comenzar a leer.

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Yuuji despertó al amanecer. Miró a Satoru con cariño y le dio un beso en su fría nariz.

— Buenos días Satoru —mencionó con dulzura— ¿Te gustarían unos hot cakes para desayunar? —cuestionó con el mismo tono.

Se levantó y se apresuró a alistar a Satoru para bajar con él hacia la cocina. Apenas bajaron las escaleras, Yuuji se encontró con la caja qué le había entregado ayer el repartidor. Recordó que el sobre que le habían enviado los Gojo se había resbalado al otro lado del mueble así que se dispuso a recuperarlo. No tardó en conseguirlo, pero lo miró con desconfianza.

— ¿Qué será tan importante como para que me lo hayan mandado por una entrega especial? —cuestionó en voz baja mientras lo miraba.

Se llevó la caja y el sobre consigo y volvió a la cocina con Satoru.

— Siento la espera, prepararé el desayuno enseguida —aseguró poniéndose el delantal.

Al terminar de cocinar se dispuso a poner la mesa mientras Satoru lo esperaba en su silla especial. Yuuji igualmente se encargaba de hacerle conversación sobre el excelente día que hacía.

— ¿Te gustaría ayudarme a arreglar el jardín? —cuestionó con una sonrisa— prepararé unos panes con mermelada y pasaremos un buen día afuera.

Cuando terminó su desayuno puso los trastos en el lavabo. Pero antes de ponerse a lavarlos decidió abrir el paquete que le había mandado su hermano.

Al hacerlo notó que habían varias revistas dentro así como algunos artículos de cuidado personal: cremas, perfumes y sales de baño.

— ¿Para qué me envió esto? —se cuestionó.

De pronto, alguien empezó a tocar la puerta.

— ¡Un momento! —pidió guardando las cosas nuevamente en la caja— ¡Ya voy! —avisó.

— ¡Soy yo, Suguru! —aclaró el alfa que se encontraba afuera.

Recordando la última vez, Yuuji dudó por un momento sobre abrir. Pero así mismo sabía que solo había venido a dejarle los víveres de la semana así que fue a recibirlo.

— Hola —saludó un tanto incómodo el alfa mientras sostenía la caja con los víveres— solo vine a entregarte esto.

— Claro, pasa —pidió el omega sin poder mirarlo a la cara.

Ambos fueron a la cocina para acomodar la comida.

— Y... ¿Cómo has estado? —le cuestionó el alfa con cierta distancia— veo que tu contrato se extendió por un tiempo más —mencionó con una risa ligera.

"The Boy"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora