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Corregido




P

edri

El entreno estaba por comenzar. Llevaba varios días tratando de evitar a los chicos. El grito de Gavi sobre que Ferran había besado a Emily seguía retumbando en mi cabeza. Trato de borrar todos los pensamientos y me concentro en terminar de colocarme los botines.

-Pedri, ¿podemos hablar? -Ferran se coloca junto a mí. Asiento, invitándolo a seguir con sus palabras-. Sé que estás molesto por lo ocurrido entre Emily y yo. No pasa nada entre ella y yo, solo fue un impulso. Sé que te gusta y no quiero arruinar las cosas.

No respondo, solo observo el suelo.

-¿Me perdonas?

-No tengo nada que perdonarte, Ferran. Tú sabes por qué haces las cosas y no me tiene que importar. Ella no es mi amiga y puede hacer lo que le plazca con quien sea, igual que tú. Al contrario, tú sí eres mi amigo. -Le sonrío y lo abrazo por los hombros.

-Sí... cuando te convenzas de que ella no te importa, hablamos. -Palmea mi espalda y se va.

Terminé de arreglarme y salimos a entrenar. Estaba cansado, llevaba noches durmiendo mal y, aunque no lo quisiera admitir, la pelinegra rondaba mi mente todo el día. Quería hablar con ella, pero era un cobarde en toda regla.

El entreno estuvo bastante agotador. Me duché y me cambié de ropa antes de irme a casa. Salí en dirección a la sala de los fisios; necesitaba hablar con Marco sobre una molestia en mi mano derecha.

Llevaba la mirada en mi móvil revisando unas solicitudes de mensajes cuando mi cuerpo chocó con el de alguien más. Tomé rápidamente la cintura de la persona que estaba frente a mí antes de que cayera.

-Si no haces caer mis cosas, me haces caer a mí. -Una risilla sale de la boca de la chica. Se gira y veo que es la dueña de mis pensamientos-. Pues un hola estaría bien, canario. -Sonríe de lado.

-Ya estoy pensando que eres una psicópata obsesionada conmigo, ¿eh? -Sonrío en su dirección.

Emily estaba vestida con unos shorts bastante cortos de mezclilla y una camiseta negra mucho más grande que ella. Su pelo caía en unas ondas bastante bonitas. No llevaba ni una gota de maquillaje y eso hacía resaltar aún más su belleza y sus ojos azules.

-¿Vienes a ver a tu padre? -pregunto una vez termino de inspeccionarla.

-Sí y no. Vengo a ver a mi hermano y, si alcanzo, paso a ver a mi padre. -Noto que lleva unos papeles entre sus manos-. Ya sabes, creo que soy la mensajera de la familia.

-Pues venga, vamos, que también tengo que ir donde tu hermano.

Caminamos en la misma dirección y es ahí cuando me doy cuenta de que estaba perdida.

-Te habías perdido, ¿verdad?

Lo afirmo y ella confirma mis palabras cuando se tapa la cara con gracia al verse descubierta.

-Sí... es que esto es mucho más grande que cuando yo venía.

Emily se excusa mientras caminamos. Antes de entrar a la sala de los fisios vuelve a hablar.

-¿Viste lo que han dicho las revistas de mí?

Su pregunta me pilla desprevenido, porque no soy mucho de leer revistas amarillas, y que ella las haya leído me sorprende.

-No, la verdad no soy mucho de estar leyendo chismes de revistas amarillas. ¿Por qué?

Me cruzo de brazos esperando su respuesta.

Un solo partido • PedriHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora