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Una brisa fresca acariciaba el ambiente, con un aroma que era tanto inexistente como omnipresente. Intentó, en la medida de lo posible, evitar a su ángel. Buscaba justificaciones que había descuidado su amistad con Suguru.
«Al menos por una semana... un par de días».
Sus recuerdos lo traicionan constantemente; al dormir, al despertar y al ducharse, recurda su salida con el niño, disfrutando en el parque, degustando una manzana acaramelada y riéndose con él de manera tímida. Lo llevaba en brazos en pequeños momentos para que no se fatigara. Todo parecía perfecto.
Ahora se siente incapaz de evitar investigar sobre la condición de Megumi: alimentación, cuidados, lo que sea necesario. Su deseo es hacerlo feliz, incluso cuando el niño duda de su propia existencia.
-¡Gumi!...-15:08 pm, un mensaje que aún no ha terminado de escribir.
-¿Qué deseas?-15:09, con dos signos de interrogación.
-¿Podría...-15:09.
-¿Qué? Termina de escribir, por favor-15:11.
-¿Te gustaría ir por helados?-15:11. Después de tomar una bocanada de aire para ganar confianza, se animó.
Su corazón se calienta como si fuera lava, aún no se ha acostumbrado a poder chatear con su ángel.
-No puedo, estoy en el recreo- 15:12.
Es una de las pocas veces que tiene el privilegio de ir a la escuela, ya que cuando se siente mal no asiste.
-¡Qué mal!- 15:12, acompañado de un sticker de un perro llorando.
-Ya, ya- 15:12.
¿De verdad podría ser tan infantil?
-Puedes venir a mi casa después de que termine mis clases-15:13.
-¿De verdad?, ¿pero no tienes tus tratamientos?-15:14.
-Mañana son los tratamientos, si quieres, puedo verte más tarde- 15:15.
-Sí, claro que quiero-15:15. Como si fuera un niño chateando por primera vez.
-Entonces te veo más tarde-15:16.
-Te llevaré un regalo. Te quiero MUCHÍSIMO-15:18, mensaje de voz.
-¡Tonto, tenía el volumen al máximo!-15:19. Saliendo del chat por vergüenza, mirando a su alrededor con un ligero sonrojo al ver que los demás niños no podían evitar reír.