8

817 65 33
                                        

Lady Ellyn Baratheon llego junto a su madre y hermanas para prepararse para la boda, Floris ya era viuda, ni un mes duro casada con el patizambo, pero no importaba. Ellyn jugueteo con las perlas de su vestido, estaba nerviosa, por fin estaría en brazos de su legitimo señor. Desde aquella vez en que la eligió y beso Ellyn añoro día y noche el día en que por fin sangrara y pudiera yacer con su marido.

—No olvides no exigir nada—dijo lady Elenda mirando de reojo a la nodriza que sostenía a su hijo, Aegon, nombrado en honor del rey por su esposo antes de morir, pero el nombre le disgustaba, era como si Borros quisiera hacer de ellos unos segundos Targaryen, incluso había dejado instrucciones de casar al niño con cualquier hija de Ellyn le diera al príncipe Aemond—los hombres tienen amantes, es natural, tu deber como esposa es servirle y darle hijos, por suerte la bastarda Alys es infértil.

Ellyn asintio sonrojada.

—Lo haré, madre—juró, aunque se sentía incomoda, no importaba que Aemond tuviera una amante, la forma en la que la beso aquél día en Bastión de Tormentas, palpo su vientre plano, serían como las conquistadoras, Alys infértil y bruja como Visenya y ella sería amada y fértil como Rhaenys, solo era cuestión de embarazarse.

Observo de reojo a su hermana mayor, Cassandra, llevaba un vestido verde con detalles amarillos en representación a su fidelidad a los verdes y los colores de su casa, su cuello estaba adornado por un collar con esmeraldas que descansaban en su prominente escote, su cabello recogido y adornado por una red de perlas, aretes de perlas, un tocado amarillo, un cinturón de oro y un abrigo de piel, no entendía porqué se vestía así, tan ostentosa, después de todo ella NO era la novia, ella por su parte llevaba puesto un vestido blanco con detalles dorados en el escote, un tocado verde y un velo verde que por el momento descansaba detrás de su cabeza, su cabello estaba suelto y adornado con esmeraldas, todavía no tenía mucho busto, por lo que prefirió usar una gargantilla dorada. 

—Es hora—dijo la señora de Bastión de Tormentas. 

Ellyn tomo aire emocionada y coloco el velo sobre su cabeza, primero bajo su madre del carruaje, luego Cassandra y la nodriza con su hermano, ella salió de ultimo, sosteniendo las esperanzas de la casa Baratheon en sus hombros, Jocelyn fue un sueño fugaz, no llego a ser reina, peor a un, solo tuvo una hija, pero Ellyn sería distinta, ella daría cientos de hijos varones y sería princesa, quizás incluso reina, con la consorte Helaena pariendo bebés deformes no sería extraño que su futuro esposo terminara siendo rey y ella su fiel reina.

Bajo del carruaje, sus ojos de inmediato buscaron a su prometido, pero solo vio a algunos sirvientes inclinándose ante ellas.

—¿Madre?—Ellyn apretó el velo entre sus dedos, mirando confundida a su alrededor, ¿dónde estaba el príncipe Aemond?

—Mis señoras—un sirviente hizo una reverencia—la reina Alicent y la reina Helaena las esperan en sus habitaciones.

Cassandra murmuro algo sobre la falta de respeto y su madre la silencio de un manotazo, caminaron en silencio por los pasillos, Ellyn lucho por mantener su mirada en alto, se sentía diminuta y nerviosa con tantos ojos sobre ella, pero recordó las palabras de su madre, ahora era una princesa y debía actuar como tal.

Lady Elenda Caron le dio una mirada a Cassandra, su hija la entendió y se bajo disimuladamente el escote, solo un poco mas, no para que fuera descarado, pero si lo suficiente como para que el rey Aegon se deleitara con ella. Para nadie era un secreto que la reina Helaena no era mas que una fabrica de niños deformes, el Pastor decía que era una bruja y que su vientre maldito solo producía monstruos, muchos murmuraban en contra de ella y ya era sabida la aversión del rey Aegon por ella, ¿Y podían culparlo? Helaena era la mujer mas insulsa y simple del reino, era hasta un insulto que fuera Targaryen, no era ni remotamente bella y comenzaba a ser desagradable, tarde o temprano Aegon finalmente escucharía a su consejo, dejaría de escuchar a la reina viuda Alicent que se negaba a permitir la anulación y tomaría una segunda esposa, Cassandra sería perfecta. Lady Elenda sonrío, haría a una de sus hijas princesa y a la otra reina, Maris sería una hermana silenciosa correcta y Floris una viuda respetable. Todo sería perfecto.

—Lady Baratheon—las saludo Alicent—sean bienvenidas, nos honra con su presencia—Lady Elenda hizo una reverencia que fue imitada por sus hijas.

—El honor es nuestro, su majestad—Helaena a penas se levanto, Ellyn contuvo su horror, estaba tan acabada: ojerosa, pálida, su pelo parecía hierba quemada, siempre fue regordeta, pero ahora ni siquiera se le podía ver el cuello. Llevaba un vestido sencillo verde, unos aretes y un tocado, pero ni el mas extravagante vestido podría ocultar lo obvio; los embarazos la estaban matando. Sintió lastima por ella, debía ser difícil tener tanta presión por producir un hijo sano que su salud se veía afectada, por suerte su madre era muy fertil y ella también lo sería bajo la gracia de los dioses.

—Bienvenida, hermana—Helaena extendió sus temblorosos dedos, sosteniendo la pequeña mano de Ellyn entre los suyos, la joven lucho contra el deseo de apartar la mano, los dedos de la soberana estaban resecos, las uñas astilladas y tan condenadamente fríos—¿Te gusta bordar? Ahora que seremos hermanas será mejor pasar tiempo juntas—una mirada de anhelo atravesó los ojos de Helaena mientras miraba el vientre joven de Ellyn—con la gracia de los dioses estaremos bordando mientras nuestros hijos juegan.

Ellyn forzó una sonrisa.

—Sé que así sera, no puedo esperar para dar mas hijos a la gran dinastía Targaryen—miro a su madre en busca de aprobación, ella asintió orgullosa.

—Maravillosa noticia—Helaena soltó su mano y volvió a sentarse, era como si le doliera moverse.

La reina viuda le acaricio el hombro, antes de volver su atención a sus invitadas.

—¿Su majestad el príncipe no esta aquí?—se aventuro a preguntar Ellyn, ganándose una mirada de reproche de su madre. La reina viuda sonrío, negando con cansancio.

—Esta ocupado con asuntos del reino, pero su majestad el rey estará dichoso de darle la bienvenida a su nueva hermana.

Las Baratheon hicieron una reverencia mientras Alicent pasaba frente a ellas, guiándolas hacia las habitaciones del rey, Cassandra bajo un poco mas su escote, arreglo su tocado y bajo su abrigo de piel hasta los codos, seductora, eso debía ser y tendría al rey Aegon a sus pies.

—Mi rey—dijo Alicent entrando, Cassandra empujo a Ellyn para entrar primero, a penas y si dio un paso dentro de la ostentosa habitación cuando una copa de vino se estrello en la pared junto a su rostro, el vino salpico su escote, manchándole el cuello y el vestido, jadeo horrorizada intentando limpiarse las gotas.

—¿¡Cómo es posible!?—le gritaba Aegon a un sirviente—¿Dónde demonios esta? ¡Fui a visitarla y mi hermana ya no esta!—parecía maniaco mientras gritaba, el sirviente mantenía la cabeza baja, con la nariz reventada por un puñetazo que Aegon le dio—¡Estaba herida! ¡HERIDA MALDITA SEA! ¡¡DÓNDE CARAJOS ESTA!! ¡Debería estar en su habitación!—le dio otro puñetazo que termino de quebrarle la nariz, el sirviente cayó al suelo, retorciéndose de dolor, Aegon lo pateo, enterrando su bota entre sus costillas hasta romperla—¡RHAENYRA!—grito, abalanzándose hacia la salida, empujo a Lady Elenda lejos de la puerta, haciéndola caer, Alicent se quedo perpleja—¡Guardias! ¡Busquen a mi hermana!—grito Aegon desde la puerta—¡Encuéntrenla! ¡ENCUENTRENLA! ¡QUEMARE ESTE CASTILLO SINO LA ENCUENTAN!—Ellyn se agacho para ayudar a su madre pero también buscando refugio, el rey parecía enloquecido, temblaba de rabia y sus dientes rechinaban mientras apretaba la mandíbula, parecía que en cualquier momento iban a romperse.

El rey volvió a entrar pero solo por una botella, la tomo y salió a toda velocidad. La vio, estaba herida, a penas podía respirar, ella no pudo simplemente haberse puesto en pie, alguien se la llevo, su sangre hervía de rabia, ¿quién se atrevía a llevarse lo que era legítimamente suyo? No importaba, fuera quien fuera lo mataría y luego le quebraría las piernas a su hermana, mejor se las cortaría, un hueso roto puede sanar, pero ni su perfecta hermana podría hacer crecer otra pierna, así nunca lo podría dejar. El pensamiento lo lleno de un retorcido placer. Salió de la habitación, ignorando a las petulantes mujeres y a su enloquecida madre que comenzaba a reprenderlo.

Cassandra jadeo ofendida cuando paso por su lado, el rey Aegon ni siquiera la miro. Lady Elenda apretó la mano de la muchacha para calmarla, miro al rey desaparecer entre los pasillos, parecía tan angustiado, era momento de aprovechar su vulnerabilidad para poner a una de sus hijas a calentar su cama.
*
*
*
Aemond entro en la guardería del castillo, su único ojo cayo en Jaehaera, la niña jugaba ignorante del peligro que la acechaba, pensó en las posibilidades, era mas sencillo explicar la desaparición de Jaehaera que la de Helaena, después de todo era solo una niña sin valor, su madre se encargo de inculcarles que las mujeres únicamente existían para servir y calentar la cama de los hombres, así que supuso que la desaparición de la retardada niña no sería demasiado escandalosa, además, no iba a usar a Helaena, ella era defectuosa, enferma y daba niños enfermos y defectuosos, defectuoso...se detuvo justo detrás de Jaehaera, ella también era defectuosa, no crecía y parecía mas un bufón que una niña normal, los maestres no sabían qué tenia, pero aprendía lento, hablaba demasiado bajo y era demasiado pequeña, algo debía estar mal con ella. No, no podía usarla, contaminaría a Rhaenyra.

Salio de la guardería rápidamente, pensando a quién usar.
*
*
*
El difunto rey Jaehaerys era conocido como un rey justo, sabio y que salvo a los siete reinos de su desastre, pero si tan solo se escudriñaban sus acciones con ojo critico se vería que no hizo mucho, solo que Aenys y Maegor eran demasiado incompetentes. A Aemond le causaba gracia que en las crónicas se hubiera constatando de la "eterna fidelidad del rey Jaeharys por la bondadosa, reina Alysanne", pero lo cierto era que mientras no tocaba a las hijas de los nobles disfrutaba yendo a Lys, a calentar el cuerpo de su hija, Saera, al parecer Jaehaerys siempre estuvo obsesionado con ella y su escape fue la excusa perfecta, pero al parecer desde antes ya disfrutaba de disfrazarse y tomar a otras mujeres, todas parecidas a su entonces hija mas pequeña, no podía culpar de todo al viejo rey por engañar a la bondadosa, ¿quién no lo haría? Alysanne era tan molesta y a comparación de sus propias hijas no era tan bella, eso sumado a que no podía darle buenos herederos, varón tras varón todos morían, si Aemond era honesto consigo mismo también la habría engañado, no con su propia hija pero sí con alguna mujer digna. No fue difícil rastrearlas, el viejo rey mantenía un registro de esas dos mujeres con apariencia similar a Saera para posteriores visitas, al parecer el viejo rey luchaba activamente contra sus deseos hasta que la muerte de Viserra le hizo resentir a Alysanne y ceder a sus deseos, para su fortuna ambas engendraron bastardas.

Las temblorosas muchachas surgieron del pasadizo secreto, sus melenas blanquecinas estaban ocultas tras una capucha, eran lindas, la típica belleza Valyria, pero no evocaban el deseo desesperado que Rhaenyra y al parecer Saera provocaban en los hombres, en especial en los de su familia. Los guardias las guiaron hasta las mazmorras, donde ya estaba Alys, de pie frente a Rhaenyra, quien luchaba por respirar. Alys acaricio con delicadeza la cabeza de la reina cautiva, susurrando palabras tranquilas.

—Trata de respirar, pronto el dolor pasara.

—¿Señora?—una de las mujeres dio un paso al frente—Nos dijeron que íbamos a ser criadas en el castillo, ¿qué hacemos aquí?—ambas temblaban ligeramente, quizás por el frío de las mazmorras o por el miedo, Alys no lo supo pero le gusto, era sorprendente que incluso dos bastardas fueran mas agraciadas que la consorte Helaena, pero era de esperar, después de todo resulto envenenada por el odio de su propia madre, era irónico, si Alicent no odiara tanto a Rhaenyra no habría envenenado a su propia hija, pero el odio era un veneno lento, a veces se saltaba generaciones, lastimosamente para la consorte ella era la portadora de ese veneno que decidió envenenar lentamente a sus hijos. Alys les dio la espalda, señalando a Rhaenyra recostada sobre un altar.

La Reina VerdeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora