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Corregido



Emily

Hoy jugaba el Barcelona y era local. El tema es que era un partido contra el Real Madrid, lo que solo podía definirse con una palabra:

El Clásico.

Papá había estado toda la semana hasta las trancas de papeles, jugadas, informes sobre los jugadores, realizando estrategias y un sinfín de cosas más. Marco, por otro lado, estaba hasta los cojones de informes médicos, tratando de que todo aquel jugador lesionado tuviera una pronta recuperación.

Por mi parte, solo me quedaba aguantar todo aquello. Papá me pedía ayuda de cierta forma, Marco aprovechaba de enseñarme cosas, ya que mis clases habían comenzado y hasta ahora me fascinaba todo este mundo. Y, por último, Ferran era un dolor en el culo. Estaba cada día peor respecto a su desempeño y muchos televidentes y comentaristas afirmaban que el club estaba a punto de venderlo.

Odiaba todo el mundo del periodismo basura, aunque, bueno, ellos así ganaban su dinero, despotricando contra los demás. Las noticias de la ruptura amorosa de Ferran estaban por todas partes y que, supuestamente, el Barça lo iba a vender era aún peor.

-Siento que algo malo va a suceder.

Isa estaba observando un punto fijo en el parque.

-¿Qué se supone que sería...? -hablo tratando de concentrarme en los papeles que tenía en mis manos. Tenía un examen a la vuelta de la esquina y me estaba costando un poco concentrarme en la materia.

-Mmh... no lo sé con exactitud, pero es algo que nos afectará, no sé... como a un montón de gente. -Frunce el ceño y la duda se enmarca en sus facciones.

-Vaya brujilda me gasto. -Río para alivianar el asunto, porque, aunque no lo admitiera, Isa siempre acertaba con todo lo que presentía.-¿Vas al Camp Nou por el partido? -Cambio de tema dejando mis papeles de lado.

-No, qué va, no tengo entradas. -Le resta importancia, pero sé que se muere de ganas por ir.

-Pues yo tengo un par de entradas. Ya sabes, Ferran aún tiene fe de que yo vaya. -Me encojo de hombros y la cara de Isa se ilumina de inmediato.

-Joder, qué daría yo por tener amigos que juegan en el Barcelona. -Río por sus palabras.-Véndeme las entradas, así te ganas un poco de dinero y lo guardas para lo que quieras.

El hecho de que me pidiera que se las vendiera solo confirmaba que estaba desesperada por asistir al dichoso partido.

-Va, pero después hablamos de dinero. Si quieres, te las envío al móvil para que ya sean tuyas.

Una vez enviado el mensaje con los pases, nos despedimos y cada una se fue a su casa.

Llegar a casa no era una de mis cosas favoritas, menos los días que tocaba partido, porque tanto papá como Marcos estaban fuera hasta tarde. Me tiro sobre el sofá y marco el número de Ferran. Aún faltaban unas cuatro horas para el partido, así que seguro estaba en la casa de alguno de los chicos.

-Princesa. -La voz del valenciano suena a través del móvil.

-Pesadilla, ¿cómo estás para el partido? -Escucho cómo suspira.

-No sé, nervioso y ansioso, la verdad. -Sus palabras salen a medias y sé que tiene miedo de seguir fallando.

-Tranquilo, Ferri, ya verás cómo todo se soluciona. -Trato de animarlo y darle un poco de esperanza.

-¿Vas a venir al partido?

Sabía que preguntaría eso.

-Ferran... ya sabes la respuesta. -Suspiro y observo el techo de la sala.-Isa les dará un buen provecho a las entradas.

Sé que esperaba que fuera, pero aún no estaba lista.

-¿Cuándo será el día que vuelvas a pisar un campo de fútbol, chica?

El valenciano pregunta a través del móvil. Río por su pregunta, pero no respondo. Hablamos un poco más y luego corta para prepararse.

Me quedo sobre el sofá sin hacer mucho. Llevaba días sin hablar con cierto moreno. A pesar de que había entablado una amistad con Fer, no hablaba tanto con Pedri.

La idea de hablarle para desearle suerte en el partido de hoy cruza mi mente, pero descarto de inmediato la idea. Me levanto del sofá y camino hasta la cocina. Tomo una botella de agua y vuelvo hasta el salón para tomar mi móvil y subir hasta mi habitación. Me detengo de golpe al ver el nombre del canario en mi bandeja de notificaciones.

Hablando del rey de roma...

Pedri
¿Será que hoy serás parte de la hinchada?
Digo, como apoyo hacia Ferran...

Lamento romper tus ilusiones...
No estaré hoy y dudo mucho que tú me veas en un campo de fútbol.

¿Por qué no?
Creo que a Ferran le haría bien verte acá...

Mmmh... no lo sé, la verdad.
Hace mucho tiempo que no piso un campo de fútbol o, en este caso, un estadio...

Ven, si quieres.
Acá hay un lugar para ti...
Puedo conseguirte un pase o algo...

Si hipotéticamente voy...
¿Qué ganaría a cambio?


Al no tener respuesta, salgo del chat y me replanteo la idea de qué pasaría si volviera a pisar un estadio. Tenía sentimientos encontrados con aquel mundo y dudaba mucho que en algún momento pudiera olvidar toda aquella situación que marcó mi vida. Sabía que para olvidar o perdonar uno tenía que afrontar todo aquel problema... lo malo era que no sabía si estaba dispuesta a hacerlo.

Dejo de pensar en aquello y sigo mi rumbo hasta mi habitación. Antes de poder dejar el móvil sobre mi mesita, vuelve a iluminarse la pantalla con una notificación de Instagram.

Pedri
¿Qué quieres a cambio de venir?

¿Qué ofreces, canario...?

No lo sé, la verdad...
Hagamos algo: si vienes al partido de hoy con mi dorsal puesto (obviamente), hago lo que sea que quieras.

¿Y si no?
¿Qué pasa si no voy...?

Si no vienes, dejarás que te pregunte por qué no te gustan los futbolistas, porque tienes un mejor amigo que lo es, sin contar que tu hermano y tu padre trabajan en este mundo.

La idea de contarle por qué odio a su gente me parece una locura. Muy pocos sabían la verdad sobre por qué odiaba a los futbolistas. No era mucho de andar por la vida contando mis traumas o conflictos. Hablar sobre aquel tema era prohibido en mi círculo de confianza; cada vez que pensaba en aquello, mi mente recreaba todo con lujo y detalle.

Antes de que pudiera contestar aquel mensaje, otro llegó de inmediato.

Pedri
¿Aceptas o qué?

Está bien, pero hay un problema...
Solo tengo una camiseta del Barça y es con el dorsal de Ferran...

Pues paso por ti y te entrego mi camiseta, aprovechando que hoy Gavi se va con su padre 😉
Paso por ti en una hora y media.
Pd: piensa bien qué me vas a pedir.

Una sonrisa apareció en mis labios y negué con la cabeza tratando de borrarla. Si Isa estuviera junto a mí, estaría muerta de la risa.

Pedri había logrado que aceptara ir a un partido del Barcelona.

Pedro González, un canario que me había hecho frente ante mis insultos sobre su profesión, había conseguido que aceptara volver a un campo de fútbol...

Joder... ¿en qué me metí...?

Un solo partido • PedriHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora